Los orígenes mugardeses de Esperanza Casteleiro, la nueva directora del CNI

Carmela López
Carmela López FERROL / LA VOZ

ESPAÑA EMIGRACIÓN

La directora del CNI, Esperanza Casteleiro, el jueves, durante su toma de posesión
La directora del CNI, Esperanza Casteleiro, el jueves, durante su toma de posesión Chema Moya | EFE

Su familia es muy apreciada por los vecinos de O Seixo, donde veranea

15 may 2022 . Actualizado a las 18:13 h.

«La última vez que Espe estuvo aquí fue en un puente reciente, no puedo precisar si fue el de Carnavales o el de Semana Santa, estaba en el muelle con una de sus hermanas mirando al mar». Así lo manifestó a este periódico un vecino de la parroquia mugardesa de O Seixo que conoce de «toda la vida» a la familia de la nueva directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Esperanza Casteleiro (Madrid, 1956), por eso habla de ella con el diminutivo por el que es conocida en la zona desde niña.

Los Casteleiro-Llamazares son una amplia familia que veranea todos los años en una gran finca de su propiedad, A Lousada, localizada en la parroquia de O Seixo, en el municipio costero de Mugardos, en la provincia de A Coruña. Vecinos de la zona los definen como «una familia de indianos retornados y filántropos de los de verdad», por lo que son muy apreciados.

Un tío paterno de la directora del CNI, Federico Casteleiro Vila, había estado en Cuba, donde desarrolló una gran actividad industrial. Entre otras obras, se encargó de la construcción del puerto de La Habana, y cuando regresó a Mugardos, destacó como filántropo y como persona muy preocupada por la cultura. Participó en la construcción de escuelas indianas y fue uno de los fundadores, junto con el pintor Felipe Bello Piñeiro, de la Sociedade de Amigos da Paisaxe Galega do Seixo, constituida el 10 de octubre de 1927, de la que fue su primer presidente.

Su padre y su tío fueron coroneles

El padre de Esperanza, Antonio, y su hermano Juan Ángel —los dos ya fallecidos— nacieron en O Seixo, cursaron el bachillerato en Ferrol y después estudiaron Medicina en Santiago de Compostela, pero en 1936 fueron movilizados en el bando de Franco y tras finalizar la Guerra Civil, se quedaron ambos en el Ejército del Aire. Los dos alcanzaron el grado de coronel y se jubilaron como generales honorarios.

Antonio Casteleiro tuvo seis hijos, tres hombres y tres mujeres, que se criaron siguiendo los destinos de su padre, que estuvo en Burgos y Valladolid, entre otras localidades, pero ninguno se inclinó por la carrera militar. No obstante, según sus conocidos, sí influyó notablemente en la carrera de la que ahora es la nueva jefa de los 3.000 espías españoles y sus colaboradores, que primero fue jefa de Gabinete de la ministra de Defensa Margarita Robles y después, secretaria de Estado del ministerio, cargo que ocupó hasta asumir la dirección del CNI, del que ya había sido secretaria general durante el Gobierno de José Luis Zapatero, con José Bono como ministro de Defensa.

Vecinos de O Seixo recuerdan sus vivencias de infancia con la familia Casteleiro durante las vacaciones en la finca A Lousada.

«Los primeros pantalones vaqueros que vi los traían ellos de Estados Unidos», comenta un residente en la zona, que añade: «Siempre fueron una gente muy cordial, los hermanos de Espe jugaban con nosotros, nos dejaban sus bicis e íbamos a robar fruta, incluso en la propia huerta de su finca».

En la actualidad, la amplia familia de la directora del CNI sigue pasando las vacaciones estivales y la mayoría de los puentes en O Seixo. Tienen un barco con el salen a navegar por la ría, según indican los vecinos.

La exdirectora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban, con la ministra de Defensa y Esperanza Casteleiro, la nueva responsable del CNI

Las grandes asignaturas pendientes del CNI

Melchor Sáiz-Pardo

No hace ni un año de aquel 1 de julio del 2021, pero en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) lo recuerdan como si hubiera pasado una vida. Ese día, a bombo y platillo, el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), el órgano de Presidencia de Gobierno encargado de asesorar a Pedro Sánchez en las cuestiones más sensibles del país, sacaba pecho y anunciaba a los cuatro vientos que España estaba «a la cabeza mundial en ciberseguridad».

Solo unas horas antes, la Unión Internacional de Telecomunicaciones de Naciones Unidades había colocado a España en el quinto puesto del Índice Global de Ciberseguridad 2020, el ránking más reconocido del planeta, solo por detrás de Estados Unidos, el Reino Unido, Arabia Saudí y Estonia, e igualada con Corea del Sur y Singapur. Detrás de esa puntuación de 98,52 sobre 100 se encontraba el trabajo de varias agencias e instituciones nacionales, pero la labor de una sobresalía: la del Centro Criptológico Nacional (CCN), el corazón de ciberseguridad del CNI desde hace 18 años y el departamento señalado en las últimas semanas por la Moncloa por no haber detectado supuestamente hasta ahora el espionaje al Gobierno.

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