El vigués que conquistó Mongolia

Yago Pérez jugó unos meses en el Ulaanbaatar, convertido en uno de los mejores futbolistas de la liga


Vigo / la voz

La gran temporada 2017/2018 que realizó el Rápido de Bouzas en Segunda B a las órdenes de Borja Jiménez fue un gran trampolín para algunos de los integrantes de aquel equipo, que fueron tentados para probar suerte en otros proyectos. Le ocurrió a Yago Pérez (Vigo, 1987), que se sentía muy atraído por la posibilidad de probar suerte en el mercado asiático. Lo que nunca imaginó es que acabaría en Mongolia, y concretamente el Ulaanbaatar FC.

Su primer destino tras el Rápido fue el Andorra, donde no acabó de sentirse a gusto. «Mi representante, Ángel Ruiz, se mueve mucho por Asia y a mí siempre me había llamado la atención ese mercado», relata el jugador. Pero reconoce que cuando escuchó el nombre de Mongolia se quedó impactado. «Contaba con Filipinas o Tailandia, algo más exótico. Me puse a buscar en Google y no ayudó mucho: que si la capital más fría, que si la más contaminada del mundo… Pero no estaba contento en Andorra y era una buena oportunidad, así que cogí los bártulos y una semana después ya estaba volando hacia allí», cuenta.

Aterrizó en abril con «un frío de la leche». «Me encontré trece grados negativos, pero para ellos era una temperatura ideal», desgrana. El club le juntó en un piso con un brasileño y un japonés y, aunque su preferencia era vivir solo, se adaptó con facilidad. «El equipo me lo puso fácil en todo momento, se portaron bien. Los extranjeros allí damos un salto de calidad a los equipos y se nos cuida mucho, estaban muy pendientes de nosotros», agradece.

Acostumbrado a que le pregunten sobre la equivalencia entre la liga mongola y una categoría española, asegura que es muy complicado determinarlo. «Es completamente diferente. Los jugadores son bastante flojos tácticamente, hay gente con calidad, pero no se exigen mucho. En España en Preferente hay buenos equipos que igual en un momento dado podrían ganar a este», profundiza.

El nivel de los clubes es un reflejo también de la poca preparación de los técnicos. «El nuestro era el primer año que entrenaba después de haber sido una leyenda como jugador en su país. No tenía títulos y sus conocimientos eran los justos. Se hacían las mismas dos o tres cosas a diario, entrenamientos de poca calidad», revela.

La competición contaba con diez equipos con dos vueltas y luego play-off entre los cinco primeros y los cinco últimos -«lo añadieron recientemente para alargarlo un mes más y que no fuera tan corta»-. Insiste Yago en que los extranjeros marcan las diferencias y también era su caso. «No es que sea yo ningún fenómeno, pero era de los mejores o el mejor de la liga», desliza.

Fue muy comentado un gol suyo desde el medio del campo. «No es que lanzara mal, pero un portero de una liga más potente la paraba. Allí se tira mucho porque los porteros son flojitos de caray». Allí los deportes más seguidos son, señala, las carreras de caballos y el tiro con arco, pero «al llevar jugadores de fuera están haciendo la liga más vistosa y cada vez se televisan más partidos, están creciendo».

Propuesta de nacionalizarse

Otra prueba palpable de que los deportistas foráneos le dan un plus al fútbol de Mongolia y de que Yago no era uno más es que llegaron a sugerirle la opción de nacionalizarse para jugar con la selección de ese país. «El presidente tiene vínculos con la Federación, me lo propuso e incluso llegué a preguntarle a un amigo mío abogado», señala. Al final, una lesión que ya ha dejado atrás precipitó su regreso a España y agotó esa posibilidad. Tampoco le dio tiempo a aprender el idioma, «un imposible», por lo que dice que no se «mató mucho».

En el plano económico, asegura que «de hacerse millonario como alguna gente piensa, nada». «Se cobra bien, pero no es una locura. Hay quien cree que me fui allí por un pastizal y no es así», subraya el vigués. Asegura que su verdadero motor fue «la experiencia, conocer otras culturas», que es algo que siempre le apetecido. De hecho, no cierra en absoluto las puertas a una nueva experiencia internacional mientras juega en el Valladares a la espera de otra oportunidad lejos de casa. «No tengo preferencias, me sigue atrayendo Asia y estoy dispuesto para lo que salga».

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