«En el aeropuerto no encontraban un papel y tuvo que intervenir el cónsul»

Consiguió regresar desde La Habana en un vuelo de repatriación tras semanas de intentos para salir de la isla


Lalín / La Voz

De raíces gallegas por parte de padre, la familia de José Raúl Rivera Verdecia se trasladó a Lalín desde Cuba cuando el era muy pequeño, para que el niño pudiera ser tratado de una enfermedad. Después de realizar el Bachillerato aquí, José Raúl regresó a tierras cubanas para continuar sus estudios con los ojos puestos en la carrera de Medicina. En la isla caribeña realizó un curso de transición, los exámenes de ingreso y lo que allí se llama servicio socialmente útil, como un sustitutivo del servicio militar y que consiste en la realización de trabajos para la comunidad, él en una escuela. Explica que «pensé que ya no era cubano y no tendría que hacerlo, pero sí».

Pasó las Navidades con su familia y regresó a Cuba tras las fiestas para continuar los estudios. Su madre, Leticia, comenta que «desde finales de marzo llevábamos luchando para conseguir que volviera, aunque la travesía era peligrosa con el riesgo de subirse a un avión con mucha gente». Lo que les tranquilizó es que José Raúl estaba en la provincia de Granma, donde el coronavirus apenas tuvo incidencia. Leticia Verdecia cuenta que «allí no hay ningún caso y sabíamos que por lo menos estaba seguro».

El regreso no fue fácil. Sus padres tuvieron que encontrar sitio en un vuelo de repatriación y hacer todos los trámites. José Raúl Rivera comenta que «me llevó al aeropuerto un señor en el coche de mi familia y son unas doce horas de viaje», para recorrer unos 750 kilómetros casi de punta a punta de a isla. «Una vez en el aeropuerto no me dejaban subir al avión porque decían que no había mandado un papel de inmigración. El papel lo había mandado mi madre dos veces y mi abuela otra, pero no lo encontraban. Menos mal que estaba allí el cónsul. Él lo tenía y pudo intervenir y arreglarlo, porque si no no sé qué haría porque me quedé solo», cuenta. Desde La Habana voló a Madrid y allí lo estaban esperando sus padres. De vuelta guardó una cuarentena que acaba de terminar. El domingo ya pudo recibir la visita de sus abuelos maternos y de sus tíos.

En condiciones normales, a finales de agosto, tendría que empezar la carrera de Medicina en Cuba, pero «con esto del coronavirus ya nos avisaron de que se retrasa y será en noviembre».

«Estoy deseando empezar porque desde pequeño lo tenía claro», dice. Su padre y su hermana son médicos y su madre es enfermera, así que la profesión le viene de familia.

Todos están encantados de tenerlo de vuelta en casa sano y salvo. José Raúl está esperando ya dar una pequeña vuelta por Lalín para ver a alguno de sus amigos. En Cuba, sobre el 23 de marzo ya se avisó del inmediato cierre de fronteras y empezó el confinamiento. José Raúl cuenta que «hay restricciones como llevar mascarilla y guardar las distancias o no salir, pero la gente se lo toma a broma y hay colas enormes para entrar en las tiendas».

En Cuba, José Raúl vive con su abuela «y en la casa de al lado están mis tías». Cuenta que «yo no soy de salir, así que estuve en casa». Las conexiones de Internet son malas y muy caras, con lo que «lo que me salva es la lectura, voy cargado de libros y leo mucho, además cada vez que vengo aquí me descargo series y juegos para llevar».

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«En el aeropuerto no encontraban un papel y tuvo que intervenir el cónsul»