Una estudiante de Medicina en Hungría: «Aquí han vaciado un hospital para destinarlo enteramente al coronavirus»

La lucense Antía Vázquez narra cómo es la vida en el país magiar, donde hay poco más de 500 casos de coronavirus


Redacción / La Voz

Antía Vázquez Lestón es una lucense que lleva la medicina en las venas. Cursa sexto de carrera en Hungría, a donde se marchó hace ya siete años, y desde hace días ejerce como voluntaria en un hospital de la ciudad en la que vive, Szeged. Desde el momento en que saltaron las alarmas de la pandemia, tuvo claro que su obligación era echar una mano, aunque por el momento no le ha tocado trabajar con pacientes de Covid-19 y la situación en el país dista mucho de la que se vive en España.

«Hace unos días pidieron voluntarios por si las cosas se complicaban más y me ofrecí. Entiendo que esto es parte de lo que va a ser mi trabajo, soy joven y sin problemas crónicos, así que era mi deber», cuenta. A ella y a sus compañeros los dividieron en varios bloques para reforzar los distintos servicios. Le tocó medicina interna y hasta el momento no ha tenido que enfrentarse a la pandemia en las distancias cortas porque, para empezar, la situación en Hungría poco tiene que ver con la que se vive aquí.

«Realmente en Hungría la situación es muy diferente. Hace dos días había 536 casos confirmados, que es muy poquito, y se están extremando las precauciones. Cuando empezó a verse la magnitud de lo que pasaba en Italia, aquí, con solo 15 casos, ya cerraron las fronteras», relata.

Ese cierre a cal y canto decretado por el gobierno del controvertido Viktor Orban ha mantenido bajo mínimos el número de contagios. Y más vale, dice Antía. «Si aquí llega a haber los números de España o Italia sería catastrófico por la falta de recursos. Si en esos países no hay suficiente material ni personal, aquí sería mucho peor», lamenta.

Un hospital para coronavirus

Hace tres semanas, relata la estudiante de Medicina, Hungría cerró bares, restaurantes y tiendas. «Ya entonces recomendaba quedarse en casa, pero no fue hasta el domingo pasado cuando decretó el confinamiento total, como en España. «Aquí el que se salte la cuarentena corre el riesgo de acabar varios años en la cárcel, y la cuarentena y el estado de alarma no tienen fecha de finalización, que es una medida muy polémica por parte del gobierno». Tanto, que tanto la oposición como la Unión Europea ven con preocupación la deriva antidemocrática que está tomando el país. Mientras, en los supermercados, al igual que aquí, la gente viste guantes y mascarilla, y aunque todavía se puede ver movimiento en las calles, ya no es lo que era.

El miedo al coronavirus también azota al país magiar a pesar de sus pocos casos confirmados y del aislamiento al que someten a los pacientes. «En mi ciudad lo que han hecho ha sido vaciar un hospital que estaba especializado en psiquiatría y urología y destinarlo enteramente para pacientes con COVID-19. Es una forma de asegurarte que limitas los contactos».

Algunos estudiantes húngaros que Antía conoce están trabajando en plantas con pacientes con coronavirus y el escenario que describen es bien diferente al de España. «Por el momento disponen de trajes de protección y de mascarillas de seguridad», explica, por lo que, en caso de tener que trasladarse a una planta de Covid-19, lo hará con respeto, pero sin miedo. En Hungría se siente segura y mira a España con cierta preocupación. «Es durillo vivirlo en la distancia, por mi familia y por mis amigos». Pero sabe que, al menos por el momento, su lugar está allí.

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