Julia del Río: La sonense que abrió la Armada a las mujeres

Fue la primera suboficial y subteniente de las fuerzas navales y hoy trabaja en el Mando de Operaciones

Julia del Río es miembro del Mando de Operaciones de Defensa
Julia del Río es miembro del Mando de Operaciones de Defensa

ribeira / la voz

Hay profesiones que históricamente han estado vinculadas a los hombres, pero en las que poco a poco las mujeres han conseguido abrirse camino. Las Fuerzas Armadas constituyen uno de los ejemplos más claros. Hubo un tiempo en el que era un mundo reservado a los varones, pero cuando sus puertas se abrieron a las féminas allí estaba Julia del Río (Porto do Son, 1973) para empujarlas y entrar, logrando cumplir su sueño y allanando el camino para otras que, como ella, ansiaban formar parte de los batallones encargados de la defensa de España.

Tenía 20 años cuando comenzó su aventura en la Armada Española, un hecho que no se produjo cuando ella quiso, sino cuando pudo: «El mundo militar siempre me llamó la atención y tenía dentro a un compañero de Noia. Fue él quien me avisó en cuanto se permitió el ingreso a las mujeres». Se incorporó desde abajo, como marinero en San Fernando (Cádiz) -el equivalente a un soldado del Ejército de Tierra-, en la especialidad de artillería y misiles. Recuerda que en la jura de bandera solo eran cinco mujeres, que fueron distribuidas entre patrulleros y la flotilla de aeronaves de Rota. A ella le tocó esta última, concretamente la novena escuadrilla, los aviones Harrier (AV-8B).

Trayectoria ascendente

A partir de entonces fue escalando puestos, a golpe de formación y horas de mar en fragatas como la Extremadura, la Canarias o la Asturias. Y aunque reconoce que sigue echando de menos las travesías, la búsqueda de la ansiada conciliación, pues Julia del Río es madre por partida triple, la llevó a buscar un destino en tierra. Lo encontró primero, tras realizar un curso en Estados Unidos de lanzador de misiles verticales, como profesora de la escuela de artillería. Pero desde hace un tiempo trabaja en el Mando de Operaciones del Ministerio de Defensa, encargado de prestar apoyo a los tres ejércitos de España.

En el nutrido currículo de esta barbanzana bien podría aparecer, hasta en dos ocasiones, la palabra pionera. Y es que fue la primera mujer que se convirtió, primero en suboficial y después en subteniente de la Armada. Aunque le tocó abrir el camino, asegura que nunca sufrió en carne propia la temida discriminación: «Sabía el lugar que ocupaba y siempre me trataron con respeto. Durante los 28 años que llevo en las Fuerzas Armadas nunca tuve queja».

Es más, reconoce que pidió ayuda cuando la necesitó y asegura que la recibió. Le tocó vivir un período de cambios, necesarios para adaptar las infraestructuras existentes a la incorporación de las mujeres, pero señala que siempre percibió buena predisposición por parte de sus compañeros. Quizás, el principal recelo llegó cuando le tocó desempeñar el papel de jefa: «Hay hombres a los que no le importa tener a una mujer como superior, pero hay otros que sí se sienten intimidados».

Pero de todo lo vivido hasta la fecha, Julia del Río se queda con la concepción que se ha ido formando del ejército como una gran familia: «Aquí la principal preocupación son las personas, los militares y su entorno. Se nota especialmente cuando toca llevar a cabo una repatriación».

En la guerra de Yugoslavia

Aunque, como asegura la sonense, la misión principal de las Fuerzas Armadas es «hacer la paz para evitar la guerra», a veces toca intervenir en zonas de conflicto. A bordo de la fragata Extremadura, ella estuvo en la guerra de Yugoslavia, trabajando en la defensa del tráfico marítimo, y llegó a experimentar la tensión del momento de abrir fuego, aunque solo fue con fines disuasorios. «Lo cierto es que en un barco eres menos consciente del peligro que si estás en el Ejército de Tierra», relata.

Con sus pros y sus contras, Julia del Río está orgullosa del camino que eligió y no duda en asegurar que si la vida le diera una segunda oportunidad se decantaría nuevamente por la Armada y sus blancos uniformes. Sabe, además, que hoy lo tendría mucho más fácil para conciliar, la que fue la piedra más grande que encontró en la trayectoria como militar: «Mi primera hija era muy pequeña cuando la dejé con mi madre. Al volver, tres meses y medio después, me lloraba, no me conocía». El tiempo con sus hijas que la profesión le robó es el único pero que esta sonense le pone a la que sigue siendo su gran pasión.

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