Fallece Arcadio López-Casanova, un poeta que dejó su marca en la generación de los novísimos

André Siso Zapata
ANDRÉ S. ZAPATA LUGO / LA VOZ

ESPAÑA EMIGRACIÓN

Aracadio López-Casanova, en una conferencia en la sede de la Real Academia Galega.
Aracadio López-Casanova, en una conferencia en la sede de la Real Academia Galega. Eduardo Pérez

Riguroso intelectual y filólogo, marchó en 1968 a impartir clases a Valencia, pero sus raíces seguían en Lugo

12 abr 2022 . Actualizado a las 05:15 h.

La muerte de Arcadio López-Casanova (Lugo, 1942) dejó ayer huérfana a la generación de literatos conocida como los novísimos del 68. A esta quinta pertenecía el escritor lucense, que murió en su casa de Valencia, donde residía y trabajaba como profesor de universidad.

En su juventud estudió Filosofía y Letras en la Universidade de Santiago de Compostela, ciudad en la que entró en contacto con las figuras más relevantes del galleguismo de la época como Ramón Piñeiro. Tras graduarse, pasó por el Colegio Fingoi, de Lugo, en donde impartió clases en una época en la que era director Ricardo Carvalho Calero. Durante esos años compartió centro con el también escritor Xosé Luís Méndez Ferrín, lo que convirtió al colegio en uno de los puntos neurálgicos de la poesía incipiente de Galicia.

Se trasladó en 1968 a Valencia para ocupar una cátedra de Lengua y Literatura Española en el Instituto Mariano Benlliure. En el año 1986, pasó a ser profesor del departamento de Filología Española de la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia, donde impartió materias relacionadas con la poesía y la novela españolas del siglo XX hasta su jubilación. A los 70 años, fue nombrado profesor emérito.

A su misma generación literaria pertenecían escritores de renombre como Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix o Leopoldo María Panero.

El estilo de López-Casanova se centraba en el dramatismo del paso del tiempo, el ansia por preservar la inocencia infantil y la comprensión humana del hecho traumático que es la muerte.