David Aramburu: «Aquí ya había polarización antes de Trump, pero nunca tan exteriorizada»

El físico médico ourensano trabaja en un hospital oncológico en la ciudad de Nueva York, el Memorial Sloan Kettering Cancer Center


ourense / la voz

En Manhattan, el corazón de Nueva York, se ha asentado David Aramburu, físico médico ourensano que se marchó a hacer las Américas en el año 2015. Se formó en el hospital Meixoeiro de Vigo y una estancia de tres meses por una rotación de investigación le animó a cruzar el Atlántico para embarcarse en el hospital Memorial Sloan Kettering Cancer Center. «Al acabar estos tres meses me ofrecieron un año más de contrato. Seguí trabajando, luego pasé a ser jefe de residentes y hasta hoy», cuenta.

Nacido en el año 1983 en la ciudad de As Burgas, Aramburu sonríe durante la videollamada al explicar en qué consiste exactamente su puesto. «Un físico médico en radioterapia establece y desarrolla los procedimientos de dosimetría, la planificación y administración de tratamiento, el aseguramiento de la calidad de los procesos y equipamiento, y de seguridad y protección radiológica», cuenta. En el Sloan Kettering Cancer Center no han parado desde que comenzó la epidemia. «Es uno de los hospitales oncológicos más importantes del mundo. Desde Marie Curie al reciente Nobel de Medicina, James Allison, han pasado por el Memorial», agrega. Allí también han tratado a personas afectadas por cáncer y covid-19 a la vez que han estado en el área de críticos.

En el hospital donde trabaja Aramburu, un equipo especializado se dedica a buscar recursos económicos para financiar el tratamiento a personas que tal vez no puedan costeárselo. «Cuando se trata de pacientes que solo puedan ser atendidos aquí, ellos se ponen manos a la obra. Puede ser a través de donaciones u otras fórmulas», indica. El joven ourensano cuenta que, en los Estados Unidos, «como en todas las sociedades, hay una brecha económica que evidentemente existe y que igual aquí se nota más». No quedan lejos las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, con Biden y Trump en liza. El clima, en general, parece extraño. «En el país ya se percibía una polarización antes de que llegase Trump, pero creo que nunca llegó a exteriorizarse tanto como se ha hecho patente ahora. Se ha alcanzado el pico este año, creo que porque han coincidido muchos factores: además del virus, también se ha notado la cuestión del racismo con el caso de George Floyd», dice Aramburu.

El golpe constante de la epidemia a la sociedad estadounidense también se palpa en las calles. El bullicio y locura inherentes a las calles de Manhattan parecen cosa del pasado. «Hay muchas tiendas y comercios cerrados. Días en los que prácticamente no ves a nadie por las calles. Es como si estás en Ourense dando una vuelta por el Paseo, un sábado por la mañana, y no te encuentras persona alguna», compara. Al principio de la primera ola, cuando Europa iba con algunos días de adelanto en la incidencia del virus con respecto al continente americano, las pautas para contener la epidemia parecían confusas. Ahora, todo ha cambiado. «Ves que la gente se ha concienciado mucho más. Todo el mundo va con mascarilla y se practica la distancia social, algo que se plasma en los bares y restaurantes. Ya no es la misma imagen que veíamos al inicio», comenta.

Sus dos pies están en los Estados Unidos, aunque Aramburu no olvida su tierra. «Siempre pienso en volver y tengo morriña de Galicia», dice. Sin embargo, su vida está ahora ligada al país que le acogió. Nunca llegó pensando en echar raíces allí, pero así ha sido. «Mi situación profesional aquí es un sueño, y estoy muy feliz a nivel personal», razona.

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