Los Erasmus del confinamiento están varados

Parte de los más de mil gallegos becados en otros países hacen encaje de bolillos para cuadrar la vuelta a casa


Redacción

Cada año son cientos los estudiantes de universidades gallegas que optan por completar el curso (íntegro o la mitad) en otros centros del extranjero. Y aquellos a los que el segundo trimestre de la campaña 19/20 los ha cogido fuera pasarán a la historia como los Erasmus del confinamiento, los que apenas se han podido mover de sus lugares de acogida.

Cuando a mediados de marzo se empezaron a disparar los índices de la pandemia, muchos optaron por adelantar su regreso, sobre todo los que estaban en países más golpeados por el covid-19, como Italia. Otros se decantaron por quedarse, a la espera de acontecimientos. Y los que ahora todavía siguen en sus destinos se están encontrando con no pocos problemas para organizar el viaje de vuelta.

Cada caso tiene sus peculiaridades. No es lo mismo verse en Alemania, dónde existen más posibilidades de lograr algún vuelo, que en Rumanía. Hay embajadas que se implican más y otras que tienden a desentenderse. No resulta nada fácil armar un viaje. Y tampoco es barato.

En el programa Erasmus la intendencia corre a cuenta del alumno, independientemente de las ayudas que pueda solicitar y recibir. Es el que tiene que gestionar el alojamiento, las materias que va a cursar y las que le convalidarán, también el viaje.

Un episodio como el que relatan fuentes de la Universidade da Coruña (UDC) es significativo de lo cambiante y complicado del contexto. En mayo, en colaboración con otras universidades andaluzas, pudieron ofrecer a algunos estudiantes en Polonia el regreso en bus. El coste era de 500 euros, y la UDC estaba en disposición de asumir el 80 %. No se cubrieron las plazas, porque los alumnos querían apurar el curso.

Reparto por universidades

De la Universidade de Santiago partieron este curso 580 alumnos, sumados diferentes programas y convenios, y ha recibido a 759. De la de Vigo había en el segundo cuatrimestre 455 en otros centros y a finales de abril todavía estaban fueran 240; de fuera le llegaron 354. Y de la de A Coruña salieron 289 y entraron 759.

Sergio Sáez, Erasmus en Irlanda: «Me sumé a un vuelo chárter con otros españoles»

Tendría que haber regresado de Dublín a Madrid en un vuelo de Aer Lingus el 28 de mayo, pero semanas antes Sergio Sáez se vio obligado a buscar un plan B. «Cancelaron mi vuelo y en mayo se acababa mi alquiler», recuerda este joven vigués de 20 años. La pandemia le pilló de Erasmus en Galway, donde ha estudiado este curso Comercio. «En un inicio me planteé volver a casa, pero mi familia y yo nos pusimos en contacto con Sanidad, la embajada... para explicarles mi situación y nos recomendaron que me quedase porque en Irlanda se estaban haciendo las cosas bien y había muchísimos menos muertos que en España», explica Sergio. Así que su confinamiento lo ha pasado en el apartamento de su residencia de estudiantes que compartía con otros dos chicos, un irlandés que regresó a su casa y otro gallego que volvió a España al principio de la crisis sanitaria.

La universidad irlandesa canceló las clases a la par que en España, así que Sáez continuó el curso de forma virtual. Reconoce que tuvo suerte porque la residencia se halla algo alejada del centro de la ciudad. «No hubo un inicio de cuarentena estricto. Podíamos salir a hacer deporte o pasear, eso sí, en un rango muy pequeño, cerquita de donde vives», recuerda.

Con el avance de la crisis llegó el mes de mayo y Sergio se vio en la encrucijada de empezar a organizar cómo regresar a Galicia «Yo tenía el avión ya pillado desde enero y la compañía dijo que reabría en mayo, pero fueron cancelando todos los vuelos», indica. Con otros Erasmus españoles en su misma situación conoció un vuelo chárter que estaba organizando un chico leonés que trabaja en Irlanda como camarero y pudo volar hasta Madrid la semana pasada. «Me sumé. Tenía que buscar una solución rápida y fue perfecto. Los organizadores nos ayudaron en todo, solo puedo agradecérselo», reseña. Ahora quedaba la aventura de cruzar medio país hasta Galicia. «Otro chico gallego y una de Ponferrada alquilamos un coche en el aeropuerto. Llevábamos los papeles de la embajada, el billete de avión, nuestra dirección de casa... Todo lo que nos recomendaron. Pero la verdad es que no nos paró nadie», relata. Ahora cumple cuarentena, pero muy feliz, en casa.

Inés Fernández, Erasmus en Polonia: «Todavía no sé cuándo ni cómo regresaré»

Inés Fernández cursa tercero de Turismo en A Coruña. El 6 de febrero aterrizó en Polonia, en la Universidad de Gdynia, para completar el segundo cuatrimestre en el marco del programa Erasmus. Contaba con empezar el curso el día 10, pero por un error administrativo tuvo que esperar al 25, sin ocasión de conocer a sus nuevos compañeros en ese intervalo. Y a mediados de marzo empezó el confinamiento. Hasta el pasado fin de semana no pudo realizar ninguna excursión. Aprovechando la reapertura de hoteles y comunicaciones ferroviarias no dejó pasar la oportunidad de desplazarse a Varsovia.

En medio quedaron dos meses de aislamiento que ha llevado con buen ánimo: «En la residencia somos unos doscientos estudiantes y solo nos quedamos 29». Entre ellos, «tres de los seis amigos de Erasmus», con los que podía coincidir en las instalaciones.

Viendo que la situación sanitaria en Polonia estaba más controlada que en España, tuvo claro desde el principio que quería completar el cuatrimestre. Ahora llega el momento de ir poniendo punto final a la experiencia y le está costando cuadrar fechas y plan de viaje: «Todavía no sé cuando regresaré», admite.

Hace unas semanas le llegó un aviso de una iniciativa impulsada por varias universidades para organizar un viaje en autobús, supeditada a que se cubriesen las 25 plazas disponibles. No cuajó.

Los estudiantes españoles decidieron ponerse manos a la obra: «Creamos un grupo de WhatsApp con un documento en el que había que poner nombre, apellidos, DNI, universidad en Polonia y lugar de destino. Nos apuntamos 30, todos interesados en volver en autobús antes de finales de mayo. Lo enviamos el 17 de mayo al Servicio Español para la Internacionalización de la Educación, y no hemos recibido respuesta. Alguno ya cogió billete en un chárter que se organizó de Varsovia a Madrid, por lo que ya no somos 30».

Está buscando alternativas, entre otras, «viajar a Alemania e intentar coger ahí un vuelo». En la residencia no tiene fijada fecha de salida, pero tampoco puede demorar su estancia sine die. Lo que no le falla es el talante tranquilo ni la confianza en que acabará encontrando una salida.

Noelia Ferreiro, Erasmus en Italia: «Nos queremos quedar en verano porque no hemos conocido Sicilia» 

¿Se imagina pasar la cuarentena con alguien que conoce hace apenas un mes? Fue el escenario que sorprendió a Noelia Ferreiro, de 21 años. Decidió cambiar Vigo por Enna, en Sicilia, para estudiar el segundo cuatrimestre de este curso de Economía como Erasmus. Y en un mes le pilló el estallido de la pandemia en el epicentro de la propagación del virus en Europa. «Estábamos un grupo de chicas de turismo en Roma cuando decretaron el confinamiento. Mi compañera de piso aprovechó y se pilló un ferri a Barcelona, pero yo decidí quedarme», recuerda. Pero, al regresar de su viaje de Roma a su casa de alquiler en Sicilia, tuvo que someterse a la prueba. «Veníamos de uno de los sitios más peligrosos, así que nos mandaron hacernos la prueba y fue duro esperar por los resultados, pero todo salió bien y me dio negativo», explica. Así se confinó con su otro compañero de piso, también español. «Es difícil porque estás 24 horas del día con alguien que apenas conoces, pero nos fue muy bien», agradece. Ya que las clases online tardaron en ponerse en marcha, trataron de pasar los días ociosos. «Confeccionamos nuestro Monopoli con hojas de papel, jugábamos a las cartas...», recuerda.

Lo peor para ella de la experiencia, señala, fue pasar el confinamiento lejos de la familia. «Hablamos todos los días para tranquilizarlos», señala.

Ahora, poco a poco, al igual que en España, comienza a disfrutar de los beneficios de la desescalada. Al principio, anota, fue solo correr o pasear por el entorno de la vivienda. Luego, poder visitar la casa de familiares -«a nosotros nos dejaron ir a ver a otros españoles», explica- y la última apertura ha sido la de las terrazas. «He visto fotografías de España y aquí se vigila más», indica.

Su idea es quedarse en Italia hasta que terminen las clases y extender un par de semanas más su estancia en julio. «Nos queremos quedar porque en verdad, con la pandemia, no hemos podido conocer Sicilia», lamenta.

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