Efecto «brexit»: las ventas gallegas al Reino Unido caen ya un 13 %

La incertidumbre que rodea al proceso se ha dejado sentir en el primer semestre del año tanto en la exportación como en la importación. Galicia ha perdido negocios en la isla por valor de más de 100 millones de euros solo en ese período. Se trata del cuarto mercado en importancia


Redacción / La Voz

«Espléndido aislamiento». A finales del siglo XIX, Lord Salisbury definió en estos términos una suerte de principio fundacional de la política exterior de su país. El que fuera primer ministro de la Gran Bretaña hasta en tres ocasiones recurría a la proverbial flema británica para definir un sentimiento que, lejos de difuminarse, se ha ido consolidando con el paso de las décadas. La percepción más socorrida en buena parte de Europa desde mediados del siglo pasado es que Reino Unido ha sido una grieta en el proyecto comunitario. Ese ser y no ser, estar y no estar, que ha desembocado en el brexit. La epítome de una tensa e inestable relación que ya deja huella a nivel económico. En Galicia, sin ir más lejos, las exportaciones de los principales sectores con intereses en la isla han caído casi un 13 %, de acuerdo con los datos del Ministerio de Comercio, solo en el primer semestre del año. Traducido a dineros: más de cien millones de euros. 

Y todo ello pese a que aún no hay nada. A que sigue abierta cualquier posibilidad relacionada con la eventual salida del Reino Unido de la UE. Es precisamente esa incertidumbre la que explica el impacto de este proceso en la economía de territorios como Galicia. «Se están anticipando los efectos del brexit», afirma rotundo Gonzalo García, responsable de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI). 

Los datos del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) apoyan esta tesis. De los diez sectores de la economía gallega que más exportan a la isla (ver gráfico adjunto), solo cuatro han logrado contener la sangría al mejorar sus ventas a la isla. Todos los demás han perdido negocio. Algunos como el de las empresas del textil (-23 %), automoción (-32 %) o componentes (-17,2 %) hasta niveles desconocidos desde los años de la crisis.

Que las aguas bajan revueltas es un hecho también constatable al analizar las cifras de importaciones. Las más de 400 empresas gallegas que de forma regular adquirían bienes y servicios en el Reino Unido han dejado de hacerlo con la misma intensidad por temor a lo que pueda pasar. En el primer semestre del año, esta cifra cayó un 12 %, desde los 855 millones del año pasado a los 747 millones del 2019.

Ocurre que en esta ocasión no estaría de más atender a las enseñanzas de Murphy y a uno de sus principios más célebres. Aquel que dice que si algo puede ir mal, saldrá mal. El brexit duro, una salida sin acuerdo, a las 00.00 horas del próximo 1 de noviembre, dejaría las señales registradas en el arranque de este año en apenas una llovizna antes de la tormenta. O del tsunami, a los ojos de muchos analistas. «Tendríamos imposición automática de aranceles -vaticina Federico Steinberg, analista principal del Instituto Elcano-, pérdida de derechos de los ciudadanos europeos en el Reino Unido y a la inversa, en principio los aviones no podrían despegar, las fronteras de Irlanda del Norte y de Gibraltar se cerrarían, nuevas regulaciones y controles, problemas logísticos y de abastecimiento... A partir de ese caos solo podrían venir cosas malas», detalla. 

El Banco de España le ha puesto luz y taquígrafos al problema: unos 10.000 millones de euros. Una décima del PIB español durante cinco años en caso de una salida sin acuerdo y de que el Reino Unido dejase de ser lo que es hoy, un socio estratégico: el primer proveedor de turismo a la economía del país, un comprador masivo de bienes de equipo, productos agrícolas y semimanufacturas españolas... Eso es lo que la institución calcula en el informe de referencia que ha elaborado para analizar el eventual impacto de un desenlace inesperado.

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Steinberg admite que esa es la opción que nadie quiere, «y a la que se podría llegar por un accidente; hay que asumirlo dada la situación política actual», pero confía en que se imponga la razón. De hecho, se muestra un tanto optimista pese a que solo quedan unas semanas para el día D: «Creo que el brexit sin acuerdo no va a ocurrir porque sería muy malo para todos y porque no hay ninguna necesidad. Creo incluso -continúa- que si Boris Johnson quisiera eso, podría haberlo hecho ya. El 31 de octubre era solo una fecha límite».

El panorama, no obstante, se ha enrarecido hasta extremos insólitos, con el Parlamento de Westminster cerrado y dificultades para encontrar una salida al conflicto. La más razonable sería una prórroga a esa fecha ante la convocatoria de elecciones en la isla, para reabrir la negociación con la Unión Europea, pero incluso esta opción se encuentra ante una encrucijada dado el colapso de la política británica.

En este convulso escenario, Galicia se juega mucho más que otras comunidades. Los datos lo acreditan de nuevo. Mientras las exportaciones en los cuatro primeros meses del año se desplomaban un llamativo 20 % en la comunidad, a nivel nacional mantenían el tipo y se elevaban casi un 7 %, hasta los 1.601 millones de euros.

La exposición de las empresas gallegas al mercado británico es muy elevada. Se trata del cuarto cliente en importancia, un negocio de más de 1.600 millones de euros al año del que participan medio millar de compañías que correría peligro en caso de una salida por las bravas. Sectores como el textil (39 % del valor del total de ventas al Reino Unido) y la automoción (17 %), los dos grandes pilares de la economía galaica, verían erosionadas seriamente sus vías de negocio en la isla.

No hay que olvidar que Bruselas ya ha informado a los estados miembros de la eventual imposición de aranceles el 1 de noviembre próximo en caso de brexit duro. Unas tasas que supondrán un incremento medio de entre el 5 y el 10 %, pero que podrían llegar al 25 % en caso de algunos productos. Y todo ello sin contar con otras contingencias añadidas: diferencias en las homologaciones y patentes, disputas comerciales, nuevos controles fitosanitarios y reglamentos... Firmas gallegas de sectores como las semimanufacturas (productos químicos, medicamentos, plásticos, pinturas, metal, aluminio...) o los bienes de equipo también sufrirían los daños de este escenario. «Para alguna pyme sería un problema muy serio porque toda su exportación se concentra en el Reino Unido», advierte el director del ICEX en Galicia, Sergio Prieto.

 Pero si hay un sector que vive días de angustia por el desenlace del brexit, ese es el de la pesca. El temor a perder algunos de los caladeros más importantes para la flota gallega representa una seria amenaza. Organizaciones de armadores y sindicatos se han conjurado para evitar que la pesca vuelva a convertirse en una moneda de cambio, como ocurrió cuando España ingresó en la Unión Europea en 1986. 

El presidente de la Asociación de Armadores de Vigo (Arvi), Javier Touza, reconoce la preocupación que se vive en el seno del sector y demanda «una hoja de ruta clara, un mayor esfuerzo negociador y una vocación de pensar en el futuro para mantener una relación de buena vecindad».

Hoja de ruta

El del puerto de Vigo es un caso único en la pesca europea por su singular relación con la isla: barcos con bandera española que faenan en aguas británicas, con bandera británica o francesa pero de capital y tripulación gallega que faenan allí, de bandera española pero que operan en Malvinas, de Malvinas pero de armadores gallegos y que descargan en la ciudad olívica, buques de empresas mixtas... Todos se quedarían casi en tierra de nadie si se materializase el peor de los escenarios. «Hay aspectos muy preocupantes para nosotros: laborales, si podremos continuar pescando con tripulantes gallegos, reconocimiento de titulaciones, controles fitosanitarios, problemas jurídicos... Necesitamos una salida ordenada», proclama Touza.

Con algo menos de preocupación, pero sí cierta inquietud e incertidumbre, viven el momento en el sector vitivinícola gallego. Xavier Zas, director general de Condes de Albarei, reconoce que las cifras de ventas aún no revelan una caída, pero matiza que a ello estaría contribuyendo el dulce momento que atraviesa la DO Rías Baixas. «La situación de Rías Baixas dentro del panorama vitivinícola español -argumenta- es de privilegio, con alzas del precio de la uva incluso con cosechas grandes en volumen». Zas se alinea también entre aquellos que piensan que al final se impondrá la cordura.

Galicia ha creado una célula de seguimiento del brexit con organizaciones y clústeres de distintos sectores para analizar los retos y las posibles actuaciones a emprender. La integran además varios expertos de las universidades gallegas, entre ellos, Fernando González Laxe, catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña, y autor del trabajo de referencia para analizar el impacto del proceso para una comunidad como la gallega, un exhaustivo informe de más de 200 páginas que pone negro sobre blanco lo que se juega Galicia en esta partida. Un partida que se acerca a sus horas más críticas. 

Sergio Prieto: «No nos podemos permitir el lujo de perder al Reino Unido como cliente»

M. Blanco

El director del ICEX en Galicia alerta de las consecuencias negativas para la comunidad de un eventual «brexit» sin acuerdo

Sergio Prieto (Madrid, 1974) no tiene pelos en la lengua. Habla claro sobre la falta de sensibilidad de las empresas gallegas a la hora de prepararse ante un eventual brexit duro. Sostiene, sin dudarlo, que la economía galaica tiene demasiado que perder en caso de una salida del Reino Unido sin acuerdo.

 -Hace un año usted ya pedía a las empresas gallegas que elaborasen planes de contingencia para el supuesto de un «brexit» duro. ¿Le han hecho caso?

-No. Lo digo así de claro. En octubre del 2018, desde el Ministerio de Economía hicimos un análisis de cómo estaban las empresas españolas en relación con el Reino Unido y con el brexit. Lo que concluimos fue que más del 70 % de las empresas no estaban teniendo en cuenta ni el impacto de la posible salida ni habían hecho planes de contingencia. Aquella cifra nos alarmó muchísimo porque además, el 30 % de las compañías que sí habían hecho algo eran multinacionales. A partir de noviembre, desde la Secretaría de Estado de Comercio lanzamos una campaña informativa por toda España, más de 60 jornadas, cuatro de ellas en Galicia, instando al tejido empresarial a prepararse porque en marzo se suponía que el brexit se consumaba y la verdad es que el resultado me sorprendió negativamente. No tuvimos demasiada afluencia de empresas.

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