El milagro gallego que hace de un buque el más dulce hogar

Navaliber ofrece sus servicios de diseño y montaje a barcos de todo el mundo; la firma de Gondomar marca la diferencia con su servicio llave en mano, que reduce drásticamente los costes al armador


Redacción / La Voz

Sus proyectos de ingeniería, diseño y montaje de habilitación naval surcan ahora los siete mares. Pero hasta llegar a ser líderes en su sector, la empresa familiar Navaliber, nacida hace más de cincuenta años, se ha ido reinventando conforme los astilleros se adaptaban a los nuevos tiempos. Algunos boyantes. Otros muy precarios. Pero con la «flexibilidad» como insignia, esta compañía asentada en Gondomar ha llegado mucho más que lejos, tanto, que aseguran que en un año de trabajo tienen capacidad para cubrir los 34 kilómetros del Canal de la Mancha con un túnel de tres metros de ancho y paredes de dos metros de altura, con una puerta cada cinco metros y un aseo cada 41. Y eso que todo comenzó con una carpintería de madera.

Con la tercera generación al frente de la empresa (y un miembro de la cuarta en plantilla), Navaliber «diseña y fabrica productos y sistemas cumpliendo los más estrictos requerimientos de confort y seguridad para todo tipo de buques: de pasaje, pesqueros, cruceros, lanchas de poliéster, cargueros, quimiqueros, plataformas petrolíferas, oceanográficos, patrulleras… Tenemos más de 600 referencias», apunta Víctor López, CEO de Navaliber.

Esta empresa, puntera en Europa, desarrolla desde los planos constructivos para la fabricación y montaje de la obra, pasando por el diseño de los espacios interiores (seleccionando materiales, colores...), hasta la fabricación propia de los principales productos: mamparos, puertas, techos, aseos modulares y mobiliario. Todo para obtener en el casco de un buque los mismos servicios y comodidades de un edificio ubicado en tierra firme.

Para complementar el servicio que Navaliber ofrecía a sus clientes, hace diez años la compañía creó Exacta, una empresa nacida para «llevar a cabo una habilitación integral de los montajes llave en mano; es decir, trabajos a bordo de aire acondicionado, ventilación, tubería y calderería. Antes subcontratábamos estos trabajos, así que nos planteamos si era factible la creación de una empresa con estas características y nos dimos cuenta de que sí». Ahora es precisamente este servicio, el de llave en mano, el que más alegrías proporciona a Navaliber, y al que achacan buena parte de su éxito. «Entramos en el astillero y dejamos el proyecto de habilitación convertido en una realidad que no precisa ninguna otra intervención, reduciendo drásticamente los costes para el armador del buque. Además, el cliente se despreocupa sin perder las garantías de calidad», sostiene López.

Encargada de la ingeniería de los camarotes del primer crucero de ultralujo del Ritz

Todo un reto. Así es como definen en Navaliber la adjudicación de ingeniería y desarrollo de los camarotes de pasajeros del primer crucero de ultralujo Ritz-Carlton. «Es un tipo de buque que hasta el momento no se había hecho en España, pero hay solvencia suficiente para llevarlo a cabo», explica el CEO Víctor López. Para desarrollar este proyecto, la compañía de habilitación naval de Gondomar se ha unido a la estradense Martínez Otero, a los que define como el «partner adecuado» por su experiencia trabajando para hoteles de lujo.

Que el prestigioso grupo estadounidense Ritz-Carlton haya apostado por lanzar una línea de cruceros de lujo, sumado al hecho de que se animasen con la impronta gallega gracias al astillero vigués Hijos de J. Barreras, da buena cuenta de qué tipo de buques dan de comer ahora principalmente al sector. «Hace unos años la industria naval vivía, sobre todo, del petróleo (quimiqueros, plataformas petrolíferas). Pero comenzó a caer y tuvimos que centrarnos en otro tipo de buques. Esto favoreció que los cruceros pasaran a ese primer plano en el que están ahora, ya que además el mantenimiento es más barato», comenta el primer ejecutivo de Navaliber, para añadir: «De todos modos, se trata de una cuestión de tendencias, porque también vivimos una época en la que los barcos pesqueros daban grandes beneficios».

«El 2011 fue muy difícil, llegamos a temer que el sector desapareciese»

L.G. del Valle

No le duelen prendas a la hora de comentar los duros momentos que pasó la compañía en el 2011, un annus horribilis «en el que el tax lease estuvo a punto de tumbar el sector y que, a nosotros, nos perjudicó de una manera muy drástica». Víctor López echa la vista atrás tranquilo porque en la actualidad su compañía, que tiene carga de trabajo contratada por más de 20 millones de euros, se encuentra en una situación económica que dista mucho de la de aquella época. «Ahora lo que queremos es seguir creciendo en Europa. Nos interesa tener más peso fuera que en el mercado español».

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