Precios más bajos, becas que tardan y la posible existencia del mito de los aprobados fáciles dibujan el mapa del programa Erasmus del curso 2026/27
13 oct 2026 . Actualizado a las 01:39 h.De Vigo a Oulu hay más de 3.000 kilómetros de distancia, un cambio de idioma y algún que otro grado menos de temperatura. Toda una travesía que ha llevado a Iago Prol, estudiante de Telecomunicaciones, hasta el norte de Finlandia. Su viaje es solo uno de los cientos que este curso dibujan el mapa Erasmus de la Univerdidad de Vigo. En total, 833 estudiantes tienen adjudicada una plaza para estudiar fuera durante el curso 2026/27, repartidos por instituciones académicas de buena parte de Europa.
Italia, Portugal y Polonia conforman el podio de los tres destinos que más estudiantes albergarán. Sin embargo, el mapa se extiende hasta países como Letonia, Turquía o Austria. Algunos de estos jóvenes pasarán fuera de sus hogares el curso completo, otros, solo uno de los dos cuatrimestres.
La experiencia cambia completamente en función del destino. Iago Prol está en Finlandia; Andrea Rodríguez, en Italia; Laura Varela, en Polonia; Samuel Ogando, en República Checa, e Irene Pérez, en Grecia. Cinco países que muestran las distintas formas de vivir una misma experiencia lejos de casa.
Aunque la calificación académica sea un factor determinante a la hora de elegir el destino, los cinco quedaron satisfechos con su rumbo. Los motivos para escogerlo, sin embargo, fueron muy distintos. Laura y Samuel tuvieron en cuenta la ubicación del país. el centro de Europa les facilita llevar a cabo viajes a otras naciones del continente durante su estancia. Iago quedó prendado del frío del norte del continente a comienzos del 2025, cuando viajó a Islandia, y quiso repetir la experiencia. Lo más parecido era Finlandia y no dudó en seleccionarlo como su primera opción. Andrea e Irene se dejaron seducir por el atractivo de Italia y Grecia.
Elegir destino fue solo el primer paso. Tras ello tocaba resolver una cuestión bastante más práctica: dónde vivir. La búsqueda de alojamiento fue uno de los primeros retos a los que tuvieron que enfrentarse antes incluso de hacer las maletas. Andrea e Irene optaron por instalarse en un piso compartido con otros estudiantes. El resto decidieron hacerlo en residencias universitarias, una alternativa que, según coinciden, es más barata que en España. La de Samuel, estudiante de Ingeniería Aeroespacial, en la República Checa tiene una peculiar distribución: para acceder a las habitaciones es necesario atravesar el primer cuarto de cada planta, convertida por obligación en zona de paso para el resto de los residentes. Samuel cuenta entre risas que, por suerte, todos mantienen una buena relación con los ocupantes de esos primeros dormitorios.
Al sacar la cartera encuentran claras diferencias respecto a España. Laura, estudiante de Educación Primaria, destaca especialmente los precios de Polonia, más bajos tanto en compras cotidianas como a la hora de salir. El contraste se hace evidente por la noche: muchas discotecas tienen entrada gratuita y las consumiciones, una vez dentro, también son más baratas. Una percepción sobre el coste de la vida que, con matices, comparten los otros cuatro estudiantes.
Los precios juegan a su favor; los plazos de las ayudas, no tanto. Los cinco solicitaron la beca Erasmus, pero tres de ellos todavía no han recibido el dinero. La demora les obliga, por el momento, a afrontar los gastos con sus propios recursos o con ayuda de sus familias. La experiencia comienza para algunos adelantando de su bolsillo el dinero que debía ayudarles a financiar la estancia. Irene, quien cursa el grado de Trabajo Social, es una de ellas. Aun cuando llegue, calcula que la ayuda apenas le servirá para cubrir el alquiler del piso de su estadía en Grecia. El resto de los gastos, comida, transporte y ocio, tendrá que afrontarlos al margen de la beca.
El cambio de país se nota al entrar en clase, aunque algunos apenas han tenido tiempo de comprobarlo. Varios todavía no han comenzado el curso o apenas han acudido a sus primeras clases. Entre quienes ya han pisado las aulas, las primeras impresiones apuntan, entre bromas, a que el tópico de que durante el Erasmus los aprobados salen algo más baratos podría ser en parte cierto. La menor exigencia que perciben algunos de ellos, por ahora, contrasta con la que estaban acostumbrados a encontrar en la UVigo, aunque reconocen que es pronto para sacar conclusiones. Iago, a punto de terminar la carrera de Telecomunicaciones, comenta que «el nivel de dificultad parece más sencillo que en Vigo. Además, la mayoría de las asignaturas son prácticas, lo que hace que disminuya la carga».
El idioma, por su parte, no está suponiendo una verdadera barrera para ninguno de los jóvenes. Los cinco reciben la docencia en inglés, aunque Samuel ha encontrado una diferencia respecto a sus clases de Ingeniería Aeroespacial. En República Checa, cuando durante una clase alguna explicación o intervención se hace en checo, los profesores se encargan de traducírsela al inglés. Es un detalle que agradece y que, según cuenta, no siempre se lleva a cabo en su carrera cuando parte de la conversación se desarrolla en castellano. En los demás destinos, el inglés domina tanto las explicaciones como la comunicación dentro del aula.
Fuera de las aulas, el Erasmus también tiene algo de España. Aunque conviven con estudiantes de diferentes nacionalidades, los cinco reconocen que se relacionan principalmente con otros de su país. En el caso de Andrea, su círculo está formado sobre todo por amigas de Vigo a las que ya conocía antes de marcharse. Los demás, aunque también se relacionan con gente a la que conocían antes de partir, han ido encontrando a otros estudiantes españoles una vez asentados en sus destinos y, al menos durante estas primeras semanas, es con ellos con quienes comparten buena parte de su tiempo libre.
Las diferencias entre los cinco destinos son evidentes, pero el balance de todos de estas primeras semanas es muy positivo. Todavía les quedan meses por delante para descubrir cuánto hay de cierto en los tópicos que rodean al Erasmus. Cinco países, cinco universidades y miles de kilómetros de distancia de Vigo que, de momento, parecen haber valido la pena.