«Creamos modelos para predecir si un fármaco anticáncer funcionará o no»

Ganadora del premio Ada Byron de los ingenieros informáticos gallegos, trabaja por atraer a la mujer a las ingenierías


REDACCIÓN / LA VOZ

Llegó a Estados Unidos en el 2001 para una estancia de seis meses en la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, pero todavía sigue en el país. Ahora como catedrática de Comunicación Digital y Procesamiento de la Señal en la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, donde empezó a trabajar hace 17 años y en la que también dirige el programa Mujeres en la Ciencia y en la Ingeniería (Wise) desde el 2016. A lo largo de su trayectoria en el país, Mónica Fernández Bugallo (Ferrol, 1975) ha recibido numerosos reconocimientos, tanto en el ámbito de la investigación como de la educación, a los que ahora se suma el premio Ada Byron que le acaba de conceder el Colexio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia (CPEIG). Pese a la distancia, sigue siendo profeta en una tierra donde nació y se formó como informática en la Universidade da Coruña y a la que le gustaría volver.

-¿Por qué las mujeres estudian menos carreras tecnológicas, de ingeniería o matemáticas?

-Los estereotipos son importantes; también hay motivos culturales, por los que en los colegios animan más a los chicos a participar en este tipo de carreras: muchas veces por falta de oportunidad.... Es un cúmulo de circunstancias y factores, pero no es porque a las chicas no les gusten o no estén capacitadas.

-¿Quizás sea que les imponen más, o no tiene nada que ver?

-Insisto en que no es por un motivo, sino por un conjunto de factores. Uno de los motivos que hemos discutido muchas veces es que en la mentalidad femenina siempre se tiene que ver una aplicación a la sociedad y, a lo mejor, cuando ves una carrera como telecomunicaciones pues no le ves en un primer momento el efecto que puede tener, por ejemplo, en la salud pública. No es que las mujeres sean peores en matemáticas o les impongan más respecto, simplemente ven que no les atraen tanto construir circuitos si no le ven una aplicación directa.

-¿Y cómo se consigue?

-En mi trabajo, por ejemplo, intentamos entender el cáncer desde los modelos matemáticos que desarrollo. Es algo que si se lo explico así a una niña igual le atrae mucho más que si le digo que con este modelo o el otro voy a hacer un seguimiento de radares.

-¿Qué actividades organizan para atraer a mujeres o a grupos menos favorecidos a estas careras?

-Por ejemplo, en uno de los proyectos con chicos de instituto, que llamamos El Mariachi, intentábamos detectar rayos cósmicos con técnicas de procesado de señal. Los traíamos aquí en verano, con sus profesores, y les enseñábamos las técnicas, construíamos con ellos el hardware y luego se lo llevaban a sus colegios para detectar rayos cósmicos. Más tarde hacíamos conferencias entre distintos colegios para discutir resultados. Y claro, eso los motiva un montón porque ven una aplicación en la que pueden entender aspectos como el tiempo o la creación del universo a través de una experiencia que relaciona la física con la ingeniería. 

-Usted trabaja, entre otros temas, con modelos matemáticos aplicados a la salud. ¿Puede poner algún ejemplo?

-Tenemos un experimento con gente que trabaja en la evolución del cáncer, que nos dan mediciones de tamaños de tumores. A ellos les interesa entender cómo se ha formado ese tumor a partir de una célula simple. Entonces, nosotros trabajamos en un modelo matemático que lo que intenta es lanzar hipótesis que lo expliquen. Si en este modelo introduces una terapia o un fármaco, puedes predecir qué va a cambiar: si el tumor va a ser mayor o menor. Si un científico necesita hacer este trabajo necesitaría mucho tiempo y mucho dinero, millones de dólares. Con nuestros modelos, que dan buenos resultados, les ahorramos tiempo y dinero.

-¿Podría decirse que desarrollan modelos matemáticos para predecir cómo va a funcionar un fármaco para el cáncer?

-Por ejemplo, sí, sí. Desarrollamos modelos matemáticos para predecir cómo va funcionar un fármaco o un tratamiento para el cáncer, año tras año. Y eso es muy importante. 

«Profesionalmente estoy en EE.UU., pero mi cabeza está en Galicia»

«Para mi, recibir el premio de los ingenieros gallegos ha sido un honor, porque siempre tengo presente mi alma máter, Galicia», explica Mónica Fernández Bugallo, que se doctoró en Informática en la Universidade da Coruña, donde también trabajó en el departamento de Electrónica de Sistemas antes de irse a EE.UU.

-¿Se ha planteado la posibilidad de regresar a Galicia?

-Bueno, yo vine aquí, a Estados Unidos, para pasar seis meses. Se ha extendido un poco más de la cuenta, pero no descarto la posibilidad de volver.

-¿Mantiene la relación profesional con Galicia?

-Sí. En el 2014, por ejemplo, fui capaz de llevar un simposio a A Coruña, con 300 personas, de mi tarea profesional. Y en septiembre de este año voy a llevar otro congreso de 800 personas, que es el más importante de la Sociedad Europea de Procesado de Señal, al Palexco. Siempre que tengo la oportunidad no solo hago referencia a lo que es mi alma máter y a la educación que he recibido y dónde la he recibido, sino que tengo muy presente que soy gallega y que, si tuviera la oportunidad de volverme, estaría encantada de poder contribuir al desarrollo de mi comunidad, de mi universidad y de mi país.

-Pues sí que tiene morriña.

-Ahora mismo profesionalmente estoy aquí, en Estados Unidos, pero personalmente mi cabeza está en Galicia, mi familia está en Galicia y me gustaría, si se diera la circunstancia, poder volver. Ahora estoy en Estados Unidos, pero para mi ser gallega es un orgullo y, dentro de lo que yo pueda hacer, me gusta poner en el mapa a Galicia de alguna manera.

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