Estos bolsos y joyas preservan la artesanía gallega y triunfan desde París a Nueva York

Nieves D. Amil
Nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

INTERNACIONALIZACIÓN

CAPOTILLO

Heimat Atlántico vende modernidad y tradición en unos productos exclusivos hechos a mano desde Pontevedra

25 ago 2021 . Actualizado a las 10:22 h.

Monserrat Álvarez caminaba por París con un bolso de junco trenzado y motivos de Sargadelos cuando el diseñador Philippe Starck la paró para preguntarle de dónde lo había sacado. Quizás ese fue el germen de lo que hoy es Heimat Atlántica, pero sería contarlo solo con un trazo demasiado grueso dejando de lado su esencia. En realidad, esta gallega ya tenía una intuición que supo combinar con una pasión por la etnografía, que su familia materna le inculcó desde que era niña y que ha moldeado a la emprendedora que es hoy. Se sumó también que sus jefes en ese momento apreciaron su proyecto y que su padre la animó a iniciar la aventura cuanto antes.

En su atelier de Pontevedra, más pequeño de lo que le gustaría por los efectos del covid, está rodeada de junco trenzado, cerámica y joyas. Eso es lo que se ve con un golpe de vista, pero la esencia de sus productos la guarda y la transmite ella. Vende bolsos hechos a mano, pero también joyas. Todo con el hilo conductor de la artesanía porque esto no es solo una marca, «es un proyecto cultural, la moda es el contexto en el que se compra y se vende, pero me gustaría que esto creciese como un paraguas bajo el que se pueden cobijar a los artesanos». Habla con verdadera devoción del trabajo de las coraleiras de A Toxa, de las artesanas que trenzan el junco en Portugal o de la piel de Ubrique. «Desde que inicié el proyecto, me llevó dos años encontrarlas. En Francia se unen diseñadores y artesanos para hacer equipos multidisciplinares para dar valor a su trabajo», explica esta pontevedresa, licenciada en Historia del Arte tras estudiar en Santiago y Roma y hacer el doctorado en La Sorbona, en París, que pelea por dar alas a los artesanos con modelos innovadores.

Esa minuciosa labor la llevó a vender hasta cuatro mil bolsos en el año anterior a la pandemia. El covid le dio un golpe tan fuerte que la dejó «exhausta». Algunos grandes encargos se le cayeron y ella tenía que hacer frente a los pagos. «No quise inversión de fuera ni préstamos, como el mercado se contrajo, yo también lo hice», señala. Así que trabajó a destajo para poder cumplir y ahora ya vuelve a tener la misma intuición que sintió cuando en el 2016 le alabaron sus bolsos. Porque ella es obstinada. Cree que la artesanía vale tanto la pena como para centrar su vida en ella. Vive a caballo entre Nueva York y Pontevedra después de 12 años estudiando y trabajando en París, pero Monserrat quería que el valor quede en su casa, en Galicia. «Mi vida puede estar allí, pero en Pontevedra está el alma», apunta desde el taller de Heimat, al que llamó así porque en alemán significa «donde alguien se siente en casa». Ella regresó con todo lo que había aprendido en París para apuntalar su proyecto donde tiene sus raíces y generar valor en su entorno. «Hasta las cajas donde van algunas joyas se hacen aquí», explica.

A la venta en todo el mundo «No me quedaría con uno u otro bolso, sino con el proyecto. Eso es mi debilidad, quiero hacerlo avanzar. No busco solo vender, busco legitimar», apuntilla mientras explica su día a día. Su primera creación nació del desamor. Acababa de salir de una relación e hizo un bolso fetiche, el bolso talismán para llamar al amor. Y lo que atrajo fue trabajo a raudales.

Ahora es momento de seguir creciendo, pero creciendo «bien». A ella nunca le importó la cantidad, sino el no violar sus propias reglas de sostenibilidad y artesanía. Todo llega de productores pequeños, algo que muchas veces entraña dificultad. Algunos dejan de fabricar y necesita buscar alternativas. Es ahí cuando la Montserrat más obstinada reaparece. Quiere que ellos valoren lo que hacen tanto como lo hace ella y como siente que ocurre en el extranjero. Heimat Atlántica se fabrica en Pontevedra, pero sus principales mercados están a miles de kilómetros. Estados Unidos, Corea del Sur y París son los tres primeros, pero después del confinamiento, España está ganando posiciones. Sus bolsos han salido en decenas de revistas de moda y está en las principales tiendas del mundo, pero ninguna de ellas es por casualidad. Están en Barneys, Le Bon Marché o Matchesfashion. Sus bolsos superan los doscientos euros. El trabajo que tiene detrás es todo a mano. Para dar medida del esfuerzo que hay detrás, da un dato. Para trenzar el junco que lleva un bolso pequeño, la artesana dedica más de una hora, lo que reduce la producción diaria. «Nuestro posicionamiento es como marca de lujo accesible, cuando empezamos, cerré puertas a muchas tiendas que venden mucho, pero que no son las mejores. Me gusta las políticas artísticas y el cuidado de ellas», explica Monserrat, que con la pandemia cortó las ventas al por mayor y ahora comenzará a retomarlas.