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«Chorei por Notre Dame coma se morrese alguén da familia»

Pilar Covelo, de A Lama y emigrante en París, cose para la catedral francesa y conoce a casi todos los trabajadores

Pilar Covelo, en una imagen de archivo
Pilar Covelo, en una imagen de archivo

pontevedra / la voz

A Lama, en Pontevedra, es uno de esos municipios gallegos donde se cuentan con los dedos de las manos las familias que no emigraron. Casi todos lo hicieron a México. Pero Pilar Covelo, natural de este ayuntamiento, se marchó muy jovencita a París. Allí tuvo una vida laboral de lo más singular. No en vano, se pasó décadas cosiendo para curas, obispos y cardenales y llegó a ayudar a bordar unas albas para el papa Juan Pablo II y unos ornamentos para la vestimenta de Benedicto XVI. Trabajó durante años en el basílica del Sacré Coeur. Pero su jefe se trasladó a la catedral de Notre Dame y ella se marchó con él. Trabajó allí hasta la jubilación y aún ahora, ya jubilada, hace algunas cosas para los religiosos. Conoce bien el edificio y es amiga de los trabajadores. Así que el incendio en el corazón de París le ha tocado de lleno su propio corazón.

«Chorei por Notre Dame coma se morrese alguén da familia», cuenta. Desde de la jubilación, Pilar y Manuel, su marido, viven a caballo entre París y A Lama. Precisamente, hace unos días llegaron de un viaje con el Imserso a Benidorm a su casa de la capital francesa. En ella cenaban tranquilamente cuando pusieron la televisión y, con espanto, asistieron al espectáculo horrendo de llamas en Notre Dame. «Nós ceamos moi cedo, aínda non serían as oito da tarde. Puxemos a televisión e cando vimos o que pasaba... eu xa non puiden parar de chorar. Quería ir para alí, ver o que estaba pasando, pero o meu home non me deixou porque estaba, e aínda estou, ben afectada», cuenta Pilar.

Lo que hizo entonces fue empezar a mandar mensajes a algunos de los trabajadores de la catedral, muchos de ellos amigos, como el jefe de los sacristanes. «Algúns contestáronme e outros supoño que nin puideron ver o teléfono. Os que me contestaron están moi mal, teñen unha tristeza tremenda. Non se sabe que vai pasar aí nin todo o que se perdeu, é unha desgraza moi, moi grande. Aí traballan polo menos oitenta persoas», insiste esta mujer.

 Desde el día del incendio no ha dejado de acudir a las diferentes misas que se celebran en París por Notre Dame. «É o único que podemos facer de momento, así que as misiñas non as estamos perdendo. Houbo xa algunha e para este sábado hai outra, que tamén imos ir», explica. Está también atenta a la televisión y los periódicos para tratar de convencerse de que «moitas cousas seguro que se puideron salvar, porque os bombeiros parece que actuaron moi ben».

Cuenta Pilar que, precisamente, la capa que ayudó a bordar para que vistiese el papa Juan Pablo II cuando acudió al encuentro mundial de la juventud en París, en 1997, estaba expuesta en una vitrina en Notre Dame. ¿Se habrá salvado? «Pois eu penso que si, que quitaron para fóra moitas cousas. Estou segura de que se salvou máis do que pensamos, o que pasa é que igualmente é unha desgraza moi grande», insiste ella, con pesar.

Pilar cuenta que todavía tardará un tiempo en volver a A Lama, que posiblemente lo haga ya con el verano empezado y que mientras tanto se pondrá a disposición de sus antiguos compañeros y jefes para ver si necesitan que cosa algo o colabore de otra manera. Así lo cuenta por teléfono al lado de Manuel, que también sabe bien lo que es trabajar entre reliquias y obras de arte. Él, de profesión ebanista, llegó a trabajar en la basílica del Sacré Coeur parisién. Lo hizo para remodelar el altar. Ahora disfruta de la jubilación. 

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