«Lo que más me sorprendió de Praga es la ética y la cultura del trabajo»

Adrián Rodríguez Dopazo trabaja desde hace tres años en una multinacional farmacéutica


ourense /la voz

En noviembre se cumplirán tres años de la llegada de Adrián Rodríguez Dopazo a Praga. Este ourensano de 29 años trabaja en Merck Sharp & Dohme (MSD), una de las mayores empresas farmacéuticas del mundo, como analista contable, en el departamento financiero de su sede en la capital checa. Desde que terminó sus estudios de Administración y Dirección de Empresas (ADE) en el campus de Ourense no ha parado. Un beca Leonardo Da Vinci lo llevó hasta una oficina de Belfast pero, al poco tiempo, fue reclamado en Madrid para trabajar en un banco. Un año después decidió dar un vuelco a su vida y regresar a Galicia. Verín, A Coruña e Irlanda fueron los siguientes destinos, que lo acogieron de la mano de una gran empresa de la construcción. Decidió cambiar de aires cuando un amigo le recomendó viajar hasta Praga: «Me dijo que en la ciudad había mucho trabajo y que las condiciones eran muy buenas». Así, en poco tiempo y tras una entrevista, lo llamaron de MSD. «Nunca me he puesto un límite ni una traba para moverme, por eso siempre he tenido suerte y desde que acabé la carrera he trabajado en lo mío», explica.

En Praga comparte piso con otras dos personas, de Canadá y Reino Unido. Y de la ciudad destaca su carácter internacional. «Aquí es muy fácil relacionarse, encontrarse con gente nueva y hacer amigos. El idioma es una barrera, aquí se habla checo, pero hay mucha gente que se relaciona en inglés y así te puedes defender», relata. Este idioma ha sido también fundamental en su proyección profesional. «Así he podido encontrar trabajo. En mi profesión es fundamental, aunque también el español, ya que trabajo muy de cerca con las oficinas de España». De la capital de la República Checa destaca: «Lo que más me ha sorprendido de Praga es la ética y la cultura del trabajo, no hay paro. Hasta antes de la pandemia estaba en torno al 3 %, ahora creo que al 5 %. Aquí la empresa te cuida para que te quedes. Hay muchos más beneficios que en España, no solo hablo del salario», dice. Y señala que pasa en cualquier trabajo, no solo en el suyo. «Todos los españoles pensamos lo mismo. Gracias a eso tienes mucho tiempo libre, horarios flexibles... Y desde hace mucho, mucho antes de la pandemia, la gente trabaja de forma natural desde casa... Nada que ver, por ejemplo, con cuando yo estaba en Madrid, que salía a las ocho de la tarde y tardaba en llegar una hora a casa...», señala. Esto le permite quedar con amigos, con su grupo de españoles, de fútbol o de baloncesto. A pesar de ser una capital, Praga tiene poco que ver con las grandes urbes europeas. Es, según Adrián, un lugar en el que resulta fácil moverse y hacer planes. «La vida aquí me sorprendió, me abrieron los ojos. No sabía que se podía trabajar bien de otra manera; estar contento con lo que haces y tener tiempo para disfrutar de otras cosas», señala. Pero, a pesar de todo esto, Adrián afirma que a no muy largo plazo le gustaría regresar: «Me gustaría volver porque he estado tiempo fuera. Echo de menos sobre todo a la familia, cuando hay citas importantes. Es lo más duro. Puede influir lo que hemos vivido con la pandemia. No por lo que ha sucedido aquí, donde el impacto ha sido mucho menor y no hemos estado confinados, sino por la situación de España, por mis abuelos...», relata.

Por eso aprovechó el mes de agosto y regresó a la capital ourensana para disfrutar de la familia: «Antes del coronavirus nos veíamos habitualmente, pero este año ha sido diferente».

 Praga, República Checa

Esta capital europea es destino turístico durante todo el año. Por eso, señala Adrián, para aquellos que residen de forma habitual, el centro de la localidad es parecido a un parque de atracciones, con grandes grupos de extranjeros, guías turísticos, etcétera. Además, por ejemplo, los precios son muy elevados. «Hasta antes de pandemia el centro de la ciudad era prohibitivo», subraya.

Trayectoria vital

Trotamundos con ganas de regresar. Adrián Rodríguez Dopazo tiene 29 años. Estudió en el colegio Salesianos de la capital. Su deseo de seguir estudiando en la ciudad lo llevó a elegir una carrera en el campus de Ourense y guiado por las salidas laborales optó por cursar ADE. Hoy no duda de que fue una buena decisión y dice que no se imagina haciendo otra cosa. Tras acabar la carrera ha trabajado como contable, aunque en diferentes sectores: cultura, banca, contrucción y ahora en la industria farmacéutica. Saber inglés ha sido fundamental en su carrera profesional y, aunque destaca la forma de trabajo en otro países europeos, ya sueña con poder regresar a corto o medio plazo a España. La necesidad de estar cerca de su familia es determinante y se ha visto acentuada este año con las distancias que crearon las fronteras cerradas durante la pandemia. Es amante del deporte entre amigos y también disfruta con excursiones y viajes.

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