Cincuenta días en una habitación de hotel en Italia esperando ver la luz

El futbolista gallego Iago Falque, cedido unos meses al Génova por el Torino, pasa la cuarentena solo en una habitación y deseando ver el final


Encerrado en un habitación de hotel. Así es como lleva Iago Falque (Vigo, 1990) los últimos cincuenta días. El futbolista gallego del Torino se fue cedido al Génova el pasado enero. Decidió no alquilarse una casa porque «solo iba a pasar unos meses, pero cuando ocurrió todo lo del coronavirus el hotel donde estaba cerró» y buscó otro para pasar la cuarentena, contesta mientras pasea de una punta a otra de su cuarto.

Las medidas decretadas en Italia le permiten pasear hasta a un máximo de 200 metros de distancia de su lugar de residencia o salir a correr, «pero el hotel está al lado del aeropuerto y aquí no hay nada. Bajo un rato para estirar las piernas, pero nada más», reconoce con un mezcla de acento italiano y cierta modulación viguesa.

Falque comparte hospedaje con su entrenador, el italiano Davide Nicola, pero tampoco puede compartir conversación con él. Encerrado en la habitación, ocupa el tiempo como puede. Los días ya se le hacen largos. Eternos. Entrena o trata de mantener algo de actividad dentro de lo que el espacio le permite. Y aún así se siente afortunado: «Tengo la suerte de que hay una terraza con césped y tengo espacio para ejercitarme». El rato de ocio que le queda, Falque lo dedica a hablar con su familia y amigos a través de videollamadas. Su gran aliado durante estos 50 días. «Ya se me está haciendo muy largo. Estoy esperando noticias», asegura a la vez que reflexiona sobre su particular situación: «Me ha tocado en las dos peores partes: vivir en Italia y con toda la familia en España, que son los dos países de Europa más perjudicados por esta pandemia. Sí que estoy preocupado, pero por suerte todos están bien. Ojalá podamos salir pronto».

Una lesión en el tobillo le apartó del fútbol durante meses y el Génova, equipo en el que ya había militado en la temporada 2014-15, le rescató y le dio la oportunidad de volver a sentirse importante en la Serie A. Su deseo era echar una mano en la lucha por la permanencia. Pero la fortuna no le acompañó. «Ya va a pasar más tiempo sin que entrenemos que cuando se acaba la temporada. Porque en vacaciones te entrenas, te mueves, viajas, juegas en la playa... Estás activo. Ahora es todo mucho sedentario, y eso el cuerpo lo va a notar», lamenta. A la espera de una solución, Falque desea que se aclare la situación para saber cuándo podrá volver a España para poder abrazar a los suyos.

Tampoco es capaz de aventurarse a saber qué pasará con el fútbol en Italia. «La desinformación es un problema y yo, sinceramente, no estoy preparado para decir si sería mejor volver o no. Pocos pueden hacerlo. Pero creo que, si el fútbol tiene que esperar a que haya una vacuna, sería catastrófico. Hay mucha gente que ya está trabajando y lo hacen sin vacuna. Pero, insisto, a mí no me gusta hablar sin saber. No creo que haya nadie que quiera estar un año sin competir. A mí me gustaría volver a jugar, pero siempre que la gente que decide opine que puede ser así», sentencia.

Aún con dos años más de contrato con el Torino, Falque evita hablar sobre un hipotético regreso a España, «y más ahora con lo impredecible que es el futuro». Vestir algún día la camiseta del Celta, el equipo de su ciudad, no lo descarta «pero no sé dónde acabaré».

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