Ramón Álvarez, de dueño de la discoteca Tiffany's a marchante de arte

El ecléctico empresario de la noche, fallecido a los 79 años, se reinventó en Madrid como galerista

Ramón Álvarez, con Juan Manuel Bonet y la viuda del artista Viola en una exposición de este último que comisarió a mediados de los 90 en A Coruña
Ramón Álvarez, con Juan Manuel Bonet y la viuda del artista Viola en una exposición de este último que comisarió a mediados de los 90 en A Coruña

vigo / la voz

Ramón Álvarez Costas, Moncho, como sus amigos le llamaban, fue un hombre audaz con un peculiar historial laboral, aunque al tratarse de una persona emprendedora y decidida, no fue tan insólito el giro que dio desde sus inicios como famosísimo empresario de la hostelería nocturna, a reputado marchante de arte, galerista y comisario de exposiciones.

El vigués de Canido se labró un influyente currículo como responsable de una de las discotecas míticas de los años 70. El local llamado Tiffany’s y ubicado en Playa América, era a Galicia lo que el Marbella Club a la Costa del Sol. Lo que allí se cocía, allí se quedaba. Conocerle abría puertas. Ser saludado por él era signo de distinción, de estar a la última en un espacio discreto y glamuroso como él mismo era.

Tras la aventura hostelera, a su camino empresarial se sumó una boutique en las galerías de Marqués de Valladares, con el mismo nombre que su boîte. Tras estas experiencias decidió echa a volar y marcharse a vivir a Madrid. En la capital se reinventó dedicándose al arte, que siempre le había apasionado como espectador. Primero, fusionando ambas dedicaciones en una pinacoteca-bar en la que se podía disfrutar de exposiciones con una copa en la mano. Después abrió la galería Alvar y tuvo otra, la última, a la que llamó A.C. (Arte Contemporáneo), que también coincide con las iniciales de sus apellidos.

En Vigo dejó huella organizando varias exposiciones, entre las que destacó especialmente la que comisarió en 1995 en la Casa das Artes con la colaboración del crítico Marcos Ricardo Barnatán, ya que fue protagonizada por uno de los grandes nombres del arte con sello internacional: Gastón Orellana, un pintor nacido en Chile, hijo de españoles, que se mostró conmovido por su vuelta a Vigo, ciudad desde donde despidió a su madre para emigrar por barco hacia América Latina. Gran galerista, aunque tardío, también fue responsable de una antológica de Viola en A Coruña y un ciclo de muestras de las que se encargó junto a Carlos Monteblanco en el Club Financiero de Vigo. Tenía 79 años. El funeral se celebra hoy a las 17.00 horas en la iglesia de Santa Eulalia, en la parroquia de Alcabre.

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