Jéssica Bouzas renuncia al Open de Australia por su alto coste, y mira a París y Londres

La jugadora vilagarciana analiza su extraordinario 2019, que concluye en el número 50 del ránking mundial júnior y con sus primeros puntos profesionales, y ya mira al 2020


vilagarcía / la voz

Jéssica Bouzas Maneiro (24/IX/2002, Vilagarcía) está a punto de despedir un 2019 que «no olvidaré», confiesa. Un año en el que el mayor talento femenino surgido en mucho tiempo en el tenis gallego ha dado un paso de gigante, completando el curso en el número 50 del ránking ITF Tennis Junior, el circuito mundial de referencia Sub-18, en el que el pasado 1 de enero arrancaba en el puesto 141. Entre ambos extremos, seis prodigiosas semanas en mitad del calendario, conquistando en tierras suizas los títulos individuales de los torneos de Oberentfelden (grado 2), y Neuchâtel y Derendingen (grado 3), sumando en el primero el título de dobles, modalidad en la que había ganado en primavera el cuadro del torneo de Vinarós (grado 2). Una sucesión de excelentes noticias que tuvo su recompensa con el acceso directo al cuadro final del US Open Junior, convirtiéndose Jéssica Bouzas en la primera gallega en disputar una cita del Grand Slam Sub-18 en 20 años, tras la participación de la pontevedresa Lourdes Domínguez en el Roland Garros Junior. Debut feliz, logrando alcanzar la segunda ronda al superar en dos sets a la estadounidense Natasha Subbash en una hora de juego (6/3 y 6/2). Una tarjeta que la arousana redondeó sumando en el último trimestre del año sus 17,5 primeros puntos del circuito profesional en los torneos W15.000 de Ceuta y de Monastir (Túnez).

«Cumplimos objetivos. Pude meterme en un Grand Slam, en el Top50, conseguí ránking WTA. Ha sido un año bueno, e importante», valora Bouzas, que desde el día 23 y hasta el 6 de enero disfruta de unas vacaciones activas en su casa familiar de Vilagarcía; la que en septiembre del 2016 cambiaba como residencia habitual por la Academia Tenis Ferrer de Jávea (Alicante).

«Desconectar es muy fácil. Volver a la rutina diaria -entrenamientos, instituto, estudio y cama- es mucho más duro», explica la gran promesa del tenis gallego. De ahí que, aunque dedique buena parte de su tiempo a «disfrutar de la Navidad con la familia y con los amigos», Jéssica no deja de entrenarse cada día, sabedora de que pronto «vienen torneos por delante», y que si hay un deporte en el que se exija una regularidad espartana, ese es el suyo. Y el 2019 se lo ha recordado: «En realidad, a principios de año las cosas no fueron muy bien. Y en verano, salió todo genial, en seis semanas perdí dos partidos; las cosas salieron muy, muy bien. Yo no sé cuándo van a ocurrir las cosas. Sé cuando estoy mejor o peor. Pero te puede salir un muy buen torneo, o un mal torneo. Si te sale bien, perfecto; y si no, tienes que seguir trabajando», reflexiona.

En esta línea, y a estas alturas de su carrera, Jéssica entiende que «estar en el Top 100, Top 50 ó Top 130 del mundo es prácticamente lo mismo. Cori Gauff, una niña de 15 años, le ganó a Venus Williams. Hasta hace un año y algo, esa niña estaba jugando al mismo nivel que yo. El tenis se define por ránking, pero una vez que alcanzas esos niveles, es secundario [...] En 2020 mi objetivo es madurar. Competir, jugar, y conseguir los máximos puntos posibles y lo que pueda tenísticamente», adelanta, concentrada ya en sus primeros pasos en el circuito profesional antes que en el ránking Sub-18.

Así, los planes de Bouzas pasan por disputar el mayor número posible de torneos profesionales W15.000 y 25.000, los de menor categoría -abrirá la temporada en el W15.000 de Manacor, el 20 de enero-, y al menos los dos Grand Slam centrales del calendario júnior: Roland Garros y Wimbledon. Con ránking para acceder directa al cuadro del Open de Australia de comienzos de año, la vilagarciana desvela su renuncia a jugarlo por el alto coste económico de su participación.

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