De Meis a Barcelona: una nueva vida para que Leo pueda respirar

Bea Costa
bea costa MEIS / LA VOZ

ESPAÑA EMIGRACIÓN

El bebé tiene una enfermedad rara que precisa de un trasplante pulmonar en el hospital Vall d'Hebron. Así afronta su familia una espera que se podría alargar un año

05 abr 2022 . Actualizado a las 21:49 h.

La supervivencia del pequeño Leo Diz Vidal pasa por un trasplante de pulmón que solo le pueden realizar en Barcelona, a mil kilómetros de su casa, en Meis. En el Vall d’Hebron, está el centro de referencia para este tipo de intervenciones y cerca de allí hay que estar —a menos de dos horas en coche— para poder entrar en lista de espera.

Leo es la prioridad absoluta y sus padres no lo dejan a sol ni a sombra en la titánica lucha contra el déficit de proteína B de surfactante. Es una de esas enfermedades raras de las que solo se oye hablar cuando a uno le cae cerca. Esta vez le tocó a Ana y a Toño, quienes tuvieron que familiarizarse con el término al poco de nacer Leo, el pasado octubre en el Hospital de Pontevedra.

El bebé no respiraba bien. Pasó dos meses en la uci y en diciembre —en un plazo récord— llegó el estudio genético confirmando el peor de los pronósticos. El pequeño padece una enfermedad para la que no hay cura ni tratamiento y la única esperanza para él es un trasplante.

Tras el mazazo que supuso la noticia, la maquinaria se puso en marcha. Leo, sus padres y la doctora Crespo emprendieron un viaje de quince horas en ambulancia hasta el hospital barcelonés donde, tras las pruebas iniciales, les indicaron que el niño entraba en lista de espera para un trasplante. En el mejor de los casos habrá que esperar entre cuatro y seis meses por un donante y, si todo va bien, afrontar otros tres meses de posoperatorio.

Ana y Toño prefieren redondear y calculan que su estancia en Barcelona no bajará del año. Leo no requiere hospitalización, pero está sujeto a revisiones periódicas y conectado a un respirador las 24 horas que obligan a que esté acompañado permanentemente. Y no llega con una persona. Mover al niño con el respirador, la sonda y demás artefactos de los que depende su vida requiere de cuatro manos, según explica su madre, lo cual obliga a la pareja a ser más equipo que nunca.