Mininolas, las chuches de una familia gallega que arrasan en Chile

Su anterior trabajo los llevó al otro lado del charco, donde no conocían las gominolas. Han hecho frente a un cambio legal, a la revolución y ahora, al coronavirus


Redacción / La Voz

La historia de esta empresa gallega se acerca más a la ficción que a la vida real. Emprendedores, padres de tres hijas, emigrantes y expertos en crisis. Así se puede definir a Mercedes Toscano y Jorge Núñez. Naturales de Viveiro y Ourense, su vida cambiaba por completo en el año 2010. Ella trabajaba en la Bolsa de Madrid; él, en una constructora que le ofreció trasladarse a Chile para construir uno de los hospitales más grandes del país. No se lo pensaron y, con una niña de ocho meses, cruzaron el charco.

«A los pocos meses encontré trabajo en la Bolsa de Chile, en el Banco Santander, pero lo cierto es que yo quería emprender y me di cuenta de una cosa: en Chile no había gominolas», explica Mercedes, que sorprendida por no ver en su nuevo país un producto tan habitual en España, se lanzó a la importación. «Mientras seguía con mi trabajo, importé cien kilos, aunque lo cierto es que no tenía ni idea de cómo se hacía. Pusimos en marcha tanto una página web como de Facebook y conseguir convencer con las gominolas en el país».

¿Cómo lo hicieron? Pues recorriendo ferias relacionadas con colegios y eventos gourmet. Las señales eran positivas: «No conocían las gominolas, pero quien las probaba, las compraba. Y eso que eran las chuches de toda la vida: el plátano o la fresa. La gente pensaba al principio que eran mazapanes». 

Así nacía Mininolas, una marca cien por cien gallega y con producto hecho en España que llegó a tener, entre tiendas propias y franquicias, unos 25 locales en Chile.

«Cuando vimos que funcionaba, yo dejé mi trabajo y abrimos una tienda, pero nos equivocamos con la ubicación. Al año y medio, hablamos con el gerente del metro de Santiago de Chile y conseguimos que nos cediese un suelo en la estación más concurrida», explica Mercedes, que no ahorra en detalles. Aquella primera apuesta fuerte les costó desprenderse de todos sus ahorros. «La tienda fue un éxito. Eran doce metros cuadrados, pero atendíamos a 800 personas al día. Fue una locura». Una locura nada sencilla porque en ese tiempo entraba en vigor en Chile la llamada ley «Súper 8», que limitó el azúcar en la alimentación. «Tuvimos una propuesta para crear gominolas sin azúcar, que cumpliesen con la normativa. Así nació Flipa, que no tiene azúcar, ni alérgenos y es baja en calorías». Un producto innovador que tuvo que batirse en duelo con las grandes marcas que llegaron para hacerles competencia y, hace menos de un año, con la revolución chilena. «Nosotros ya habíamos regresado a Galicia porque ese siempre fue nuestro objetivo. Estábamos alcanzando grandes volúmenes de ventas, pero en el país se ha parado todo». Aun así, siguen luchando en Chile, donde mantienen 15 tiendas. También en España, donde venden Flipa en farmacias y han conseguido tentar al mercado de Portugal, Corea e incluso México.

«Hemos creado también una marca de gominolas veganas. Nos gustaría introducir nuestros productos en tiendas de chucherías, pero es cierto que es un mercado muy maduro. Ahora estamos escuchando las necesidades». Mercedes se refiere al momento actual y al parón por el coronavirus. «Hasta en los malos momentos pienso que he nacido para esto. Vamos a lanzar un concurso solidario en las redes. Flipa lleva una pegatina que se puede escanear y aparece en realidad aumentada. Si nos la mandan con un dibujo a Instagram, vamos a donar bolsas a los niños más necesitados», dice Mercedes siempre con una sonrisa en los labios.

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