Abel Mourelo, de la facultad de biología a la élite del fútbol asiático

Trabaja junto a Hong Myung-bo, autor del gol que eliminó a España del Mundial


Muchas veces, cuando se escucha eso de que organizar un Mundial en latitudes sin demasiada tradición balompédica es un impulso al fútbol del país, suena a cuento chino. Un cliché para responder a aquellos que critican la inversión multimillonaria en infraestructuras. Ahí queda la duda, incertidumbre a largo plazo, hasta que dos décadas después de que 23 tipos de un mismo país celebren que han ganado un partido de fútbol, aparecen historias como la de Abel Mourelo, un gallego de Lugo nacido en Cataluña de rebote. «Mi madre se fue embarazada de ocho meses para Cataluña. Nací en Barcelona pero toda mi familia es de Lugo. Del Lugo interior, el Lugo guapo», explica.

Además de ser hijo de sus padres, Abel Mourelo es hijo del Mundial del 2002 en Corea y Japón. A caballo entre esos dos países ha forjado su carrera más reciente en los banquillos desde que saltó de aquel Reus en descomposición económica en la temporada 2018-2019 en Segunda División. De Cataluña a Tokushima. Uno podría empeñarse en achacar este rodeo asiático a la élite a la casualidad, pero la realidad complica enrocarse en eso cuando ve que el otro Mou —no luso, sino Lugo— trabaja en el cuerpo técnico de Hong Myung-bo, ahora entrenador del Ulsan Hyundai coreano. En España, al exinternacional surcoreano no se le conoce por el nombre. Se le recuerda —con cierta rabia— por cómo, tras patear el último penalti, celebró el gol que dejaba al equipo de Camacho fuera de la copa de mundo en cuartos de final. Otra vez.

«El míster es el único jugador asiático que ha jugado cuatro mundiales consecutivos. Estuvo en el 94 en Estados Unidos en aquel empate contra España en fase de grupos. Y eliminó a la selección aquí», comenta sobre su nuevo jefe.

De Conxo a Corea

A veces, con el fútbol te tropiezas. Es difícil predecir que una carrera de biólogo marino te acabará llevando a Catar para tratar de ganar el Mundial de Clubes. El fútbol, que es así.

José López Canosa —Abel exige darle el mérito en público que le corresponde— le metió el gusanillo de la táctica en su etapa de estudiante en la capital gallega. «Es la persona que en Conxo me abre la mente en torno al fútbol ofensivo», dice. En su época compostelana, conocería también a Rubén de la Barrera. Del Conxo al Compostela y de la capital gallega a Cataluña. Hasta allí fue a buscarlo el actual entrenador del Deportivo para incorporarlo a su cuerpo técnico en la Cultural. De León a Reus antes de llenar su pasaporte de sellos asiáticos.

Desde aquel primer interés sobre el juego de ataque se acabó labrando un camino al profesionalismo que de momento le ha llevado al puesto de asistente táctico del juego ofensivo del Ulsan Hyundai. Entre medias, encuentros para el recuerdo como el mantenido con Iniesta, Villa y Juanma Lillo el pasado curso en Kobe. Impredecible cuando compaginaba el tiempo entre apuntes y los entrenamientos con el Conxo.

Su aventura tiene como primera parada la disputa del Mundial de Clubes

El pasado mes de diciembre, el Ulsan remontó el gol inicial del Persépolis iraní en la final de la Liga de Campeones de la AFC para acabar llevándose el trofeo (2-1). El título les dio acceso a la fase final del Mundial de Clubes, que este año se celebra en Catar y tiene como premio gordo el Bayern. Será la primera experiencia de Abel Mourelo en el cuerpo técnico. No está mal para empezar. Tendrán que medirse al Tigres de México para enfrentarse, en una hipotética semifinal, al Palmeiras como campeón de la Libertadores. «Es una competición que, si no eres futbolista y no estás en uno de los grandes, a lo mejor no la puedes jugar nunca y, de golpe y porrazo, te ves con esa posibilidad. Estoy como un niño con zapatos nuevos», dice Mou.

Su incorporación a la disciplina surcoreana fue una petición expresa de Hong Myung-bo, que buscaba a un español para su equipo. «Los técnicos españoles estamos bien valorados. Supongo que a raíz de las dos eurocopas y el Mundial se nos reconoce más. Diría que se nos reconoce más fuera que dentro», asegura.

Su nombre surgió en Corea tras su trabajo en Japón. Y a Japón llegó gracias a un contacto que estableció a raíz de la estancia de Ideguchi en León, un toque exótico de aquella Cultural en Segunda División. Es difícil predecir los caminos de este deporte.

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