Blanco Palamera: «Nos gusta generar esa cosa de sentirse bien con la música»

ESPAÑA EMIGRACIÓN

SHANON LÓPEZ

El dúo compostelano afincado en Madrid sorprende con «Intimidade», un disco de pop suave y luminoso creado durante el encierro. «Nos gustaba poner en contraste a ese sonido sedoso una imagen tan fuerte como la de nosotros pegándonos con violencia», revelan

18 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen de ellos que miran a la jazztrónica, que hacen r&b vaporoso y que avistan desde sus canciones esa entelequia sonora llamada future funk. En su sello, Raso, van más al grano. Lo llaman pop. Eso sí, en un pirotécnico giro promocional, sostienen que Xoán Domínguez (batería) y Manu Blanco (multiinstrumentista y voz) están aquí para «recodificarlo» con su grupo Blanco Palamera. ¿En qué consiste eso? «Creo que tiene que ver con las formas que está usando la gente de nuestra generación para hacer música hoy en día», dice Manu. «Pueden ser más novedosas que lo que veníamos escuchando en los últimos años. También está esa curiosidad por asimilar todo tipo de sonidos», añade.

Intimidade, su segundo álbum, concreta todas esas abstracciones. Lo hace con un repertorio de melodías perezosas, pero al tiempo luminosas. Música que invita al baile y a soñar con los cambios de estación que llegarán en breve. «El que sea un poco más movido y alegre es algo que te lleva a la primavera y el verano, por supuesto», piensa Xoán. «Nos encanta el verano, es algo que siempre anhelamos», completa su compañero en este proyecto.

Compostelanos en Madrid, Blanco Palamera forman parte de toda esa generación de artistas de la tierra que emigraron a la capital en busca de la luz pop. Toda una fuga de talentos. «El grupo lo fundamos en Madrid, pero Manu y yo llevamos desde los 14 años tocando en grupos», explica Xoán. Señala que, efectivamente, los gallegos allí son legión. «Y es que además nos juntamos bastante», puntualiza. Durante el confinamiento de la pandemia esos lazos se resintieron. Hubo que encerrarse en casa. Los músicos no pueden evitar llevar a sus canciones lo que viven. De esa situación anormal salió la materia prima del álbum. «El concepto del disco gira alrededor del amor en todas sus formas y de la intimidad —señala Manu—. Es lo que más exploramos durante ese año debido al confinamiento. Trabajamos recluidos y en casa. Por eso interesaba investigar ese concepto en todas sus vertientes. ¿Qué sucede ahí? Pues que somos nuestra peor y mejor versión a la vez».

Quizá por ello, el trabajo funcione tan bien en interiores. «¿Un disco para escuchar en el hogar? ¡Qué guay! —exclama Manu—. Al final, queremos que nuestra música le llegue a cada persona como le tenga que llegar. Se puede apreciar de muchas maneras. En un festival, en el campo o en el salón de casa». Sea como sea, transmiten buenas vibraciones y resultan confortables a la escucha. «Nos gusta generar calidez y esa cosa indefinible de sentirse bien escuchando música que todos conocemos. Aspiramos a que nuestros oyentes experimenten eso con nosotros», expone Manu. Y eso lo logran con un funk (no tan future) que genera un discurso sedoso y envolvente

«La verdad es que nosotros nos nutrimos de mogollón de estilos de música, clásica y moderna, y de todos los lugares del mundo. Todo nos influencia y sí, nos gusta el funk, el groove y el ritmo. Crear a partir de ahí es un placer. Me gusta además eso de la seda. Es una buena idea de nuestra música», opina Xoán. Sin embargo, eso choca con una portada agresiva, en la que salen ellos con el pecho desnudo en plena lucha. ¿Qué sentido tiene algo así? Manu lo argumenta: «Nos gustaba poner en contraste a ese sonido sedoso y una imagen tan fuerte como la de nosotros pegándonos con violencia. Queríamos saber si podía haber algo bonito en ello». Sus oyentes dirán, pero, cuando menos, han logrado el impacto de una imagen que invita a abrir el disco y ver qué hay dentro de él.