Buses de Monfero que llegan a África

La empresa creada por Gabriel Sanjuán y heredada por su hijo da servicio en Madrid, Angola o Guinea Bisáu


MONFERO / LA VOZ

Cada sábado, salvo que un compromiso se lo impida, Ramón Sanjuán Espiñeira (O Xestal, Monfero, 79 años) visita a las doce de la mañana el taller que Hedegasa tiene en la parroquia donde nació. «Esto empezó allí, pasó a donde está esa casa blanca de ahí y después vino para aquí, según fue creciendo», señala el empresario, que se crio «en aquella casa». «Crecí entre autobuses», expresa Ramón, hijo de Gabriel Sanjuán Varela, fundador de la compañía El Rápido en 1932.

Gabriel había emigrado a Argentina pero, en uno de sus regresos a España, compró su primer autobús y decidió quedarse. La primera concesión que consiguió fue la de Ponte Aranga a A Coruña. A partir de ahí, empezó a dibujar rutas hasta Monfero, Vilalba o Betanzos, con Ferrol-Santiago como una de las líneas estrella. «Entonces se trabajaba con viajeros por el día y mercancías por la noche», rememora Ramón, que nació en 1939.

A él y a su hermano mayor, Gabriel, les llegó la responsabilidad de asumir el timón de la compañía demasiado pronto. El 9 de mayo de 1957, su padre fue uno de los 37 ocupantes fallecidos del avión que viajaba de Galicia a Madrid que se estrelló en Barajas y se incendió a continuación. La Voz detalló a los dos días que Gabriel Sanjuán era «propietario de la empresa de ómnibus El Rápido» y tenía que asistir en la capital «a una importante reunión relacionada con sus actividades». Dejó viuda a Carmen Espiñeira Couce, que murió en el 2009.

Por lo tanto, los dos hijos, con solo 19 y 17 años, tuvieron que continuar la senda. La firma vivió un momento clave en los ochenta, con la adquisición de Autobuses de Calo, en Santiago de Compostela; y Empresa Boadilla, en Madrid. En 1986, El Rápido fue vendido a Ideal Auto (Iasa), que más tarde sería adquirida por Arriva. La familia se centró en la capital gallega y la española, donde a día de hoy mantienen las mismas marcas.

Como antiguamente, antes de la llegada de la democracia, todas las concesiones dependían del Estado al no haber autonomías, establecieron contacto con las autoridades de entonces. De esta manera, cuando en 1985 se creó el Consorcio Regional de Transportes de Madrid, consiguieron hacerse con la línea entre el centro y Boadilla del Monte. En este momento, Empresa Boadilla, una marca de Sanjuán Abad, gestiona una docena de rutas con ese origen y destino. En total, 55 autobuses. «Crece a un ritmo muy fuerte», dice Ramón.

Mientras, Autobuses de Calo, propiedad de Hedegasa, cubre el trayecto entre Santiago y la zona de Milladoiro, con una flota de 25 vehículos. «Fuimos pioneros en el famoso transporte metropolitano que ahora está de moda, de los primeros que nos centramos en las periferias de las ciudades», valora Maricarmen Sanjuán (A Coruña, 44 años), hija de Ramón y directora general de Sanjuán Abad. Además de ella, en la empresa trabaja su hermana Marina, en la asesoría jurídica.

No obstante, la expansión de la compañía que nació en Monfero no acaba ahí. En marzo del 2007 crearon Sanjuán Abad Transportes, en Portugal, donde absorbieron una compañía que tenía propiedades en Guinea Bisáu y Angola. En estos países, donde el transporte regular es todavía una novedad, tienen 37 y 9 autobuses, respectivamente. De hecho, en Guinea esperan llevar el próximo año algún vehículo más y hacerse con el monopolio de las líneas de bus. Mientras, en el país luso tienen estructura y seguramente haya alguna ruta pronto bajo su nombre.

Sumando Ineinsa, que gestiona las propiedades de la familia y maquinaria agrícola, cuentan con 170 empleados en España, a los que se añaden más de un centenar en África.

Lo que sigue en su sitio es el taller de Monfero. «Aunque es antieconómico y no tiene ningún sentido estratégico ni empresarial, mi padre siempre ha sido muy sentimental con él y le da mucha pena cerrarlo. Le tiene mucho cariño y, además, hay empleados de toda la vida», cuenta Maricarmen. Ramón justifica que «es un negocio más y su trabajo es importante». En O Xestal se reparan las averías más importantes y, de hecho, los autobuses que saldrán hacia Guinea se revisarán y prepararán allí. El jefe del taller es Carlos Cabanas, que vive en Ambroa (Irixoa), y el segundo es Antonio Marcos, de la parroquia cercana de Queixeiro. Trabajan en él desde los ochenta.

«Antes O Xestal, con los buses que pasaban por allí, tenía muchísima más vida, pero si cierras el taller, acabas de matar el pueblo del todo», concluye Maricarmen. Su padre, Ramón, que suma casi 62 años al frente del compendio de empresas, continuará visitando hasta que pueda la que siempre será su casa. El sábado, a las doce. No se olvida. 

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