La gallega que estudió en el colegio de Leonor

Sara Parcero cursó bachillerato en la red Colegios del Mundo Unidos. Ella estuvo en Estados Unidos, pero el funcionamiento de su centro es el mismo que el de Gales. «Me cambió la vida por completo», dice esta joven de Moaña

Sara Parcero con un compañero de Colegios del Mundo Unidos
Sara Parcero con un compañero de Colegios del Mundo Unidos

Redacción / La Voz

Sara Parcero Leites es una de las pocas gallegas que puede presumir de haber estudiado bachillerato en la red internacional Colegios del Mundo Unido, la misma institución en que la princesa Leonor cursará el bachillerato el próximo curso. Sara es de Moaña, y la primera vez que salió de la localidad pontevedresa para estudiar fue para ir al internado que esta fundación tiene en Estados Unidos. La futura reina lo hará en el de Gales, pero los 17 internados de esta entidad repartidos por todo el mundo comparten la misma filosofía, disciplina y el mismo modo de hacer las cosas. Esta joven nos cuenta cómo es estudiar en uno de estos colegios que ella no califica de elitista. Todo lo contrario: «Yo vengo de una familia de clase media trabajadora y fui 100 % becada. En España, cerca del 85% de los candidatos van becados al 100 %. Eso significa que te pagan todo. Yo estuve del 2009 al 2011 porque en estos colegios solo se imparte bachillerato. Para nada es un colegio elitista. La mayoría de los estudiantes proceden de todas partes del mundo. Y vienen de estratos socioeconómicos muy variados. Y es lo bonito y enriquecedor. Van niños de campos de refugiados, niños que crecieron en zonas de conflicto de guerra... Estamos hablando de muchísima diversidad y muchísima variedad», reconoce esta joven de 28 años que lleva casi dos años trabajando en Madrid como investigadora tecnológica y cuya experiencia le sirvió también para obtener una beca en la universidad en Estados Unidos y sacarse el doble grado de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas.

Sara Parcero, la primera por la izquierda, en una celebración de trajes tradicionales de los países de origen de los alumnos
Sara Parcero, la primera por la izquierda, en una celebración de trajes tradicionales de los países de origen de los alumnos

Pero volvamos atrás, al inicio. Sara se enteró de la existencia de estos colegios a través de otra paisana, que también fue becada años antes por la institución en el internado de Hong Kong. Y tuvo muy claro que ella también quería ir: «Les dije a mis padres que tenía que conseguir una beca como fuera». Entonces envió la solicitud y formó parte del proceso de selección: «En España se presentan de media unos 500 estudiantes y son preseleccionados 50 para ir a Madrid, aunque este año se ha hecho de forma online, y tienen que pasar una serie de pruebas. Hay un examen de cultura general, un test psicológico, después una entrevista personal delante de un comité y la presentación de un proyecto social en base a una necesidad o algo que hayan identificado ellos en su comunidad. Después de pasar esas pruebas, se selecciona a 18 finalistas. De esos 18, dependiendo del año y de la cantidad de becas que haya, se envían a unos 12 o 16 de España», explica.

Sara Parcero dando clases de español a alumnos del colegio. Se trata de una de las actividades que debía hacer para completar su currículo
Sara Parcero dando clases de español a alumnos del colegio. Se trata de una de las actividades que debía hacer para completar su currículo

Sara todavía recuerda el momento en el que le dijeron que estaba admitida: «Me acordaré toda mi vida. Mis padres, también. Me fui con mi padre a hacer las pruebas a Madrid. Eran en fin de semana. Y después nos dijeron que el martes nos llamarían para comunicarnos la decisión final. Recuerdo que acababa de llegar del instituto, estaba viendo las noticias y sonó el teléfono. Fue cuando ya me lo comunicaron. A partir de ahí, pues mucha emoción, la verdad».

Parcero, la segunda por la derecha, junto con sus compañeros de Colegios del Mundo Unidos
Parcero, la segunda por la derecha, junto con sus compañeros de Colegios del Mundo Unidos

Sara comenzó una experiencia que le cambió la vida, aunque el día a día en el colegio era bastante exigente. Las clases empezaban a las ocho: «Por la mañana íbamos a clase y después teníamos una parte importante del currículo, lo que se llama CAS (creatividad, acción y servicio) y ahí todos teníamos que estar involucrados en servicios a la comunidad, en actividades físicas, culturales... Entonces, casi todas las tardes estabas en una de esas actividades. Yo, por ejemplo, estaba de tutora de español en un colegio de allí del pueblo. Estuve también en una residencia de mayores haciendo juegos, actividades y hablando con ellos. Luego también atendí el comedor social de una iglesia, hice escalada... hay un montón de actividades y todos tenemos que participar en ellas», explica tras reconocer que académicamente era un colegio muy riguroso: «Siempre decíamos que había que encontrar un equilibrio entre las tres eses, que eran sleep: 'dormir', study: 'estudiar' y socialize: 'socializar'. De repente estás con un montón de gente de países diferentes y quieres hablar con ellos, pero al mismo tiempo tienes que descansar porque si no, no aguantas y tienes que estudiar. Yo, de media, dedicaba cuatro horas al día de estudio y más cuando tenía los exámenes», explica mientras reconoce que lo peor que llevaba era la comida, porque estaba acostumbrada a los manjares de la tierra. Sara disfrutaba mucho también de las celebraciones: «Era muy bonito ver cómo cada uno tenía diferentes formas de hacer los cumpleaños. Después, en las fiestas nacionales de cada país, cada uno llevaba la comida típica de ese día y explicaba cómo se celebraba. Era maravilloso». Esta, sin duda, ha sido la experiencia de su vida: «A mí me cambió completamente la vida. Me abrió las puertas a muchas oportunidades y siempre digo que soy quien soy gracias a esa experiencia que plantó la semilla de muchas de las inquietudes que tengo y de cómo soy tanto personal como profesionalmente».

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