La firma gallega que abandera el ocaso de la «fast fashion»

La viguesa Latitude lidera la revolución textil sostenible; en su red de talleres imperan los salarios justos y el respeto al medio ambiente


Redacción / La Voz

Charlar con la CEO de una compañía que se dedica al sector de la moda y escuchar frases tan reveladoras como «yo sí creo que se puede cambiar el mundo» o «renuncié a mi puesto de responsable del control de producciones en una multinacional por principios» es, como poco, sorprendente. Eso sí, conforme uno empieza a ahondar en el modelo de negocio de Latitude, la compañía referente en incorporar la sostenibilidad al proceso de producción textil creada por María Almazán, comprende que las palabras de esta madrileña afincada en Vigo no tienen por qué sonar disonantes en el distinguido mundo de la costura.

Esta compañía eco, que parte de la premisa de «poner las condiciones laborales de las personas y el medio ambiente por delante de la actividad textil», comenzó su andadura en el 2014 asesorando a varios talleres de A Coruña en materia de responsabilidad «con los tejidos, con las emisiones y con el consumo energético», explica esta ingeniera. Estos inicios, consecuencia directa de los viajes de Almazán a Asia en el marco de su anterior empleo, en los que vio la cara más reprobable del fast fashion, culminaron en una «reindustrialización» entendida como la «recuperación de la cultura del textil». Es decir, una apuesta por el trabajo local, con salarios justos, que tiene como sustento el uso de materiales orgánicos. Saben bien de esta vuelta de tuerca en las siete fábricas sostenibles con las que trabajan en España (algunas, en Vigo y Ourense) pero también en el seno de las marcas internacionales con las que colaboran, a las que facilitan el acceso a más de 700 tipos de materiales orgánicos, vegetales y reciclados.

Para incorporar la sostenibilidad en el proceso de producción, en la localización de los talleres y hasta en los hábitos de consumo que genera el fashion system, Almazán y sus socios trabajan duro. Las numerosas firmas que se animan a incluir una línea sostenible, en algunos casos para acercarse al tan en boga target verde y, en otros, por razones éticas, «forman parte de un sistema que no está acostumbrado a regirse por cuestiones éticas, y siempre van a buscar beneficios, es razonable, pero les enseñamos que se puede tener una línea sostenible y ganar dinero. De hecho, todas las grandes marcas la tienen y ahí están», explica esta empresaria de 38 años. Y añade: «Lo bueno es que hasta los más reticentes se motivan una vez ven el resultado del cambio».

Predicar con el ejemplo forma parte de la filosofía de esta compañía. Por eso Latitude decidió en el 2016 incorporar una firma propia (homónima y de venta online) a las labores de proveedor y asesor. «Lo que queremos trasladar es que una prenda no puede costar cinco euros, que es algo que a las marcas y al consumidor le cuesta entender. También apostamos por la integración del medio ambiente en el trabajo de producción y, como digo siempre, por la eliminación del cliché de que la moda sostenible tiene que parecer étnica o no seguir las tendencias: nosotros, por encima de todo, lo que hacemos es moda».

Y apunta: «Con nuestro sello generamos más volumen y podemos ayudar a los talleres que necesitan un empujón para afrontar un cambio que, por otra parte, no se puede dar de la noche a la mañana».

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