Candela se reencuentra en Inglaterra

Tras una mala experiencia en EE.UU., la baloncestista viguesa es feliz en el Reading Rockets


Vigo / La Voz

La baloncestista Candela Hermida (Vigo, 1998) terminó la temporada pasada «destrozada y hundida» después de probar suerte en Estados Unidos, concretamente en el Siena Saints en la NCAA I. La falta de minutos hizo mella en su estado de ánimo y en su confianza, pese a lo cual su idea en verano era intentarlo nuevamente en otra universidad americana. Finalmente, optó por hacer las maletas pero para quedarse más cerca, en Inglaterra. Y, esta vez sí, en el Reading Rockets inglés ha logrado reencontrarse consigo misma.

«No es que no fuera mi lugar y este sí lo sea, simplemente no funcionó», razona la joven, que tuvo claro que no iba a permitir que una mala experiencia le cerrara las puertas de volver a formarse y practicar deporte lejos de casa. De hecho, ni siquiera le hizo cruz y raya a Estados Unidos, al contrario. «Quería volver y buscar otra universidad, pero no se dieron las circunstancias. Si me cambiaba a otro equipo de la misma división tenía que estar un mes parada y además el factor académico también era importante», desgrana.

Su idea era un grado de Psicología y Márketing, algo que finalmente encontró en Inglaterra. «Aunque en mi mente estaba Estados Unidos, no hubo ninguna opción que me convenciera y tenía claro que no podía perder otro año. Me decía: ‘Candeliña, ten la cabeza fría’», recuerda. Seguir mejorando su inglés era otra de sus prioridades, de manera que comenzó a hablar con jugadoras que conocía y que habían probado suerte en Inglaterra, como Déborah Rodríguez, que la animaron a dar el paso.

Admite que no estaba dispuesta a ir de perdidos al río, pero al mismo tiempo sí le apetecía emprender una nueva aventura. «Me puse a buscar y encontré el equipo en el que estoy ahora, cerca de Londres, con un entrenador y nueve jugadoras españoles», detalla. En el club ya habían visto vídeos suyos, la conocían y enseguida apostaron por ella.

El cambio volvió a ser grande, pero con sensaciones mucho mejores desde el primer momento. «Era todo nuevo otra vez: el equipo, las clases, la universidad... Tener compañeras españolas fue de gran ayuda y yo venía de un nivel y una exigencia altísimos, así que el cambio se nota», señala. Se ha encontrado un baloncesto muy diferente al de Estados Unidos y más similar al que había conocido durante toda su vida. «Al tener un entrenador español también se nota, su filosofía es más similar, de presión, ritmo, contraataque...», comenta.

Ahora su rutina se reparte entre los estudios por las mañanas y las entrenamientos por las tardes, con una vida en la que también hay espacio para el ocio pese a tener ocupados los fines de semana. Y ese es otro cambio en positivo que agradece sobremanera. «En Estados Unidos parecía que la vida era solo baloncesto y no cabía nada más», dice mientras celebra que lo que vive ahora nada tenga que ver con eso.

Todavía no sabe si ha llegado para quedarse mucho tiempo o si estará de paso. «Soy un culo inquieto, prefiero pensar en el hoy, en el día, pero desde siempre me ha gustado conocer mundo y conocer gente nueva descubrir cosas y hacer nuevas amistades», recalca.

Confianza recuperada

En esta nueva etapa, en la que goza de un gran protagonismo en su equipo, ha conseguido volver a sentirse jugadora de baloncesto después de un año en el que no había contado para nada. «Necesitaba volver a sentir que puedo, que no lo hago mal», dice en referencia a las consecuencias que tuvo su anterior etapa. «Llegué a preguntarme si realmente merecía la pena seguir con el deporte con el que tanto había disfrutado toda mi vida», recuerda. Su fichaje por el Reading Rockets le ha permitido volver a tener claro que la respuesta es afirmativa.

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