Una viveirense en Chicago a -29 grados centígrados: «Si estabas 10 minutos fuera, se te congelaba la piel»

Ana González Pino, que es maestra, dice que la ciudad donde vive está «mucho más preparada para el frío» que A Mariña


viveiro / la voz

Mientras cientos de mariñanos tiritaban ayer de frío o tenían que circular con precaución debido a la nieve caída en los altos de A Gañidoira y A Xesta, a 9.000 kilómetros de distancia, al otro lado del Atlántico, una viveirense pudo por fin salir a la calle después de 48 horas encerrada en casa. «En Chicago todos los años el invierno es fuerte y la ciudad está muy preparada para limpiar las carreteras y todo eso, pero lo de estos días fue una situación extrema y recomendaban que si no tenías que salir no salieras porque si estabas diez minutos fuera se te podía congelar la piel y era peligroso», relató Ana González Pino, que lleva casi 14 años en Estados Unidos, donde es maestra.

Alarma el miércoles y el jueves

Según explica, el lunes empezó a nevar y ya no hubo escuela. El martes la normalidad se recuperó un poco, pero el miércoles y el jueves «hubo alarma por bajas temperaturas». Los termómetros alcanzaron los 29 grados bajo cero, pero la sensación térmica rozó los -40, dejando imágenes impactantes, a medio camino entre lo bello y lo apocalíptico, como la del lago Míchigan congelado. «Vivimos una ola de frío extremo», destacó ayer la viveirense minutos antes de acceder al colegio donde enseña español y francés a alumnos de «séptimo y octavo grado», los dos cursos anteriores al instituto. «Hoy [por ayer] nosotros tenemos escuela de nuevo, pero todavía hay distritos escolares que están cerrados porque en algunos los autobuses no funcionaban para repartir a los niños», señaló Ana. En las últimas jornadas la costa este de Estados Unidos ha sido un rosario de aulas vacías, cientos de vuelos cancelados... «Mi marido trabaja en la Universidad de Northwestern y fue interesante porque aunque haya nieve nunca cierra, y este año sí cerraron ayer y anteayer», indicó.

«La nieve es muy bonita dos o tres días, pero luego dices: ¡Que llegue la primavera, que quiero ver verde!»

Aunque reside en Estados Unidos de hace casi tres lustros, Ana González Pino conserva intactas sus raíces. A Viveiro regresa cada verano para visitar a sus padres, Andrea y Manolo, y a su hermano, además de a otros familiares y amigos. «Todos los añitos voy por ahí para que no se olvide de mí la familia», sonríe la mujer, que tiene 44 años y está casada con un estadounidense de origen mexicano, Henry Salinas. Viven Chicago, una de las urbes más frías en esta época. «Mi madre ha estado aquí dos veces y dice que le gusta mucho y que le gustaría verla nevada, pero la nieve, los dos o tres primeros días es muy bonita, pero luego, cuando tienes que lidiar con el mal tiempo, dices: «¡Ay, que llegue la primavera que ya quiero ver un poquito de verde!».

Una postal navideña

Con todo reconoce: «Ahora está todo blanco, muy bonito y lleno de nieve. Es verdad que parece una postal de Navidad».

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