La saga de los Tapias llega a Dublín

Ana, de la tercera generación de una familia viguesa entregada al hockey hierba, acaba de convertirse en profesional tras fichar por el Rathga de la Primera irlandesa


VIGO

En los años 30 del siglo pasado, los abuelos de Ana Tapias (Vigo, 1994) comenzaron a jugar al hockey hierba. Primero su abuela, en el primer equipo femenino de Vigo, y más tarde su abuelo. A continuación lo hicieron su padre, Fernando, que fue olímpico igual que su tío Federico, y toda su familia paterna. A los ocho años, con motivo de su primera comunión, le regalaron su primer stick y sus tíos Federico y Cristina fueron sus primeros entrenadores. Con semejante vinculación al hockey, Ana tenía que salir jugadora, y lo hizo burlando todo tipo de obstáculos, desde superar el trance de ver desaparecer el equipo femenino del Atlántico, su club de toda la vida, a hacerse largos viajes en tren para jugar en A Coruña y ahora apostar fuerte por marcharse a Irlanda para hacer realizar el sueño de ser profesional aunque eso signifique trabajar de au pair y estar lejos de casa.

Con la carrera de Económicas terminada y en vista de la situación en España, Ana Tapias decidió dar el paso en julio. «En Galicia, al ser un deporte minoritario, tienes que buscarte las castañas y tienes que irte fuera para poder jugar. Entonces, después de terminar Económicas, pensé que era mi momento par jugar a nivel profesional en otro país y compaginarlo con estudiar inglés, ya que es algo que necesitamos en nuestras vidas».

Y aunque solo lleva un mes y medio en Irlanda, ya asegura: «Creo que es la mejor decisión que voy a tomar toma mi vida». Porque la apuesta le permite vivir intensamente su pasión por un deporte que forma parte de su vida: «El hockey es el deporte que amo, que está en el día a día de mi vida. Cada vez que iba cumpliendo años notaba que lo necesitaba, que sin ese deporte, sin entrenar dos días a la semana y jugar los partidos no me sentía yo misma». Ana ya fue internacional con España y disputó un torneo en Ourense ante Alemania.

Con esa idea de ser profesional, se puso en contacto con uno de los conjuntos de la capital irlandesa, el Rathgar Hockey Club, que la convocó para hacer las pruebas tan pronto arribase a Irlanda, algo que sucedió el pasado 31 de agosto. No solo superó la prueba, sino que la incluyeron en el plantel del primer equipo, y la mediocentro viguesa no se ha perdido ni una sola convocatoria hasta el momento. «Yo estoy supercontenta con el equipo y el equipo lo está conmigo. Además, al ser profesionales, el tema del covid-19 no nos afecta y podemos seguir entrenando y jugando igual», indica mientras matiza las diferencias entre el hockey hierba irlandés y el español: «Aquí el físico es bestial, tienes que correr un montón si no no podrías llegar a estar en Primera División».

En Dublín, la viguesa no pierde ni un segundo del día. Se levanta a las siete y trabajo hasta las cinco y media de la tarde. A esa hora, tres días a la semana como mínimo, se enfunda el traje de profesional del hockey y se marcha a entrenar y los días que descansa se marcha a una academia de inglés a perfeccionar el idioma. «La verdad es que no paro», dice. Pero al mismo tiempo está pensando en hacer un máster en inglés y otro de banca privada y en inversión de riesgos. Y los domingos que no tiene partido se sube a un tren para conocer las ciudades del país.

Para que la felicidad en la Irlanda verde sea completa solo le falta la primera victoria de su equipo y su primer gol. Puede que ambas cosas las pueda celebrar esta noche. Hoy es día de partido en Dublín y la saga Tapias estará pendiente en Vigo.

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