Luis Bello: «Santiago tiene que abrirse al mundo, tiene que ofrecerse mucho más»

Responsable de comunicación de la capitalidad cultural europea del 2000 y ahora productor en Atlanta, recala por unos meses en la ciudad para empaparse de nuevo de Compostela


Vale que no todos los días uno se lo encuentra comprando el pan en la Algalia o de vinos en la Raíña. Qué le vamos a hacer, algunos rostros de Compostela tienen que dejar Galicia porque su talento están llamados a trascender esta ciudad de piedra. Y esa cara familiar desaparece de Santiago para aparecer en la toma de posesión de Barack Obama, de la que guarda el recuerdo de una emoción contenida y un frío que pela. O es la que se sube al escenario a recoger un Emmy. Bien lo valía aquella serie sobre automóviles de lujo para Univision. Ahora su horizonte ya no es la Quintana. Es Latinoamérica.

La oportunidad es ahora. Como cada año, Luis Bello regresa. Y su rostro se mezcla con las otras cien mil caras de Compostela. Es periodista, a pesar de todo. De estos que aprendieron el oficio a base de aporrear las teclas. Fue aquí mismo. En estas mismas páginas en las que se depositan las líneas apresuradas de los que escribimos contra el tiempo porque la vida jamás espera. Hacía radio y escribía en la Rúa do Vilar. «La Voz fue mi escuela». Lo cuenta delante de un café, a gorro quitado, después de haberse empapado bien de Compostela.

Hace veinte años que cruzó el océano para instalarse en Atlanta. «Yo me fui para aprender inglés, CNN me hizo una oferta». Fue justo después de haber ejercido de jefe de prensa de la capitalidad europea. «Al terminar el año, el dossier de prensa de Compostela 2000 era como aquella enciclopedia», dice señalando los lomos rojos de la estantería. No recuerda el número de tomos, ni las notas de prensa que escribí pero sí que hubo más actos que días tiene el año» y que en algunos actos hubo más de 300 periodistas. Y recuerda especialmente una exposición, que se llamaba Rostros de Dios. «Fue una exposición fuera de serie. Había piezas desde el Museo Egipcio hasta el British Museum. Era una pasada». Como esa, recuerda otras veinte. Y que la capitalidad europea de la cultura «Marcó un antes y un después en la ciudad y para mí».

Y ahora, veinte años después, con una empresa de comunicación pujante en Atlanta, ¿cómo se ve Compostela con ojos de fuera? «Santiago debería estar recibiendo mejores frutos, ha tenido golpes muy duros y en los últimos años la ciudad se ha cerrado un poco en sí misma», reconoce. Y sin embargo, «Santiago es una ciudad que se tiene que abrir al mundo, tiene que ofrecerse mucho más y tiene mucho que proyectar».

Estas Navidades, Luis Bello viene con un regalo debajo del brazo. Es algo así como un Santa Claus a la noiesa. Porque como tantos otros rostros con los que sonríe cada día Santiago, la cara de Luis Bello Juanatey nació en otra tierra. En la Casa da Cultura de Noia ha dejado este año el presente. Se llama Pasaporte a Latinoamérica. Treinta instantáneas y una webserie que aportan una mirada nueva. «Al trabajar en comunicación, uno tiene contactos con gente que siempre te lleva a sitios a los que no va normalmente gente que llega de otro país». Durante la semana, traje, corbata y reuniones con los altos cargos de los principales medios de Latinoamérica. «No quería perder la vena periodística y quería recoger todos esos momentos tan increíbles, esos países tan maravillosos». Así que con anfitriones de lujo, corresponsales de CNN, descubría otra Latinoamérica. A este lado del Atlántico tenía a Fran Otero, que manejaba el mundo con sus ojos. Era un guardián enfermo de ELA. «Las fotos que voy a ir tomando las voy a ir compartiendo contigo», le dijo Luis antes de salir de Sada rumbo a Londres y a Latinoamérica.

Esta exposición es también una llamada de atención. «Me parece muy injusto como tratamos normalmente a países como México y como tratamos a los inmigrantes. Hay que respetarlos y valorarlos, no discriminarlos como está sucediendo aquí, en España». Palabra de extranjero. Él, emigrante en Estados Unidos, tiene la autoridad suficiente para denunciar la injusticia. La ha vivido.

«La capitalidad de la cultura marcó un antes y un después para la ciudad y para mí»

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