Regreso obligado desde EE. UU.

Nerea Arambarri dejó a medias el curso escolar y la temporada de baloncesto para volver a Vigo por la pandemia


m. v. f. vigo / la voz

La baloncestista viguesa Nerea Arambarri se vio obligada a regresa a casa dos meses antes de lo previsto debido a la pandemia. La deportista vivía su segunda temporada de estudios y baloncesto en Estados Unidos, concretamente en el Salem University Tigers, y aunque su primera idea fue quedarse allí y esperar acontecimientos, finalmente decidió hacer las maletas de manera precipitada.

Ya ha pasado casi un mes desde su viaje a Vigo y en ese momento en Estados Unidos eran prácticamente ajenos al problema que luego también les iba a azotar con fuerza. «Aún no había llegado, pero nosotros leíamos noticias de España e íbamos viendo lo que pasaba», recuerda. Fue en el momento en que se empezó a plantear el cierre de universidades cuando Arambarri optó por volverse. «Contactamos con la embajada y nos recomendaron coger el primer vuelo que encontráramos, porque estaba difícil», señala. De hecho, sabe de gente que no pudo volver.

En pleno tramo final de la temporada para su equipo y con el fin de curso también pendiente, la viguesa no quería «volver tan pronto». Pero entendió que era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias. «Si luego cerraban las fronteras y los aeropuertos, me podía haber quedado atrapada en Estados Unidos», señala. Su familia le recomendó, asimismo, que se emprendiera el camino de vuelta.

Ese viaje de regreso comenzó en Pittsburgh, en Pensilvania, desde donde cogió un vuelo a Nueva York y, allí, otro rumbo a Madrid. El siguiente paso era tomar otro avión hacia Oporto, pero ese último sí le fue cancelado. «Dentro de lo que cabe, ya estaba en España y no me importó mucho. Una vez en Madrid, pude arreglarme para coger otro hasta Vigo», detalla.

El miedo al contagio lo sufrió más en sus últimos días en Estados Unidos que durante el viaje o al llegar a España. «Allí, mientras yo estuve, nadie llevaba mascarillas ni guantes, tampoco mantenían las distancias. Lo pasé mal en los controles en los aeropuertos en Estados Unidos porque allí nadie usaba protección», comenta. Por el contrario, su sensación en España fue que «la gente estaba mucho más concienciada y las medidas eran serias». Ella llegó a España con una mascarilla que pudo comprar en el aeropuerto de Nueva Jersey, pero hasta ese momento le había sido imposible hacerse con una. «No llegaron a tiempo para el viaje».

Tampoco tuvo que someterse a controles diferentes de lo habitual. «Creí que me iban a tomar la temperatura, pero nada de nada», relata. Lo que sí fue distinto fue el panorama que se encontró en los aeropuertos y en los aviones. «El vuelo a España venía casi vacío, y choca mucho ver el aeropuerto de Madrid con tan poca gente cuando suele estar llenísimo. Los pocos que te encontrabas volvían a sus casas. Coincidí con unos gallegos a los que les pasó como a mí, cerró la universidad y se vinieron».

«La experiencia allí estaba siendo muy buena y espero poder continuar»

La distancia no es impedimento para que Nerea pueda continuar sus clases online sin incidencias. Estudiante de una carrera similar a INEF, en ese sentido está tranquila pese a que el panorama no esté nada claro en estos momentos. «No se sabe qué va a pasar, pero las universidades están cerradas y lo que está claro es que vamos a acabar el curso así. Se espera que se pueda volver cuando debíamos hacerlo, en agosto», señala. Mientras, ella dedica las mañanas a entrenar y las tardes a los estudios, ahora con un ordenador de por medio.

En su caso, tiene «la suerte», dice, de contar con jardín y cancha de baloncesto en casa. «Se lleva mejor que estando confinada en un piso, pero como todo el mundo, estoy deseando que esto termine pronto para poder salir». No tiene dudas de que quiere seguir sus estudios en Estados Unidos cuando todo pase. «Allí estoy muy contenta, la experiencia está siendo muy buena y espero que todo vuelva a la normalidad y poder continuar», indica la jugadora.

La aventura americana de Arambarri, alero formada en el Celta, comenzó en el 2018, cuando tenía 17 años. No fue algo buscado por ella, sino que aunque lo consideraba un sueño, como explicaba en su día, no pensaba que se le fuera a plantear esa opción. Y, de hecho, aunque contactaran con ella, no era cuestión de aceptar una oferta, sino que tuvo que prepararse y pasar pruebas muy exigentes, sobre todo a nivel idiomático. Una vez allí, la experiencia le está siendo del todo enriquecedora.

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