Universitarios gallegos que renuncian a irse fuera por la pandemia: «No me garantizaban ni la seguridad ni la calidad de enseñanza»

Los campus gallegos han retenido a estudiantes que iban a irse de Erasmus o Sicue, que han preferido quedarse por la crisis sanitaria


redacción

A Alba Goenaga debería haberle dado tiempo a perderse en varias ocasiones por las calles de Brasil. Debería, escrito en condicional, porque la crisis sanitaria del covid ha complicado la gestión y ejecución de los programas de movilidad para los universitarios. Lo mismo le ha ocurrido a León Fernández, que tendría que finalizar su último año de Medicina en la ciudad de Oporto. O a Paula Amosa, en Sevilla. El caso de estos tres gallegos escenifica la situación en la que se encuentran los universitarios que habían decidido —antes de la pandemia— cursar un año en otro territorio. Por obligación para unos o recomendación para otros, muchos han declinado la propuesta de Erasmus o Sicue y han decidido continuar sus estudios en su facultad.

Este año, en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) registran la entrada de 74 alumnos Erasmus, un 87,1 % menos que en el curso pasado, cuando la cifra ascendía a 570. Algo similar, pero menos acentuado, ha ocurrido con el dato de salientes, donde se registra un descenso del 54,08 %, con 225 universitarios en otros países (el año pasado fueron 490). Respecto a la movilidad en territorio nacional, la USC recibirá a un 26,6 % menos de estudiantes. No obstante, la cifra de salientes se mantiene prácticamente en los mismos niveles. Desde la USC apuntan a que la diferencia «é ínfima dun ano ao seguinte».

La crisis sanitaria ha influido por partida doble en los programas de movilidad: en el flujo de información entre las facultades y el universitario —todo estaba en el aire— como en las dudas que originaba la situación epidemiológica de la ciudad a la que se desplazarían.

A Brasil. La situación sanitaria del país llevó a Alba Goenaga a posponer su estancia al segundo cuatrimestre. Aun así, no está convencida de que sea el momento para irse fuera.
A Brasil. La situación sanitaria del país llevó a Alba Goenaga a posponer su estancia al segundo cuatrimestre. Aun así, no está convencida de que sea el momento para irse fuera.

Alba Goenaga comenzó a gestionar los trámites en diciembre del año pasado, pero al decretarse en el mes de marzo el estado de alarma, la información se redujo al mínimo. «Fue todo muy confuso y nadie sabía darnos respuestas muy claras, así que fueron avanzando las cosas sin demasiadas noticias», explica Goenaga. Fue en junio, ante las pocas noticias y la situación sanitaria de Brasil, cuando Alba decidió aplazar el convenio para el segundo cuatrimestre, es decir, para enero. «A día de hoy sigo sin cancelarlo formalmente, pero apenas hay posibilidades de que se reanude el programa», agrega. Pese a las ganas que tenía de vivir la experiencia, no está convencida de que este sea el mejor momento para vivirla: «La situación de Brasil es una de las peores a nivel global y mentiría si dijese que no me da respeto meterme en un hospital [Alba estudia Medicina], tal y como están las cosas».

A Oporto. León Fernández eligió la ciudad portuguesa para terminar su último año de Medicina. La Universidad no le aseguraba las prácticas y terminó por declinar el programa.
A Oporto. León Fernández eligió la ciudad portuguesa para terminar su último año de Medicina. La Universidad no le aseguraba las prácticas y terminó por declinar el programa.

León Fernández también estudia Medicina. Preocupado por las prestaciones académicas que recibiría en su último curso en Oporto, escribió a su tutor. Días después, la Universidade do Porto le comunicó que cancelaban el intercambio en el primer cuatrimestre por no poder asegurarle las prácticas. «Si me iba, no me garantizaban ni la seguridad ni la calidad de la enseñanza», dice León. Después, la USC actualizó la convocatoria para que, los que así lo prefiriesen, cambiaran el período de intercambio o renunciaran sin penalizaciones. Pero, según explica León, nadie les aseguraba que no fuesen a suspenderlo también en el segundo cuatrimestre. «Creo que a mí con la pandemia se me quitaron más las ganas de irme», concluye.

A Sevilla. La seguridad que le daba a Paula Amosa quedarse en Galicia era mayor a las ganas de marcharse a la ciudad andaluza. Así, canceló el contrato que tenía para este año.
A Sevilla. La seguridad que le daba a Paula Amosa quedarse en Galicia era mayor a las ganas de marcharse a la ciudad andaluza. Así, canceló el contrato que tenía para este año.

Los papeles para que Paula Amosa cursase el segundo cuatrimestre en la ciudad de Sevilla se tramitaron con tardanza y con «un poco de incertidumbre». Con el acuerdo de estudios finalizado, y ya iniciado el curso académico, a Paula le entraron las dudas: «Se veía que la situación iría a peor, así que finalmente decidí rechazar el intercambio». Lo hizo porque en Andalucía la incidencia del covid era mayor que en Galicia, pero también porque para la movilidad Sicue no hay becas y terminaría por ser una pérdida de dinero. «Todo transcurría con normalidad, pero por previsión e incertidumbre decidí que este no era un año para irme a estudiar fuera», explica Amosa, que reconoce que en Galicia se sentirá más segura respecto al covid.

Una decisión, la de no irse a estudiar fuera este año, que calmará a las familias. «Mis padres se quedaron mucho más tranquilos, pues les creaba inquietud que pasase este año lejos de casa», indica Amosa.

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Universitarios gallegos que renuncian a irse fuera por la pandemia: «No me garantizaban ni la seguridad ni la calidad de enseñanza»