Gallegos isleños que estrenan la fase uno

Viven en La Gomera, El Hierro, Formentera y La Graciosa y son la avanzadilla. Pueden ir de terrazas o tiendas, ¿lo hacen?

Combo Pontevedra

Redacción

Cuatro islas españolas, La Gomera, La Graciosa, El Hierro y Formentera se convirtieron ayer en la avanzadilla en España. Estrenaron antes que nadie la fase uno de la desescalada, es decir, esa en la que se puede acudir a la terrazas de los bares, recuperar la tradición de los velatorios o comprar en una tienda de ropa sin cita previa. En los cuatro territorios insulares hay ojos de gallegos por los que ver la nueva realidad. Todos hablan del mismo drama: sin turismo, en unas islas que viven eminentemente de sus miles de visitantes, no hay paraíso. De ahí que la alegría, ayer, se quedase casi en anécdota. Lo cuentan ellos y, de paso, explican qué les llevó a irse de Galicia y vivir en estos tesoros insulares.

Carlos Santos: patrón de ferri, natural de Porto do Son y vecino de La Graciosa

 

En La Graciosa, una isla canaria sin carreteras asfaltadas en la que en el invierno viven 500 personas, hay dos gallegos, uno de Noia y otro de Porto do Son. El sonense es Carlos Santos, patrón de la marina mercante y encargado de pilotar uno de los ferris que conectan la isla con Lanzarote. Tras la pandemia, pasó de llevar a unos 150 pasajeros por viaje (en el verano 250) a trasladar solo a 2, 1 o ninguno. Y vio también cómo la mitad de sus compañeros se fueron a un ERTE. Él sigue trabajando pero, al preguntarle por la desescalada, habla de la desolación económica que ve a su alrededor: «Vivimos en el paraíso. Este era el mejor sitio de España antes del coronavirus y ahora más. Pero sin turismo morimos. Se vive del turismo o la pesca para surtir a los restaurantes... ya me dirás», remacha.

José Pose: Mecánico, oriundo de Cabana y vecino de San Ferrán, en Formentera

José Pose, que con 17 años salió de Cabana para visitar «unos días nada más» a una hermana que tenía en Formentera, acabó echando raíces en el territorio insular y lleva allí tres décadas. Se gana el pan como mecánico y trabajó durante el confinamiento para dar servicio a los coches policiales o ambulancias. Ayer, no pudo estrenar la fase uno de la desescalada tomándose un café. «Todo está cerrado, no han abierto ¿cómo van a abrir si los turistas siguen sin poder entrar? Mientras el puerto esté parado, podemos olvidarnos de que haya vida», cuenta desde San Ferrán, un pueblo de dos mil vecinos ubicado en la parte central de la isla.

Alicia Dapena: encargada de vestuario de la serie Hierro. Está en El Hierro

Alicia Dapena es de Santiago, donde tiene la empresa Saturna, dedicada al vestuario de cine y televisión, y es la encargada de vestuario en la serie Hierro. Estaba grabando en la isla del mismo nombre cuando se declaró la epidemia y ella decidió quedarse a pasarla allí. «El viernes 13 de marzo dejamos todo preparado para rodar el lunes siguiente, pero teníamos en la cabeza la posibilidad de que hubiese que parar. Tuvimos que ir a recoger y la gente del equipo empezó a irse. Yo preferí no viajar, porque no iba a poder visitar a mi madre. Mi pareja había venido a verme, decidimos que lo mejor era quedarnos en un sitio seguro, y fue una buena opción. Vivimos al lado del mar, casi puedo tocarlo sacando la mano por la ventana». Está en Tamaduste, uno de los lugares más remotos de la isla, donde no hay ni supermercado. Habla de la fase recién estrenada: «Todo el mundo aquí ha sido prudente. Solo hemos tenido tres casos de contagio, muy controlados. La diferencia respecto a la situación anterior no se nota todavía porque este lugar es pequeño y solo hay una pizzería que se dedica al reparto a domicilio. El principal cambio está en poder pasear y que está permitido el baño, pero la gente sigue siendo muy prudente».

Beatriz y Divina Creus: hermanas, una médica y otra farmacéutica, afincadas en La Gomera

Las hermanas Beatriz y Divina Creus llevan ya décadas en La Gomera, tras vivir y estudiar en Santiago. Beatriz es médica en el centro de salud de San Sebastián, la capital de La Gomera. Su hermana Divina tiene una farmacia en este mismo lugar. Ambas coinciden al señalar que lo que en principio fue un drama, el hecho de fuese en esta isla donde se detectase el primer caso de coronavirus en España, acabó ayudándoles: «Nos preparamos tanto, tanto a raíz de ese caso que al final la incidencia fue muy pequeña. No hubo fallecidos y no hubo que trasladar a nadie a Tenerife a la UCI, porque aquí no tenemos esa unidad», dicen. Divina, al ver que las cosas iban bien, hasta mandó mil mascarillas de su farmacia a Tenerife. Ayer, se pasaron la mañana trabajando y, por la tarde, querían comprobar si había alguna terraza en la que tomarse algo para celebrar la desescalada. Creen que el «turismo tranquilo» de La Gomera se irá recuperando porque hay muchos visitantes con casa en la isla. Esperan que la escasa masificación y el hábitat rural y montañoso, ese mismo que llevó allí a Merkel —con la que coincidieron desayunando—, les ayude a volver a la normalidad.

Juan Carlos Gómez: natural de Padrón, trabaja en La Gomera haciendo desinfecciones

Juan Carlos Gómez, natural de Padrón y afincado en La Gomera, se pasó el confinamiento más pendiente de lo que sucedía en Galicia que en la isla: «Tengo una hermana en Padrón que se infectó y estuvo muy malita. Ahora está en casa pasando la cuarentena, pero pasó una semana ingresada en el hospital, mal, mal, mal». En La Gomera, él está trabajando en una empresa pionera en el tema de la desinfección. «Fumigamos todo lo que entra del resto de las islas. Los camiones con mercancías, los vehículos de personal, furgonetas… Todo. Por dentro los limpiamos con un paño y por fuera con la fumigadora. Aquí se está controlando al máximo todo. Los aforos de los sitios, el uso de mascarillas… Todo. Porque lo mismo que ser pequeños nos viene bien para el aislamiento, si entran casos sería terrible. Nosotros bajamos a la desinfección con la Guardia Civil, que lo supervisa al detalle. Toma datos de todo tipo. Tanto de lo que entra como de lo que sale; ya he visto mandar a varios darse la vuelta», dice. Ayer, se alegró al ver ya algunos bares con las terrazas abiertas.

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