Aislado en Georgia y con sus padres ingresados en Vigo por COVID-19

«Por videollamada vi a mis padres en el hospital», explica Diego Diz a 5.000 kilómetros. Ayer estaban en casa de alta


vigo / la voz

A principios de marzo, cuando ni en España ni en Georgia se podía intuir todo lo que iba a implicar la crisis del coronavirus, el vigués Diego Diz explicaba a La Voz que en el país donde ahora juega al fútbol la liga seguía adelante. La enfermedad ya había provocado la suspensión de las clases y empezaba a colarse en todas las conversaciones, pero todavía era algo secundario en su vida. Poco se podía imaginar entonces que le iba a tocar vivir la pandemia de cerca pero al mismo tiempo desde lejos: sus padres dieron positivo en Galicia la semana pasada, con él a más de 5.000 kilómetros.

El vigués ya define lo vivido como «un susto de caray» que ha pasado. Porque su progenitor lleva tres días en casa y su progenitora pudo regresar ayer a su domicilio. Pero la manera de enterarse días atrás de que estaban infectados difícilmente se le va a olvidar a Diego. «Hicimos una videollamada los tres hermanos con mis padres y de repente los veo a los dos allí tumbados, en el hospital con mascarillas. Fue un susto terrible», rememora.

El deportista conocía los síntomas de sus padres e incluso suponía que podía tratarse de coronavirus, pero lo que le realmente le alarmó fue comprobar que los habían ingresado en cuanto se confirmó la enfermedad. «Yo sabía que hay gente que da positivo y se queda en casa controlada y cumpliendo la cuarentena, pero ellos tenían neumonía», detalla el motivo por el que los trasladaron de inmediato. Esa noche fue terrible para Diego: «No dormí nada».

También ellos, Ricardo y Clara, de 63 y 65 años, pasaron miedo. «Estaban aterrorizados. Llevaban una semana en casa, fastidiados, llamando para que les fueran a hacer la prueba», relata. Al día siguiente, con la medicación y los cuidados médicos, fueron mejorando rápido y Diego, que tuvo ocasión de estar en comunicación permanente con ellos a través de sus móviles, los encontró ya «mucho más animados». Aunque calcula que fue hace una semana, admite que en cuarentena se le hace difícil llevar la cuenta de los días que han pasado.

Su primera idea no fue otra que viajar directamente de vuelta a casa. Aunque sabía que no iba a poder estar al lado de sus padres, prefería estar cerca. Pero enseguida comprobó que no era viable. «Estuve buscando información sobre cómo poder ir, pero apenas había opciones, era un cristo de tres pares», cuenta. Contactó con el cónsul, que trató de ayudarle a buscar posibilidades. «Había una vía abierta a Ámsterdam, pero luego igual se cancelaba Ámsterdam-Madrid o no tenía forma de ir de Madrid a Vigo. Me convenció de que era una locura y, total, no iba a hacer nada», recalca. Decidieron esperar unos días con la intención de «mirar de ir de cualquier manera» si las cosas empeoraban, pero afortunadamente no fue necesario.

Los padres de Diz no tienen la menor idea de cómo se infectaron. «Está claro que él la contagió a ella, porque lleva más tiempo pachucho. Pero sabe Dios, no tienen ni idea. Estaban en Moraña, viven allí, en una zona de pocas casa y donde solo están infectados ellos», explica. En estos pocos días en que su padre ha estado solo con su mujer aún hospitalizada, «los vecinos le llevan la comida, la dejan en la puerta y no le quieren coger ni el dinero por si se contagian».

Cuarentena en Georgia

Hasta el lunes, Diz todavía podía salir a correr en Georgia, pero ahora las medidas son similares a las que se han adoptado en España, e incluso hay toque de queda a las nueve de la noche. Él lo lleva bien, sobre todo tras el alivio de saber que sus padres han superado la enfermedad. «Ahora estoy estupendamente. Las noticias que han llegado de casa son buenas y no cambia mucho estar confinado allí que aquí», zanja.

Sin fecha por el momento para volver a la competición o a los entrenamientos, tiene un plan que seguir en casa. «Ya solo bajo al supermercado, que te dan guantes al entrar y te desinfectan, y a llevar la basura», cuenta con tranquilidad. Pase lo que pase desde ahora, para Diego lo peor de esta crisis sanitaria ya ha quedado felizmente atrás.

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