Aaron Siebert, el niño de Nigrán con una orquesta en la punta de los dedos

El músico acaba de estrenar, a los 23 años, su primera obra sinfónica en Galicia


Redacción / La Voz

Es un talento precoz. Empezó a escribir música muy temprano. Nacido en Virginia en 1996, de padre neoyorquino y madre viguesa, a los 3 años Aaron Siebert Sio estaba instalado con su familia en Nigrán. Apenas un decenio después comenzó a tomarse la composición «en serio». Aunque no sabía aún qué camino tomaría, buscaba referencias: «En el mundo clásico no encajaba del todo, fuera tampoco. Siempre tenía imágenes en la cabeza e hilvanaba la música que iba saliendo». Fue así como, con solo 14 años, en el 2010, vio la película de Christopher Nolan El origen, protagonizada por Leonardo DiCaprio, y quedó fascinado no por los actores o la historia sino por su banda sonora, obra de Hans Zimmer, un afamado autor en la industria hollywoodiense.

Le sedujo cómo combinaba los sonidos. Enseguida empezó a indagar el funcionamiento de las herramientas de la orquestación virtual, y cómo se ha desarrollado esa tecnología en gran medida gracias al cine. Estudió cómo trabajaba Zimmer: graba los instrumentos y mediante aplicaciones informáticas los puede tocar después con el piano: «Tienes una orquesta en la punta de los dedos. No hay límite de instrumentos, controlas el volumen, no hay presupuestos... La mezclas y la manipulación elevan la creatividad a un nivel totalmente nuevo». A sus 14 años, Siebert intuyó ya «el futuro, hacia dónde va la música». Y se impuso un desafío íntimo, trabajar con Zimmer.

Cuatro años después llegó a Nueva York para estudiar con el compositor y profesor compostelano Octavio Vázquez, con cuya música se sentía identificado. «Buscaba maestros, cada uno tiene su forma de entender la música y la suya me gustaba».

Tuvo que impulsar unha campaña de crowdfunding para poder completar la financiación de la matrícula -40.000 dolares-, ya que la mayor beca del departamento de música del Nazareth College solo alcanzaba para el 80%. Se ofreció para componer obras para particulares a un dólar el segundo. «En EE.UU. tienes que rendir a un muy alto nivel y si no lo alcanzas es mejor dejarlo. Y es que resulta muy difícil predecir todos los factores, tu capacidad, las circunstancias, la carrera, el talento... para decidirte a pedir un crédito y endeudarse de esa manera tan brutal».

Con Octavio Vázquez concluyó el doble grado de composición y piano, y después se incorporó a la Eastman School of Music, en la Universidad de Rochester, para realizar el máster de música para cine, videojuegos y medios audiovisuales. Se graduó en mayo, en plena pandemia, y fue el covid lo que retrasó la conclusión de la película que rodó en Galicia en el verano del 2019 -dirige, produce y también compone la música, claro- como tesis de fin de máster en bandas sonoras y proyectos cinematográficos. El filme, Elas, de 35 minutos, está basado en la vida de su abuela y es una especie de reflexión sobre el enérgico (y no siempre visible) papel de la mujer en la historia y la constrcción de Galicia, especialmente en los momentos duros de miseria y emigración.

Su pasión por la música para cine era un sueño ya de adolescente. «Qué mejor que hacer cine tú mismo para poder tener el control sobre la utilización de la música, y así realizar películas con un mensaje de valor para el mundo, cine que merezca la pena. Por que no es tanto llegar a un sitio sino cómo llegas, de lo contrario, ¿para qué vale el trabajo?», se pregunta Siebert.

El sueño aquel incluía aprender con Hans Zimmer, conocerlo. Pues bien, ya en el 2016, en su primer año en EE.UU., tuvo la fortuna de entrar como becario en el estudio angelino de Zimmer. «Fue un golpe de realidad», admite el joven artista, que comprobó cómo se las gasta Hollywood, el grado de profesionalización y de exigencia de la industria, en un taller en el que nunca llegó a ver a Zimmer, en el que trabajan muchas personas y en el que están integrados otros compositores de forma independiente. La dimensión del negocio es muy distinta a la de Europa.

En el cine al menos hay dinero. Hasta Morricone tuvo que elegir, decía que la música para concierto no le daba para alimentar a su familia. Pero Siebert, asegura, sigue dividido entre la música para concierto y la de cine, y que practica ambas con igual pasión. El pasado 26 de noviembre, de la mano de la Real Filharmonía, estrenaba en Santiago su primera obra sinfónica en Galicia, Memorias dun neno labrego, inspirada en la novela de Neira Vilas.

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