Una vida de novela para Raquel

Raquel Vázquez, de 24 años, ha sido escogida entre aspirantes de todo el mundo para estudiar el próximo curso en la Fundación Antonio Gala


Acaba de recibir una beca para estudiar el próximo curso en la Fundación Antonio Gala

Según la hora, Raquel escribe poesía (de noche) o narrativa (por las tardes)

[Toni Silva] «En el vagón, / 21 gramos de eterna ceniza. / Y el tiempo sopla cada vez más fuerte».

Raquel Vázquez escribe versos así, íntimos, herméticos, espectaculares... como estos tres de su poema titulado Autorretrato. Raquel escribe y escribe. Tiene 24 años, dos docenas de años. En la primera, lectora empedernida. Y en la segunda, lectora y escritora. Constante. Su vida son los libros. Los versos. Las páginas perfectas. Los clásicos. Las historias eternas. Y acaba de ser correspondida en su pasión. Su historia de amor comenzará a escribirse en Córdoba en muy pocas semanas. Allí ha sido llamada a vivir unos cuantos meses.

Pero recuperemos un tono más prosaico para explicarlo. La Fundación Antonio Gala acaba de concederle una de sus ocho becas de literatura a esta joven betanceira. Es decir, le financia la estancia y la manutención en este templo de las letras que es el convento rehabilitado en el centro de la ciudad andaluza como sede de la entidad que recuerda al genial escritor.

«Durante los últimos meses me informé de becas para poder escribir y encontré esta en cuyos requisitos vi que encajaba», recuerda Raquel, una joven menuda, de apariencia frágil pero de redacción contundente, como si su personalidad se transmitiese a través de un bolígrafo o el teclado de un ordenador.

Además de su currículo y sus méritos académicos -es licenciada en Filología Hispánica por la Universidade de Santiago-, Raquel presentó un proyecto para convencer a los responsables de la lista de admisión. Consistió en una novela por desarrollar, las diez primeras páginas, el inicio de una historia que guardaba la densidad de su literatura y sus inquietudes vitales. «Estaba basada en un futuro próximo, pretendía ser una reflexión sobre la sociedad donde las identidades se diluyen, las cámaras lo controlan todo y los individuos no controlan nada», reflexiona Raquel Vázquez, que fraguó buena parte de su etapa escolar en los pupitres del colegio Vales Villamarín para pasar posteriormente al Francisco Aguiar, donde ha sido mencionada en numerosas ocasiones como ejemplo de tesón en la búsqueda de un sueño, en este caso, el reto literario. Y atención a su etapa universitaria. Ya se dijo que cursó estudios de Filología Hispánica y, aunque Raquel es de letras, no está de más recordar un dato numérico: la media de todos los cursos fue de 9,45.

Hay motivos para sentir orgullo por esta betanceira. La beca que acaba de conseguir se cotiza muy cara. De las ocho plazas en la especialidad de literatura solo cuatro han recaído en España, concretamente en Barcelona, Lérida, Albacete y Betanzos. Las otras cuatro son para jóvenes de México, Ecuador y dos de Colombia. Con todos ellos compartirá una experiencia irrepetible durante un año académico en la ciudad de los califas.

Admiradora de Riechmann

¿Qué lee Raquel este verano? «He leído La conjura de los necios, y Crematorio, de Rafael Chirbes. Este me parece de lo mejor ahora mismo en narrativa nacional», asevera esta especialista, quien reconoce no haber leído apenas nada de Antonio Gala, algo que prevé subsanar en las semanas previas a su incorporación a mediados de octubre. De este modo incorporará las novelas del escritor andaluz junto a lo que son los clásicos en su estantería, como Jorge Riechmann («me parece una pasada»), Roger Wolfe, Ángel González, Federico García Lorca, Michel Houellebecq, James Salter («Años luz me parece una novela genial»), la narrativa rusa («me quedo con Dostoievski») o la japonesa («adoro leer haikus»). Respecto a los autores locales, conoce personalmente a Xesús Fraga. «Y a Xabier López -ganador del premio Xerais del 2013- lo conozco de vista».

Volvamos a la poesía. A la de Raquel Vázquez. Ya ha publicado cuatro libros, algunos de ellos premiados, como el titulado Por el envés del tiempo, por el que fue reconocida como ganadora de la tercera edición del certamen Poeta Juan Calderón Matador, en Madrid.

La escritura de versos o párrafos los marca la hora del día. Se confiesa incapaz de crear poesía si la luz diurna aprieta. «Los versos prefiero escribirlos por la noche. A partir del mediodía o por la tarde, narrativa en general», señala Raquel, quien también escribe, muy de vez en cuando, en su cuenta de Twitter. «A veces intento microrrelatos, pero generalmente con más de 140 caracteres».

De sus manos también sale música. Es miembros de la rondalla de la Agrupación Musical Carlos Seijo. Y el instrumento no podría ser más vinculado con la literatura. «Toco la mandolina».

Es licenciada en Filología Hispánica por la USC con una nota media de 9,45

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