«Regresaré algún día. ¿Cuál? No lo sé»

Daniel López, Ingeniero de Caminos, dejó su Coruña natal hace ya cuatro años en busca de trabajo

Daniel López en un desierto próximo a la frontera entre México y Estados Unidos
Daniel López en un desierto próximo a la frontera entre México y Estados Unidos
O. S.
La Voz

Enero del 2016. Daniel López tomaba un avión de ida sin, todavía hoy, billete de regreso. Se despedía de A Coruña y ponía rumbo a Veracruz, México. Desde ese momento, una serie de diferentes ciudades se convirtieron en su hogar. Nogales, Chicago y Houston vinieron después. 

Amanece en la ciudad más grande del sur de Estados Unidos y Daniel ya está trabajando. «Por motivos de empleo dejé Coruña. Me contrataron para ir a México, y me fui. Me ofrecieron un mejor proyecto», explica desde la distancia.

No duda en afirmar que en temas de ingeniería México y España guardan unas similitudes. «No suele haber horarios. Entras muy temprano, y te vas muy tarde. Se trabaja de lunes a sábados y dan igual los festivos», argumenta. Comienza entonces a hablar de las condiciones laborales y una breve pausa procede a sus palabras. «Por suerte he estado con una empresa española y mantuve ciertos derechos», sentencia. Una suerte que le siguió en su camino a Estados Unidos. Allí trabaja en una firma americana pero de origen español; una ventaja, teniendo en cuenta que los «derechos en tema de seguridad social están bastante más recortados». Sin embargo recalca que «por mucho jefe que seas, o mucho salario que tengas, no hay vacaciones».

La realidad de los Ingenieros de Caminos en España no le deja indiferente. «Es difícil que todos tengamos trabajo. No es un sector que tenga mucho futuro», observa. En Estados Unidos, el giro de 180 grados es claro: «la cantidad de proyectos que hay es inmensa, todos los días hay licitaciones, se sacan proyectos a la luz. La oportunidad aquí es muchísimo más alta». Aunque también deja claro cómo el tamaño del país influye en esta situación.

Diferente, distinto. Así es como ha notado el trato de las personas en los dos países fronterizos en el ámbito laboral. En México cree que es muy difícil trabajar: «Hay mucha diferencia social, mucha pobreza», sentencia. Mientras, en su nuevo destino «el trato es más serio» y explica que aunque existe diferencia entre un obrero y un ingeniero, la línea está más pegada.

Para Daniel López, adaptarse a sus nuevos trabajos ha sido fácil. Sin embargo, la realidad al llegar al golfo de México, fue otra más distinta. «Me costó adaptarme a los riesgos que tiene el país. Por los temas de secuestros, siempre vas con un poco de miedo». Un miedo que le duró en el cuerpo tan solo unos meses, a pesar de ser consciente de que el peligro estaría igualmente presente.

De Chicago a Houston

Comenzaba junio, y Houston se convirtió en su cuarto destino. «La ciudad se parece más a las de España que lo que se pueden parecer Veracruz o Nogales». Ya asentado en el estado de Texas, afirma que su vida ha mejorado y también sus condiciones laborales. «Tengo la suerte de tener un aeropuerto internacional que me permite tomar vuelos a Chicago», dice. Las idas y venidas a la conocida como Segunda Ciudad se han hecho frecuentes para el gallego pues su mujer, también de A Coruña, sigue viviendo allí. «Voy a verla todos los fines de semana, o viene ella aquí». Una distancia que no es la primera vez que separa a ambos coruñeses: durante su período en México, tenía la posibilidad de verla cada cuatro o cinco meses, incluso a veces más tiempo.

La soledad del emigrante inunda a este gallego. Sin su familia y amigos, «que son toda mi vida», los fines de semana poco se diferencian de los días de trabajo. «Hay veces que no te apetece hacer nada porque no está la gente con la que querrías hacerlo», expone. Y de hecho, regresar a casa ocupa un espacio de los sueños de Daniel López. A pesar de que no sabe a ciencia cierta cuándo llegará el día de comprar ese billete de regreso, sí tiene claro que volverá.

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«Regresaré algún día. ¿Cuál? No lo sé»