Eufrosina, de crucero por el Caribe para celebrar sus cien años

La centenaria, aunque residente en México, sigue enamorada de A Lama y prevé visitar su aldea «prontito»


pontevedra / la voz

Dicen que si uno sonríe cuando habla por teléfono la persona que está al otro lado lo percibe perfectamente aunque no pueda verlo. Y es cierto. Porque cuando Eufrosina Gómez, viuda de Pumar -así es como le gusta que figure su nombre-, levanta el teléfono desde Ciudad de México y saluda con un enérgico «hola, rapaciña» se intuye perfectamente su sonrisa de oreja a oreja. Ella misma confirma luego su felicidad: «Pues aquí me coges, enamorada de la vida como siempre, celebrando mi centenario... que si te digo la verdad no sé cómo se han pasado todos esos años, porque yo ni me he enterado», dice. Luego, con un entusiasmo que para sí quisieran muchos, narra su historia y cuenta que, para celebrar el cumpleaños, se ha ido de crucero por el Caribe con amigas y familiares. Ahí es nada.

Eufrosina es hija de la emigración a México, una ciudad a la que su familia llegó desde Ourense. Ella aún recuerda la primera vez que pisó Galicia. La trajeron de niña, a los nueve años. Y fue todo un acontecimiento «Cómo nos gustó ver a la familia... qué emoción más grande», recuerda.

De jovenzuela, en México, un día cruzó la mirada con Isolino Pumar, un emigrante de A Lama. «Fue amor a primera vista», señala con sonrisa. Hubo boda y empezaron a vivir a caballo entre México y el lugar de A Grifa (A Lama), de donde él era natural. Cuenta Eufrosina que sus hijas se empeñaron en venir al mundo en Galicia: «Tengo tres hijas y dos nacieron en España y de la otra también me quedé embarazada allá en la tierra gallega.. fíjate tú que cosa», señala.

Su marido, «el hombre más maravilloso del mundo», según cuenta ella, estaba empeñado en que las condiciones de vida tenían que mejorar en su tierra de origen. En México se había bregado en el asunto del cooperativismo y había luchado por que se hiciesen algunas carreteras. Así que, en sus estancias en Galicia, luchó, junto a Eufrosina, por A Grifa: «Siempre estaba preocupado por su pueblo. Logró que llegase hasta A Grifa el teléfono e hizo colectas entre los emigrantes para arreglar carreteras», recuerda la viuda con emoción. A ella se le encogió el corazón cuando supo que iba a haber dos monolitos que recordasen a Isolino Pumar en su tierra. Cada vez que vuelve, los visita y se hace fotos con ellos que guarda como oro en paño.

Deportista y bailarina

Cuesta que Eufrosina deje de hablar de él y cuente un poquito de sí misma. «Es que era muy bueno», insiste. Explica que a ella, que en su juventud era gran nadadora y bailarina, no le cabe en la cabeza que tenga ya cien años. «Se me han pasado volando», dice. Reconoce que su salud es inmejorable y que vive feliz junto a una de sus hijas, yerno y nietos. Cree que pronto pisará Galicia: «Fui hace dos años y yo creo que prontito estaré ahí. No creo yo que cien sean tantos años como para no poder viajar», dice.

De momento, y ante su centenario, fueron unas nietas suyas gallegas las que cruzaron el charco para sumarse al crucero por el Caribe. Dice Eufrosina que visitó Cuba y otros enclaves. Y que no pudo regresar a casa más contenta: «Todo el mundo quería conocerme en el barco, estuve con gente de todas las nacionalidades. Poco más se le puede pedir ya a la vida», sostiene.

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