La crisis la privó de su trabajo como delineante tras diez años ejerciendo. Entonces decidió gastar sus ahorros en educación. Ahora cursa en la capital griega el tercer año de Educación Primaria con esperanza de regresar, a sus 36 años, al mundo laboral del que salió sin desearlo
24 mar 2014 . Actualizado a las 20:58 h.«Yo no soy la típica estudiante Erasmus». Directa y a la vez llamativa es la presentación de Paula Domínguez, de Tui, que reconoce sufrir las penurias que conlleva subsistir con la anoréxica cuantía que aporta el Gobierno español para estas becas, que en su caso la han llevado hasta Atenas. La suya, efectivamente, es una historia poco común en este submundo de aulas, alegría, viajes y largas noches de fiesta. Ahora tiene 36 años y, como dice, «solo pienso en el futuro». Eso sí, de la vida y la alegría del pueblo que la ha acogido no se priva. Su vida empezó a cambiar tras una década trabajando como delineante. «Con la crisis, me quedé sin trabajo y decidí emplear mis ahorros para hacer esta carrera, ya que me encanta la educación y los niños». También confiesa que acabó en Grecia casi por casualidad. El destino que había elegido como primera opción era Noruega, para conocer su sistema docente, pero no tenía la acreditación de inglés que le pedían y, por eso, acabó en la capital griega. «Tuve un comienzo bastante accidentado por la situación en la que se encontraba esta universidad hace un par de meses. Estuve a punto de rechazar la beca, pero al final, aún siendo una cuantía miserable la que nos dan en España, respecto a las que dan en otros países, me salía más barato estar aquí que quedarme en casa».
Y así fue como ha tenido la oportunidad de descubrir una nación con muchas cosas positivas. «La gente, que es acogedora y muy abierta, el clima, la cultura, que ocupa todas las esquinas, sus leyendas, monumentos, museos o iglesias, obras de teatro cada día.... Los estudiantes podemos ir al gimnasio de la universidad gratis, comer y cenar gratis, entrar a los museos gratis y así muchas cosas más. Si tienes dinero ya son miles los planes que puedes hacer». En el lado negativo de la balanza también hay razones de peso para echar la vista a su Galicia natal. «Grecia es un país caótico; no son nada formales con los servicios públicos. Por ejemplo, el autobús llega y sale cuando le parece; fuman en locales públicos, incluidos los profesores en sus oficinas de la universidad aunque tienen a sus espaldas, colgado en la pared, un cartel de 'prohibido fumar'; los coches se saltan los semáforos y para cruzar, además de que apenas se ven los pasos de peatones, tienes que ir con mucho cuidado. En temas burocráticos es un horror. También hay policías por todas partes, antidisturbios y autobuses blindados... y esto impone bastante. Convocan muchas manifestaciones y nunca sabes cuándo te vas a quedar estancada en tu camino de vuelta a casa».
En el caso de Paula la experiencia en el extranjero está siendo durante el segundo cuatrimestre. Así que su intención es disfrutar de la experiencia y, de paso, conocer un pueblo lejano, una cultura clásica pero con un presente convulso y diferente al asentado en el corazón del Viejo Continente.