Alberto Ferro: «Es interesante vivir en primera línea dos estrategias distintas contra el covid»

Este médico compostelano atiende en la atención primaria sueca varios días cada mes. A su vuelta, hace guardias en PACs o centros de salud. Sin descanso, valora el modelo del país escandinavo, en el punto de mira por sus medidas más laxas contra la pandemia


Santiago de Compostela

Mientras Europa vira hacia medidas más drásticas contra la pandemia, charlamos en Santiago con Alberto Ferro, un médico compostelano de 43 años de notable periplo vital. Hace casi dos décadas comenzó a formarse en atención primaria en Suecia, país en el punto de mira por afrontar la crisis con medidas más laxas. Allí, en la localidad de Malmö, pasa consulta en torno a diez días al mes. El resto del tiempo reside en la capital gallega mientras hace sustituciones o guardias en PACs y centros de salud. Recién aterrizado, se pone de nuevo la mascarilla para relatar en tono pausado, y sin la virulencia del momento actual, sus vivencias.

«Al acabar el MIR, quise probar la medicina en otro país. Llegué a Suecia, donde había demanda de profesionales, y me cautivó. El director de mi período de residencia, que hice en una localidad al norte de Estocolmo, me hizo sentir el peso de la primaria, su necesidad. Esa relación mentor-alumno fue mi pegamento al país», evoca agradecido y sin dejar de elogiar una especialidad que en Galicia es la menos elegida por los jóvenes. «Lo que más me gusta es su faceta humana, poder conocer y continuar con mis pacientes a lo largo del tiempo», incide sobre una de las razones que aún le empuja a permanecer allí, a pesar de la dureza para su vida personal. Su hijo mayor, de 12 años, vivió hasta casi los tres en Malmö, al sur de la capital. «Nos cambiamos allí en el 2012 porque también era más práctico para viajar a España. Y su clima no es tan invernal», desliza con una espontánea sonrisa. Cuando aún no había nacido la segunda, toda la familia regresó. «Por cuestiones laborales de mi mujer, también de Santiago, decidimos venirnos. Yo podía adaptar mi horario, concentrarlo en menos de 15 días ya que allí la flexibilidad laboral es mucho mayor y se negocia con los centros. Eso nos decidió. Físicamente es duro para mí al tener que viajar mucho pero la satisfacción laboral de trabajar en Suecia es grande», acentúa sobre una realidad médica que pone en valor al contar con «más pruebas y una mayor investigación». Más allá de la retribución, también destaca la ventaja de contar con un mayor control sobre su agenda. «En la consulta puedo decidir el tiempo que le dedico al paciente y cuántos veo», apunta sobre unas historias clínicas en las que reconoce que también se cuelan apellidos gallegos. «Con sus diferencias, como la de que en Galicia la medicina de familia es más accesible, al final ambos sistemas se parecen más de lo que se cree» concede, sin negar cómo este contraste sí se agranda en la era covid.

El santiagués trabaja en la atención primaria sueca varios días al mes. A su vuelta, hace guardias en PACs y atiende en una consulta privada que abrió este año en Ós Ánxeles (Brión). En la foto posa delante de la Facultade de Medicina, donde se licenció hace casi 20 años
El santiagués trabaja en la atención primaria sueca varios días al mes. A su vuelta, hace guardias en PACs y atiende en una consulta privada que abrió este año en Ós Ánxeles (Brión). En la foto posa delante de la Facultade de Medicina, donde se licenció hace casi 20 años

Tras sorprenderle la cuarentena en España -«pude quedarme aquí porque el riesgo al viajar era alto»-, desde hace meses va y viene a Suecia, un país que ha optado por recomendar en vez de prohibir, con unas llamadas a la responsabilidad individual que él valora. «La vía escogida funciona en el sentido de comunicación social. Los suecos han comprendido el mensaje, más sencillo, menos restrictivo y más aceptable. Entienden mejor, y apoyan, las decisiones del Gobierno porque puede sostenerlas con el tiempo. La confianza en las instituciones se respira en cuanto llegas», defiende el santiagués, al que aún le «choca» no tener que llevar la mascarilla todo el día o ver cómo solo es imprescindible en situaciones de riesgo. «La acaban de introducir para explorar a pacientes», detalla al reflexionar sobre una consulta de primaria que no dejó de ser presencial. «Los mensajes avanzan en paralelo en ambos países pero allí a una menor escala. Notas preocupación pero aún es casi todo normal» precisa sobre una situación que contrasta con el mayor dramatismo vivido en las guardias realizadas, también en la sanidad pública, en Galicia. Con sosiego, defiende un papel constructivo. «Es interesante vivir en primera línea dos estrategias distintas. Te hace ser crítico, pensar el porqué de las cosas e intentar adaptarte a lo que te rodea», sostiene.

Mis hijos aún me preguntan por qué trabajo en Suecia si faltan médicos aquí

Ya sobre la posibilidad de su retorno definitivo, reconoce con una sonrisa que es algo siempre presente. «Mis hijos aún me preguntan por qué trabajo en Suecia si faltan médicos aquí», subraya. «Creo que la atención primaria debería salir reforzada de esta crisis porque se ha comprobado que es clave. Si a ello se sumase una mayor flexibilidad laboral, podría ser un atractivo» desliza.

El santiagués admite además que continúa muy vinculado a su ciudad natal. «La distancia no me perjudicó. Creo que ha funcionado bien. Sigo con mis compañeros de siempre, con los que he estudiado en el instituto Rosalía, con los que han jugado al fútbol conmigo en el Compostela B. Y menos mal, porque todo hubiese sido mucho más difícil», concluye con emotividad.

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