Vinos gallegos que temen el «brexit»

Los hosteleros londinenses que importan caldos desde las tierras de Breogán reconocen su preocupación ante una eventual subida de impuestostras la salida de la Unión Europea


Londres / La Voz

En un rincón del sur de Londres, la inglesa Teresa Holmes y la gallega Ana Gómez luchan por hacer llegar al público británico su pasión por los vinos de pequeños productores. Lo hacen a través de la variada carta del restaurante L’Oculto, que regentan desde hace medio año. Tiempo antes, en el 2015, habían empezado a importar productos españoles de alta calidad, una tarea que edificaron con la apertura de un pequeño bar. Pero aquello se les quedó pequeño. Querían expandir el negocio y también su oferta de vinos, y los clientes les pedían más: «Fue la propia demanda la que nos impulsó a abrir este restaurante», explica Ana.

Ahora, tanto ella como su socia andan inquietas por la incierta salida del Reino Unido de la Unión Europea y, sobre todo, por la incertidumbre de qué va a ocurrir con los productos españoles que quieran entrar en la isla si se sustancia el brexit. La eventual subida de impuestos está en boca de todos sus colegas.

 En la actualidad, el vino que importan desde Galicia hasta su local de Londres tarda una media de tres a cuatro semanas en llegar. Por cada botella tienen que pagar en la aduana 2,23 libras tras la última subida de febrero, unas tasas de las que por el momento están exentos otros productos como el queso, la charcutería y algunas variedades de conservas. Su problema llegados a este punto es que ningún político les garantiza qué pasará con su mercado después del 31 de octubre.

Mientras no se despeja el panorama, Ana y Teresa se han decidido a hacer pedidos más grandes para aprovisionarse. Así lo procuran cada vez que se aproxima una fecha clave para el brexit. No quieren dejar tirados a sus clientes, pero esta estrategia tiene sus inconvenientes: más costes y la necesidad de encontrar espacio para almacenamiento. Y es que el nuevo local les permite ser más dinámicas. La oferta de vinos es mayor y les da la oportunidad de que los productores conozcan a sus clientes y viceversa.

 Ambas realizan una gran labor pedagógica para que aquellas que las visitan entiendan por qué trabajan con bodegas más pequeñas y con un perfil artesanal. Unos vinos que además son en muchos casos grandes desconocidos en su propia tierra. En total, ofertan casi 90 caldos españoles, de los que 25 son gallegos.

El aprecio por lo pequeño y lo desconocido es una de las enseñanzas familiares de las que presume Ana. «Esto es de siempre. Crecí con una familia que se iba a Salamanca solo para cenar un domingo una buena ternera», apunta.

Ayudar al pequeño

Esta gallega amante de los vinos pone en valor la pasión de los bodegueros con los que trabajan. Asegura que muchos los tildan incluso de locos por insistir en un modelo cuya rentabilidad podría quedar en entredicho en algún momento, pero esa es precisamente una de las razones que las ha llevado a apoyarlos: «Si no ayudas a esta economía pequeña, al final acabarán todos haciendo lo mismo».

Prueba de ese mimo por el detalle y la pasión por la tierra es que muchos productores quieren conocerlas antes de dar luz verde al primer pedido a Londres y les preguntan por el resto de vinos con los que trabajan para desentrañar las claves de su proyecto. «La conexión que se produce con el origen es muy importante a la hora de vender un vino», argumenta.

Ana Gómez cree que en Londres hay mercado para estos vinos, pero tiene que haber una educación y una explicación de cara al consumidor. «No son vinos que se ponen en la mesa y te olvides del cliente. Son vinos que necesitan educación y que no son fáciles». Pese a todo, ella tiene muy claro que va a pelear por su difusión.

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