El coronavirus obliga a los estudiantes a plantearse qué hacer con sus Erasmus

Muchos no sabrán hasta finales de mes si podrán viajar a sus destinos y otros ya han optado por rechazar la plaza ante la incertidumbre que genera el coronavirus

a. a.
a coruña / la voz

Hacer un intercambio a otro país durante el paso por la universidad ha sido, para muchos jóvenes, una experiencia muy enriquecedora. Dadas las circunstancias actuales, la mayoría de los estudiantes de la UDC que han solicitado el Erasmus, del mismo modo que en el resto de universidades gallegas y estatales, se encuentran en total incertidumbre y muchos ya se han visto obligados a rechazar sus plazas.

«Llevo con el papeleo hecho desde enero y todo iba bien hasta que llegó el covid», cuenta Andrea Carballeira, una de las estudiantes del doble grado de Turismo y Empresariales que, del mismo modo que su compañera, Fabiana Colaiacovo, ha solicitado su intercambio con la Universidad de Timisoara, en Rumanía. Entre los problemas con los que se han encontrado, Fabiana destaca sobre la universidad coruñesa que «cuando les preguntas algo por correo, en vez de responderte a la pregunta concretamente, a lo mejor te marean y te surgen más dudas», y añade que «la Oficina de Relaciones Internacionales y la coordinadora de Erasmus, que se supone que van de la mano, parecen no comunicarse entre ellas y de un sitio te mandan al otro», lamenta. Por otra parte, Andrea también señala que desde la universidad receptora apenas han recibido información: «lo único que sabemos es que las clases podrán ser presenciales, semipresenciales u online y que hasta el último día de agosto no pueden confirmar nada». Este parón dificulta que las alumnas puedan preparar su residencia o los vuelos necesarios antes del inicio del curso, que este año será a mediados de septiembre.

Pese a la incertidumbre, Andrea tiene claro que hará lo posible por ir de Erasmus: «Yo si en la residencia me cogen, pienso ir, sean como sean las clases», insistiendo en la importancia de contar con una experiencia así queriendo dedicarse al turismo. «Obviamente, también espero poder viajar, por eso me da miedo un nuevo confinamiento», menciona la estudiante.

Solicitan PCR negativo

Ánxela Pérez, otra de sus compañeras, tiene intención de hacer su intercambio en Eslovaquia. «Creo que han hecho lo que han podido y que podría ser peor», explica la alumna sobre la gestión de la UDC, «al principio todo iba a trompicones, pero ahora ya se han adaptado y ha mejorado la comunicación, aunque también estamos más cerca de que comience el curso».

«Estamos esperando un comunicado, que ojalá llegue pronto porque tengo que comprar los billetes», destaca Ánxela sobre la universidad receptora, «en el comunicado nos explicarán qué se supone que tendremos que hacer cuando lleguemos al país». «Creo que pedirán un PCR negativo y también cuarentena cuando lleguemos», resume.

«Un punto a favor de mi universidad receptora, en República Checa, es que nos avisaron de que teníamos que llegar antes del día 10 de septiembre porque nos tienen que hacer una prueba», relata una estudiante de Educación Social, Valentina Castro. «Da bastante tranquilidad saber que yo y toda la gente de mi alrededor está sana y que no hay riesgo», destaca, «además, la residencia tendrá un edificio vacío disponible por si surgen cuarentenas». Valentina ya ha comprado los billetes necesarios para su viaje, sin embargo «los he cogido hace casi nada porque nos avisaron de que, con el convenio financiero cubierto, lo mejor era que comprásemos los vuelos con seguro de cancelación».

Riesgo de clases telemáticas

Lograr convalidar las asignaturas es una preocupación recurrente de los estudiantes que solicitan cambiar de universidad temporalmente. Pero el contexto actual es aún más enrevesado. «Si no hay clases presenciales, tendría que estar todo el curso con clases telemáticas con las asignaturas de allá», dice Valentina, añadiendo que «desde la UDC nos dijeron que preguntáramos si las clases serían presenciales o no, para no perder parte de la beca Erasmus».

«Estoy entre triste y contenta porque aún me queda otro año para hacer el intercambio»

«Llevo queriendo irme de Erasmus desde hace un montón de tiempo, casi dos años. Creo que es una experiencia que debe vivir todo el mundo, por lo bien que hablan de ella, por lo bien que te lo pasas, por la cantidad de gente que conoces, porque puedes reforzar los idiomas...». La ferrolana Angie Quinapallo es una de las estudiantes de la UDC que se han quedado a las puertas de vivir la experiencia, pero que finalmente se han visto obligadas a rechazar su plaza por la incertidumbre y el miedo tanto al confinamiento y las clases telemáticas como también al importante desembolso económico que podría no recuperar.

Estaba contenta porque había conseguido la media suficiente y, además, iría acompañada por una amiga a quien también le habían concedido el intercambio. Algo semejante le ocurrió a Unai Sampedro, un alumno de enfermería al que le habían dicho que «a la enfermería en Argentina se le daba un toque muy personal» y, como él indica, «se me quedó en la cabeza que tenía que conseguir hacer el convenio bilateral -un período de estudios en un país no europeo- e ir a Buenos Aires». «Me mandaron un mensaje diciendo que se anulaba y que pensara si quería hacerlo el segundo cuatrimestre, pero teniendo asignaturas anuales...», explica el alumno, que tendría que hacer un año más si partiese sus materias con el convenio.

Angie cuenta que «pensándolo bien, al final rechazamos», por lo que tuvo que «hacer una carta explicando por qué renunciaba». Con todo, la joven aún guarda esperanzas de que la situación mejore y pueda acabar la carrera habiendo vivido la experiencia: «Estoy entre triste y contenta porque aún me queda un año más y puedo hacer el Erasmus en cuarto».

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