Diego Diz cambia Islandia por Georgia

El futbolista vigués, ex del Rápido de Bouzas, acaba de iniciar una nueva andadura en el Samtredia


vigo / la voz

De los 2.600 kilómetros que separaban Vigo de Islandia, donde jugó entre julio y noviembre, Diego Diz ha pasado a los 5.400 que median entre su ciudad natal y Georgia, donde el pasado domingo debutó con el Samtredia de la máxima categoría. Los dos países son «lo más diferente entre sí que puede haber» y el futbolista bromea con que, tras estas dos aventuras, es difícil que diga que no a cualquier proyecto deportivo que le propongan por lejano que sea.

Porque en Islandia Diz vivió una experiencia magnífica pero que solo recomienda en pequeñas dosis. «Yo no llegué a estar en invierno, pero el verano es casi como diciembre en Vigo. Por lo que me cuentan, si hubiera estado años allí, me vuelvo loco», reconoce. Aun así, se hubiera quedado algo más de tiempo si el Grindavík hubiera mantenido la categoría. Pero el descenso le abocó a buscar nuevos horizontes y apareció Georgia.

«Fue a través del mismo representante que me llevó a Islandia. Me habló de esta posibilidad y, aunque no sabía ni situar el país en el mapa, me gustó», sintetiza. Y es solo un resumen porque reconoce que entre el momento de la propuesta y el del sí, dudó. «Busqué el nombre del equipo y de la ciudad, de 200 habitantes y donde solo se habla georgiano, un idioma con alfabeto propio que, además, parece pinturas rupestres. Eso sí me echó un poco para atrás», recuerda.

Luego le explicaron que viviría en la capital, Tiflis, donde también entrena, de modo que solo se desplaza a Samtredia para jugar. «La ciudad está muy bien, es grande y el estilo de vida es parecido al europeo, a diferencia con el resto del país», describe. Por otra parte, también hay contrastes. «Ves zonas de pobreza, muchos perros abandonados o edificios en ruinas al lado de otros de arquitectos de prestigio», detalla. Aparte del choque cultural. «Con el tema del machismo es quizá como la España de hace 30 años. Yo escucho y es mejor que no me meta a opinar», dice. Allí les sorprende, por ejemplo, que con 28 años no esté casado. «Preguntan que cómo puede ser».

El tema del idioma supone también un pequeño gran caos. «En el equipo somos nueve extranjeros y de los georgianos solo dos o tres hablan inglés, con el resto nos comunicamos por señas», indica. La papeleta tampoco es fácil para el técnico. «De repente está hablando georgiano y de vez en cuando nos ve y se pasa al inglés, pero hay uno de Azerbaiyán que solo entiende el ruso y cambia con él...», aclara.

En cuanto al nivel futbolístico, no se atreve a establecer una equivalencia con el sistema de categorías español, pero calcula que pueden andar por un Segunda B o Tercera. «Es bastante más alto que en Islandia. Es todo más profesional, hay más seguimiento de los medios y la gente», subraya. También ha notado que se toman «más en serio» los entrenamientos y, de hecho, en las dos semanas que lleva, ayer fue su primer día libre. «Jugábamos el domingo por la noche y entrenamos hasta ese día por la mañana, la primera vez que me pasa».

Quitando el transporte, muy económico, le sorprende que los precios son similares a España, aunque los salarios están muy por debajo. En su caso, no hay queja. «Con los extranjeros hacen un esfuerzo grande, no solo en el sueldo, también en el piso». Su idea es quedarse hasta noviembre. Luego, quién sabe qué país llamará a su puerta.

Un nivel futbolístico más alto y un ambiente espectacular

Diz aterrizó en Georgia hace algo más de un mes, pero fue visto y no visto, porque tocaba pretemporada fuera y un nuevo país al que viajar. «Nos fuimos 20 días a Antalya, a Turquía. Van muchos equipos del Cáucaso y está estupendo, porque te hospedas en un resort de cinco estrellas sin nadie, ya que los turistas solo van en verano», comenta. La pega es que más allá de un día libre, hubo «poco tiempo para visitar»,

Ya el pasado fin de semana fue el momento de experimentar por primera vez la competición en Georgia. Diego, que admite que esperaba ser titular, partió en el banquillo, pero disputó toda la segunda parte. «Metimos un gol en el primer minuto y luego nos remontaron», cuenta. Más allá de eso, se quedó impresionado por el ambiente en ese duelo contra el Lokomotiv Tbilisi, uno de los rivales más potentes. «La ciudad está a tres horas y vinieron unos 50 ultras a animar, con fuegos artificiales. Ahora tenemos derbi y se va a llenar el estadio».

El Samtredia es actualmente un recién ascendido cuyo objetivo es «quedar lo más arriba posible», pero solo hace tres años que fue campeón, lo que da una idea de la igualdad que reina en el fútbol de este país y de hasta qué punto puede resultar cambiante. «El nivel entre los equipos es muy similar y nadie está libre de acabar muy abajo o muy arriba. Son diez y cuatro vueltas, así que acabamos de empezar y es pronto para saberlo». 

Coronavirus

El coronavirus también es tema de conversación en Georgia. «Suspendieron las clases en colegios, institutos y universidades, pero de parar la liga como en otros países no nos han dicho nada», dice a la expectativa. Ha percibido que hay miedo y que «todo el mundo está con el tema de taparse la boca».

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