«Llevamos dos meses para que nuestra abuela vuelva a casa desde EE.UU.»

A sus 73 años, Mari Flor Arestín viajó en febrero a Nueva York para ver a su hermano y siguen sin fecha para regresar a Galicia


ribeira / la voz

A sus 73 años, Mari Flor Arestín no dudó en coger las maletas y lanzarse a la aventura para visitar a su hermano Manuel. Fue el 29 de febrero cuando tomó el avión dirección a Estados Unidos. Él la esperaba en Long Island, en Nueva York, a donde llegó con 20 años tras convertirse en uno de los supervivientes del naufragio del Guadalete, dragaminas de la Marina que se hundió en el Mediterráneo en el 1954 y que dejó un estremecedor reguero de 34 fallecidos.

Allí esquivó la muerte y tuvo la oportunidad de crear una nueva vida y formar una familia en la Gran Manzana. A sus 88 años, su salud empeoró estas Navidades, lo que hizo que su hermana viajara desde Ribeira para que ambos pudieran verse una vez más, ya que por precaución él no podrá regresar a su localidad natal. Lo que ninguno se esperaba que es la estancia de un mes se haya prolongado dos más. A día de hoy, ambos siguen sin fecha para decirse adiós.

«Llevamos dos meses para que nuestra abuela vuelva a casa desde Estados Unidos. Se iba a quedar hasta el 30 de marzo, pero el día 12 comenzamos a llamar a la aerolínea para adelantar el viaje porque se hablaba de que se cerraba el país. Nos pasaron el billete para el 20, pero ese mismo día le cancelaron el vuelo. Luego se lo aplazaron para abril, para mayo y por último para el 7 de junio, pero ya no avisaron de que es posible que no vuelva hasta finales de verano». La que habla es Andrea Folgar, nieta de Mari Flor, quien ha removido cielo y tierra para que su abuela pueda volver cuanto antes.

En buenas manos

«Está muy bien cuidada, eso no nos cabe duda, pero no es su casa, ni está con son sus hijos. A veces tiene ansiedad y está preocupada por lo que pasa aquí», confiesa la ribeirense, que incluso se planteó ir a Estados Unidos a buscarla: «Pensé en comprar un billete, tuviera las escalas que tuviera, cogerla y venirme con ella, pero imagínate que al final me quedo yo allí sin poder volver».

Buscaron todas las opciones posibles: «Miramos un avión de Lufthansa y otro de British Airways que hace escala en Londres, pero tampoco nos aseguraban que salgan después de Londres para España. No nos dan ni asistencia de viaje [Mari Flor viaja silla de ruedas] ni seguro de cancelación. Al final sería peor el remedio que la enfermedad. ¿Cómo la vamos a meter en un avión a Londres o a Frankfurt con el riesgo de que se quede tirada en la terminal de un aeropuerto?».

«A min aquí trátanme coma se foran meus fillos, pero boto en falta a miña casa e máis ou meus», explica desde Long Island Mari Flor Arestín: «Non entendo como nos poden deixar tirados así, nesta situación delicada e sendo persoas de risco». «Llamé a la embajada y a un número de emergencia del consulado, pero no conseguí ayuda», explica su nieta. Cuenta que solo el alcalde de Ribeira, Manuel Ruiz, logró, a través de la secretaría de emigración de la Xunta, que se estudie la posibilidad de juntar a un grupo de personas que quiera volver a España desde Nueva York: «Quieren ver si hay gente joven que pueda ayudar a los más mayores. No hay nada seguro, pero agradecemos que se preocuparan».

El tratamiento

La familia de la ribeirense también ha tenido problemas para hacerle llegar más medicación. «Le mandamos un paquete el 1 de abril y no le ha llegado nada. Tiene anemia y le hace falta. Allí es complicado de arreglar este asunto. Por lo menos tuvimos suerte y pudimos ampliarle el seguro médico que llevaba desde casa», explica su nieta.

Lo que parecía una gran idea se ha convertido en una pequeña pesadilla. «Cuando se enteró de que su hermano estaba malo le cogimos lo vuelos como regalo. ¡Maldito el día!», afirma su nieta. Aunque siempre dispuesta a la aventura, Mari Flor sabe que le tocará esperar. «Lo más seguro es que no vuelva hasta finales de verano», reconoce Andrea Folgar. A ella le toca seguir luchando para que la abuela regrese ya a casa.

«Nos hemos quedado atrapados en Galicia por el coronavirus»

Elena Silveira
Giada y Alessandro con sus hijos Tommaso, Samuele y Aurora
Giada y Alessandro con sus hijos Tommaso, Samuele y Aurora

Una familia italiana que vive en Ponteceso espera a que se abran las fronteras para hacer la mudanza que preparan desde enero

«Llevamos tres meses preparando la mudanza para regresar a Italia. Tendríamos que haber dejado este piso el pasado martes, día 14, pero nos hemos quedado atrapados en Galicia por culpa del coronavirus». Giada Ricci y su marido Alessandro Tambornini llegaron a Ponteceso hace casi un año, donde ella tiene raíces familiares, buscando oportunidades de vida. Y aunque Alessandro encontró trabajo como instalador de pladur, la adaptación fue dura, especialmente para Samuele, de 6 años, el segundo de sus tres hijos (el pequeño Tommaso tiene 2 años, y la mayor, Aurora, tiene 8). «A pesar de la ayuda de los profesores, en el colegio no llegó a integrarse bien y se burlaban de él. Lo ha pasado muy mal. Y a nosotros también nos ha costado mucho centrarnos y adaptarnos, así que decidimos volver a Lombardía», una de las regiones de Italia más golpeadas por el COVID-19.

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