«Si vas pones en riesgo a la familia»

Vecinos de la comarca relatan cómo serán sus Navidades en diferentes puntos de Europa


ortigueira / la voz

María Muíños (Cariño, 59 años) suele viajar a su localidad natal tres o cuatro veces al año. En 2020 no ha podido ser. Reside en Suiza desde hace medio siglo, cuando sus padres, emigrantes, decidieron llevarlas a ella y a su hermana. Vive en la villa de Bulle, en el cantón de Friburgo, y allí pasará las fiestas, con su marido, sus hijos y sus nietos. «Estamos pendientes de lo que diga el Gobierno, hasta ahora han dicho que nos podemos juntar diez personas, con los niños, y somos justo diez. Eso sí, no podremos invitar a ningún amigo, solo permiten que se junten dos familias», relataba esta cariñesa el jueves por la tarde, pendiente de que el viernes se pudieran anunciar medidas más restrictivas.

Durante la primera ola del coronavirus apenas tuvieron limitaciones. «Pero ahora estamos en una época bastante difícil. Desde principios de noviembre hasta hace una semana cerraron cafés y restaurantes, y no se sabe si van a volver a cerrarlos», cuenta. Allí no hay toque de queda y hasta hace poco no eran obligatorias las mascarillas, que ahora hay que utilizar en el interior de los locales, no en la calle, salvo en caso de aglomeración.

«En enero solía ir a ver a mi familia a Cariño, pero esta vez no iré, es un año raro, mi madre tiene 83 años y si vamos la ponemos en riesgo», comenta. Tampoco se desplazó en verano, como tenía previsto, porque requería una prueba PCR y diez días de cuarentena en casa. «Ha sido un año raro, solo puedes pasear e ir a la montaña. En las calles hay decoración de Navidad, pero se han suspendido los mercados del centro de la ciudad», explica. Ella esperaba a sus nietos, el viernes, para poner el árbol.

Marie-Rose Gómez, ortegana nacida en Ginebra y residente en Boston desde 1992, tampoco podrá reencontrarse con su familia esta Navidad, ni celebrar el 70 cumpleaños de su madre, Lolita Pedre, en Ortigueira. «En la ciudad de Boston hay orden del alcalde de regresar a fase dos, para reducir los grupos, prevenir que las personas se expongan y que los hospitales lleguen a su máxima capacidad», detalla. Este año no podrá viajar a España ni por Estados Unidos, salvo, tal vez, «una visita corta y con distancia» a su suegra, en New Hampshire. «Veremos cómo se presenta la situación», dice.

«Debido a la pandemia, este año nos hemos quedado sin las visitas de costumbre de familiares de España en verano, Navidad, Fin de Año y Reyes [...]. Todos nos hemos perdido muchas celebraciones, pero esperamos continuar con ánimos y buena salud para retomarlas pronto», señala. Duda si el 5 de enero se celebrará la cabalgata de Reyes, que retransmite el canal de Televisión Española. «Pero mis niñas han escrito sus cartas a Papá Noel y a los Reyes... Ir a comprar el árbol también ha sido diferente, pero aunque sea distinto, seguimos con las tradiciones».

«Prepararé vieiras a la plancha para mi 'familia británica'»

ana f. cuba

Las restricciones disuadieron a este ingeniero de Fene, que trabaja en una multinacional en Londres, de regresar a casa

Al fenés Miguel Amado, ingeniero industrial, las restricciones a la movilidad con las que podría encontrarse al llegar a Galicia le han disuadido de viajar esta Navidad, aunque todavía no ha descartado una escapada en Reyes. De momento, ya de vacaciones en la multinacional en la que trabaja, se prepara para cocinar. «Prepararé vieiras a la plancha para mi ‘familia británica’», comenta, en alusión a los padres y a otros parientes de su novia. El jueves aún no tenía claro si va a poder desplazarse o no, pero lo intentará porque «apenas hay controles en las carreteras».

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«A Londres no regresaré al menos hasta enero, pasaré las fiestas con los míos en Espasante»

Volver a casa, en Espasante, desde Londres, en junio, le costó 19 horas de avión, tren, bus y coche, y dos semanas de cuarentena. Mónica Méndez Aneiros (Espasante, 1974) trabajó todo el verano con su hermana en la taberna In y, «vista la situación de Londres», donde lleva más de dos décadas, decidió quedarse. «No regresaré al menos hasta enero, pasaré las fiestas con los míos».

«Si me hubiera pillado allí no habría venido. Tendría que hacerme una PCR y aislarme, y todo eso supone un agobio grande, y el miedo a poder contagiar a tu familia», apunta. Reconoce que no le gusta la Navidad, pero este año agradece las guirnaldas callejeras -«ves las luces y te dan vida»- y los centros que ha diseñado su madre para ambientar la casa «con espíritu navideño».

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