Orgullosa de España desde el París de las calles vacías

La artista Niki de la Isla ha pasado el confinamiento en su barco a tres kilómetros de París y, pese a la incredulidad inicial, dice que ha sido feliz


Soy Niki de La Isla, una artista de A Illa de Arousa. Vivo en un barco en la isla de Saint-Denis, a tres kilómetros de París, así que se puede decir que soy tres veces de isleña. No tengo tele, y al principio no entendi lo que era la  codiv-19. Empieza el barullo. Primero fue en el WhatsApp de la escuela de vela tradicional de A Illa de Arousa: dicen que cierran todo en A Arousa. Y yo sin entender. ¿Por qué cerrar todo? ¿Hay coronavirus en A Illa ¿Por qué flipar si es una gripe? Pero nadie contesta.

 Tengo un taller en un inmueble lleno de artistas. Cuando me entero que hay que cerrar todo, al principio no me lo creo, pienso que es una broma. Y digo: «Haz esa broma a otra persona, conmigo no cuela». «¡Que no es una broma, que es verdad, que todo va a cerrar, que habrá que quedarse en casa a partir de mañana a las doce, que lo dijo el primer ministro». Yo convencida: «Jajajajaja, yo no me voy a tragar que hoy en día un ministro pueda obligar una empresa privada a cerrar, como si eso fuera posible en una democracia». « Ay, Niki, qué desilusion vas a llevar cuando te enteres que no es broma».

 Pues desilusión no, indignación. Tardé tres dias, por supuesto preguntando a mis amigos de confianza. Uno me explicó que el confinamiento es solo para evitar demasiada gente en los hospitales, para frenar los contagios, que si nos quedamos en casa es para ayudar a la sanidad. Pobre sanidad, la que recortan desde hace años.

 Empiezo el paréntesis encantada, si es para ayudar la sanidad, pues me quedo en casa. Aprendimos a aplaudir a la hora de los informativos para borrar los recortes, darle las gracias a los que van a salvar el país, pero nunca para denunciar sus condiciones, sus salarios mínimos, los riesgos con esos medios inexistentes.

Pues como tenía tiempo de sobra, me propuse hacer todo lo que tenía que hacer: reparar y pegar cosas, limpiar el barco para la primavera, aprender a cocinar y lo que es un pangolín. Recuerdo a mi maestro chino de Qi Gong, que gracias a él estoy viva porque me dio los medios para no morir de debilidad y de frío, una noche, sola en mi casa de la isla, sin crédito en mi teléfono y sin fuerzas para llamar a un vecino. Asi que sí, se lo voy a devolver ahora. Cuando lo cuento escucho todos los estereotipos racistas. Y corto relaciones, esos no los había notado, pero ahora sí. Van a acabar esos 15 dias mágicos y yo sin descansar.

Y otros 15 días más. Se me rompe el ordenador, ya tenía la cámara de fotos para reparar cuando todo cerró, pues me queda el estudio de grabación solo para mí: los demas viven más lejos que el kilómetro permitido. Y así empecé de nuevo a componer y a grabar mi música. Quince días de escritura, de melodías, de grabación. Y otros quince días más, nos dicen. Grabé una cancion sobre el confinamiento. Se llama C-Blues.

 Pues me voy a tomar cinco días de vacaciones, al sol, en el barco, tranquila. No veo a nadie, ni en las calles, ni en el immueble vacío de artistas, pero está el portero. Si se me acerca, mi perra Nube se me pega. Como si hubiese entendido lo de la distancia social. Como si ahora solo estuviésemos ella y yo. 

Hablo con mis amigos de América, Inglaterra, Austria, Finlandia, Suecia, Francia y por supuesto España. A veces voy con el coche por París y esta vacío. No quiero sacar fotos, quiero solo disfrutar. Creo que nunca en mi vida fui tan feliz, no existía el tiempo, tenía de sobra. Podía disfrutar creando arte sin tener que pensar en cuánto voy a ganar, que si deberia salir, que tengo que ir a comprar, que no sé si me va a dar tiempo. Pues sí, tuve tiempo para todo y más.

  Y así, suspendida en un momento de felicidad absoluta, con todo el tiempo del mundo, fue cuando explotó un secreto de familia, por casualidad. Alguien dijo algo que no quería decir, y toda la luz vino de un golpe. Y se lo conté a mi hijo, a su padre, y mi hijo me dijo cosas y su padre también, y así fue como me enteré de los fundamentos de los últimos 22 años. Y me sentí aún más ligera.

Segui disfrutando de ese tiempo regalado. Estoy orgullosa de España. Aquí en Francia te ponen extractos de lo que dijeron los políticos y parece una broma. Y mientras se burlan de Italia o España, no hacen nada. No se lo pueden creer que en Francia ni haya mascarillas, ni gel, ni información. Y al final hay más muertos que en España.

Cuando los artistas fueron a pedir ayuda al presidente Macron, ni siquiera se puso traje, les habló como a niños y les dijo que tenían que ir a la bodega a buscar queso y jamón para sobrevivir y así poder montar el tigre. Aún estamos todos buscando el significado. 

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