El coruñés Juan Udaondo, doctor en Literatura, ha tenido que mudarse a Estados Unidos para seguir investigando sobre la literatura española
05 ago 2016 . Actualizado a las 20:07 h.No es precisamente sencillo resumir el currículo de Juan Udaondo Alegre (A Coruña, 1972). Experto en teatro del Siglo de Oro español, conocedor de lenguas muertas, profesor de teatro, instructor de artes marciales y yoga... Todo estos conocimientos se los ha llevado hace años a la Universidad de Michigan, su lugar de estudio e investigación.
-¿Se considera un emigrante?
-Soy un emigrante privilegiado, que llegó a los Estados Unidos con un contrato firmado y un doctorado ya terminado. He conocido otros emigrantes, estos sí dignos de admiración, que desde aquí han hecho el mismo camino que yo. La diferencia es que ellos vienen de familias que no solo no tenían la más remota idea de cómo redactar una solicitud para la universidad, sino tampoco de comunicarse en inglés más allá de lo básico.
-Después de Cervantes y el Quijote, ¿cuál es el autor español más conocido en Estados Unidos?
-García Lorca es muy conocido y respetado, y de manera más que merecida, por supuesto; para muchos profesores y estudiantes representa la quintaesencia de la literatura española. Es muy emocionante poder charlar sobre Bodas de sangre o el Romancero gitano tan lejos de casa.
-Serán muy pocos en el mundo los que sepan más que usted sobre Lope de Vega.
-Me temo que hay bastantes, pero por fortuna varios de ellos son maestros, amigos o ambas cosas a la vez. Lope es inabarcable: sus cuatrocientas comedias conservadas, largos poemas épicos, novelas, poemarios?
-Gredos publicará este año su análisis sobre La Santa Liga de este autor y las guerras contra los otomanos. ¿Hay nexos entre la literatura del Siglo de Oro y los acontecimientos actuales (golpe de estado de Turquía, ataques yihadistas?)
-Por supuesto, en La Santa Liga Lope narra la alianza de las potencias occidentales contra el Imperio Otomano. Hace cien años la República de Turquía decidió modernizarse y abrazar el laicismo, abandonando el Califato; sin embargo, podemos ver cómo esta pesada herencia aún provoca enormes tensiones en el país. El despotismo con el que Lope retrata la corte otomana no parece distar mucho del que aún se ejerce estos días. La gran diferencia es que los otomanos sí eran una superpotencia, y con capacidad real para conquistar Roma. La lección es que solo la unidad entre los países europeos, siempre recelosos entre sí, fue capaz de conseguir la victoria en Lepanto.
-¿El mundo académico sobre lo clásico es el único que no ha sido inoculado por el virus de la especialización con compartimentos estancos? ¿Hay esperanzas de acercarnos a la ilustración poliédrica de los renacentistas?
-Para penetrar en la mente de los humanistas, tanto los de primera hora como sus últimos representantes, es necesario intentar tener la amplitud de miras que ellos demostraron. De hecho, hasta el siglo XVIII, no había una radical distinción entre ciencias y letras, como la que ahora conocemos. Para los humanistas cuanto se escribía era literatura: física, poesía, astronomía, historia, etcétera, y así trataban de demostrarlo en sus obras.
-¿Cuál es su recorrido por A Coruña cuando viene de visita? ¿Cuál es ese lugar de nostalgia que corre a visitar?
-Una de las primeras cosas que hago es acercarme a la orilla del mar, junto al paseo marítimo en el Orzán. Afortunadamente, casi siempre he vivido cerca del océano; ahora lo hago en los Grandes Lagos, que también esconden lugares de sobrecogedora belleza; sin embargo, y especialmente para un gallego, no es lo mismo.
-En su currículo incluye conocimientos de latín, árabe, hebreo, griego clásico y arameo, entre otros. Esto no se cuenta en la primera cita?
-En efecto, algunas cosas hay que ocultarlas el mayor tiempo posible para no espantar a nadie [ríe].
-¿Cómo se ven desde ahí las opciones de Donald Trump? ¿Por qué es tan distinta la imagen de este candidato a un lado y otro del Atlántico?
-El mayor problema es la escasa popularidad de Hillary. Afortunadamente, hay mucha gente en Estados Unidos que piensa lo mismo de él que las mentes más lúcidas de Europa, y que además se avergüenza de la imagen que Trump está proyectando de su país. Como en la España Medieval, donde Averroes, Maimónides y Alfonso X eran conscientes de pertenecer a una misma comunidad intelectual (a despecho de los extremistas con los que también se enfrentaron), en todas partes se puede encontrar personas a las que te sientes próximo, más incluso que a otras de tu misma tierra.