La ribadense Adriana La Crixa triunfa con su estilo pop en la moda de bebés desde Holanda

Yolanda García Ramos
YOLANDA GARCÍA RIBADEO / LA VOZ

EUROPA

Hizo realidad su sueño hace años: «Vivir la experiencia en el extranjero»

03 oct 2021 . Actualizado a las 22:54 h.

Empezaba a ver la luz el 2016 cuando en estas mismas páginas titulábamos: «Adriana, una joven ribadense que trata de hacerse un hueco en el mundo de la moda». Una colección de la marca que surgió de su identidad familiar, La Crixa, aparecía entonces a nivel nacional en distintas pasarelas y muestras de jóvenes diseñadores, sesiones con fotógrafos premiados, carteles publicitarios, redes sociales, videoclips, colaboraciones con estilistas reconocidos, presencia en cine o incursiones en el panorama musical como un vestuario para el grupo Sweet California. Su estética, que se nutre del look de los 80 y 90, no pasa desapercibida. Es fresca, alegre, vital, chispeante.

El talento y el estilo de Adriana Rodríguez (Ribadeo, 1982), fascinada por «todo lo retro», acabó afianzándose fuera de nuestras fronteras: en Holanda. Desde hace cuatro años trabaja allí para la firma holandesa Oilily como diseñadora de moda y diseñadora textil: «Cuando entré, empecé diseñando para una submarca que tenían, que se llamaba Room Seven, llevando la colección, que era muy pequeñita, yo sola. Al año y medio ya me hicieron fija, se quedaron conmigo, y empecé a diseñar para Oilily, con el equipo grande». «Ahora mismo estoy a cargo de la colección de bebés. Oilily diseña para mujer y niño. Es una marca que lleva funcionando desde los años 70 y está muy consolidada internacionalmente», añade Adriana La Crixa.

En la llamada al extranjero se evidencia que allí se siente ahora muy a gusto a nivel profesional. Encontró un trabajo que le vino como anillo al dedo: «Digo que tuve mucha suerte (aunque también la suerte hay que trabajarla) porque es una marca que es 100% yo. Me siento muy identificada con ella. Hoy en día es muy difícil encontrar un trabajo como diseñador en una marca con la que te sientas identificado. Además, uno de sus sellos de identidad es lo artesanal. En los estampados y apliques, por ejemplo, casi todo está hecho a mano; no es digital. Hago desde ilustraciones con acuarelas, lápices de colores, rotuladores, collage textil con piezas de tejidos, arcilla, cartón... ¡Muy artístico!».

Aunque se marchó a Holanda «en un momento muy bonito», confiesa, «cuando llevaba dos años con mi marca (La Crixa) y empezaban a salir colaboraciones y proyectos». «Fue más un éxito mediático, porque solo de las colaboraciones en España no se vive», matiza, añadiendo: «Tener una marca de diseño producida en España y con pocas unidades es muy caro. Además, tampoco se valoraba entonces bien. Quizás la gente se está mentalizando más ahora de diseño y precios y de la moda sostenible pero, aún así, va muy lento. En Holanda, es diferente». A nivel de clima laboral, señala: «Incluso en pandemia, no hubo problema, ni la empresa entró en Erte». Tuvo opción de teletrabajar, aunque en los meses más duros, «al principio fue un shock al estar en un país que no es el tuyo y sin saber cuándo podrías volver a viajar», apunta. Tardó un año sin pisar su tierra, de la que aprecia sobre todo «su calidad de vida».

Remarca que irse al extranjero ya era uno de sus planes: «Siempre tuve la idea de irme fuera, de vivir la experiencia en el extranjero». ¿Por qué Holanda?: «La hermana de una amiga lleva aquí 20 años como profesional del diseño gráfico. También es de Ribadeo. Siempre tenía conversaciones con ella y en una de esas conversaciones me decidí a probar suerte aquí». Siempre que puede, recarga su mochila de morriña en su Ribadeo natal, como hizo este septiembre, nutriéndose aquí para seguir creando mundos pop.