«Mucha gente lo va a pasar muy mal tal y como funciona la economía en Estados Unidos»

El cocinero coruñés cuenta cómo vive la crisis sanitaria en Nueva York

Fran Novás
Fran Novás

A Coruña / La Voz

La pandemia del coronavirus está afectando con especial virulencia a Nueva York, donde vive con su pareja el cocinero Fran Novás, natural de Culleredo. Trabaja en uno de los restaurantes más prósperos de Manhattan, la taberna Tomiño, elaborando especialidades de la gastronomía gallega. Un establecimiento que ha tenido que cerrar sus puertas ante la alarma sanitaria. «Llevamos ya días tomando medidas, saliendo lo justo, al supermercado y solo las veces necesarias», cuenta el cocinero.

-Parece que se lo toman más en serio que lo que se desprende de las palabras de Donald Trump.

-Es que Nueva York no es muy de Trump. El problema es que parece que cada estado está haciendo la guerra por su lado. Pero en Nueva York la cosa es distinta al resto del país, porque tenemos casi tantos casos de coronavirus como el resto de Estados Unidos en total. El gobernador y el alcalde sí que han empezado a tomar cartas en el asunto, pero a ver en qué termina, porque el presidente Trump no parece darle tanta importancia. Salió estos días en la televisión diciendo que mucha gente muere todos los años de gripe, y que lo importante es la economía, que no se puede tener paradas a miles de personas. Aquí esto se va a disparar.

-¿Está al tanto de cómo están las cosas por España?

-Ahora que tengo tiempo sí que lo sigo, por la radio y demás. Aunque con la diferencia horaria me entero de mucho al día siguiente. Además, estoy en contacto con mi familia.

-¿Cómo están viviendo esta situación?

-Con la distancia todo se agranda, así que hay mucha preocupación. Salieron unas declaraciones del alcalde de Nueva York diciendo que esto había que tratarlo como una guerra, y me empezó a escribir gente desde España diciendo que tuviese cuidado, que si en este país hay muchas armas y que a ver qué iba a pasar. La gente se preocupa más cuando estás lejos, pero es normal.

-La situación es más tranquila.

-Por el momento sí. Pero fíjate, lo único que ha dicho Trump en todo este tiempo con lo que estoy de acuerdo fue cuando llamó a la calma cuando aquí todavía estaba empezando todo y había ya gente haciendo auténticos búnkeres de guerra o refugios nucleares. Dijo que había hablado con las grandes cadenas de supermercados y que las cosas no se iban a acabar. No hay desabastecimiento de ningún tipo, pero han tenido que poner limitaciones porque la gente se llevaba cantidades irracionales de cosas como agua mineral o papel higiénico, que creo que también pasó algo así en España.

-¿Temen la factura que todo esto pueda pasarle a la economía?

-Claro. Mucha gente lo va a pasar muy mal tal y como funciona la economía aquí. Nosotros tenemos mucha suerte porque tenemos algo ahorrado y van a dar algunos subsidios, algo que yo pensaba que era impensable en este país. Pero es que aquí se cobra por semana y la gente lleva una economía muy al día. Es una circulación de dinero constante que, si la cortas de repente, es un descalabro. Las rentas son muy altas, vivir en Nueva York es carísimo. Y no solo en Manhattan, sino en muchas zonas de Queens o Brooklyn. De hecho muchos de los que trabajan conmigo en el restaurante viven en Nueva Jersey. Afortunadamente, nuestros jefes en el restaurante están intentando echar una mano.

-En estos momentos tienen el restaurante cerrado.

-Sí. Tomamos la decisión de cerrar el restaurante el día anterior a que los cierres se hiciesen oficiales. Los jefes llevaban días hablándolo, viendo cuál era la mejor solución, y decidieron adelantarse al aviso de que la hostelería debía cerrar. Había la posibilidad de mantener abierto el restaurante con la opción de entrega a domicilio, pero prefirieron no correr riesgos.

«Costó meter el pulpo á feira, pero ahora es nuestro plato estrella»

En el 192 de Grand Street, cerca del Soho, está Tomiño, el restaurante que desde su apertura en octubre del 2017 ha puesto de moda la gastronomía gallega en Manhattan y en cuya cocina está Fran Novás.

-Tomiño se ha convertido en un referente en la ciudad.

-Al principio costó entrarle al público americano, pero ahora va muy bien, la verdad. Por ejemplo, nos devolvieron a cocina un montón de pulpos á feira. Les daba reparo la textura del pulpo cocido. Costó meterlo, pero ahora es uno de nuestros platos estrella. Servimos unos 80 o 90 pulpos por semana, y en tapas, que no son grandes raciones. Es muchísimo, teniendo en cuenta que esto no es una pulpeira.

-¿Cómo lleva vivir en una ciudad como Nueva York?

-Para mí es un sueño hecho realidad. Hace poco me recordaba un amigo que con 16 años yo no paraba de decir que mi objetivo era vivir en Nueva York. Después me fui resignando, y ya me valía cualquier otra zona de Estados Unidos. Y cuando casi tenía la idea aparcada surge la oportunidad. Así que cuando me lo ofrecieron, no lo dudé. Lo más duro fue el tema de los visados, tener que esperar por ellos, que no llegan, hablando con abogados... Por lo demás, soy un afortunado, porque a mí me vinieron a recoger al aeropuerto con las llaves de mi piso en la mano. Lo tuve muy fácil. Ni el idioma fue un problema.

-¿Se acostumbró rápido?

-¡Es que en el restaurante todo el mundo habla español! El único que no lo hacía era un chico portugués, que ya ves tú el problema. Al final tenía que insistir en que me hablasen en inglés para obligarme a empaparme del idioma. Pero sí, al principio ni me enteraba de que me estaban preguntando algo.

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