Brillo vigués en el fútbol sala italiano

Cuatro exjugadores del Bembrive vivirán su tercer curso como profesionales en el país transalpino


Vigo / La Voz

Con el Bembrive de fútbol sala pasaron de tocar la gloria con los dedos a darse de bruces con la realidad. Maravillaron en Copa y estuvieron a punto de lograr el ascenso, pero la falta de apoyos hizo que el equipo se resquebrajara y hubiera que buscarse la vida. Fue hace dos años, que es el tiempo que llevan cuatro exjugadores del club vigués viviendo del deporte en Italia. Lo que jamás pudieron hacer en Vigo.

En el verano del 2016, Jacobo Amoedo, Nené; Óscar Morgade; Joni Rodríguez y Mario Paz decidieron arriesgar. A través de amigos con contactos que les echaron una mano y enviando vídeos -aunque cada uno tiene su historia particular-, todos acabaron saliendo de casa por primera vez para vivir una experiencia que va por su tercer año. «Antes el fútbol sala era una afición, no cobrabas nada. Daba igual si un día no ibas a entrenar. Ahora somos profesionales y ha habido que cambiar el chip», coinciden los cuatro, reunidos hace unos días por La Voz.

Pasar de «no ganar absolutamente nada» a ser profesionales les ha cambiado la vida para bien, pero no a coste cero. «Requiere otra mentalidad. En Bembrive nadie te exigía nada, perdías y qué se le iba a hacer. Allí recurren a los extranjeros para subir el nivel y si no das la talla, te vuelves a casa», reflexiona Joni. Sin olvidar que han tenido que dejar atrás sus vidas anteriores para abrir un nuevo capítulo lejos de los suyos. «Por un lado, a xente di: ‘Que ben vives traballando do que che gusta’. E esa parte é certa, pero tamén deixas cousas atrás. Eu este ano tiven que pasar o Nadal lonxe da familia», expresa Nené.

Cuentan que en Italia se han encontrado un fútbol sala distinto. A todos los niveles. En lo deportivo, más físico y menos avanzado tácticamente. «En España hay más nivel, estamos más preparados. Eso hace que nosotros hayamos sido protagonistas en nuestros equipos, porque vamos para eso, nos fichan para marcar diferencias», analiza Mario. Paradójicamente, con un nivel mucho más bajo, es allí donde se puede vivir del fútbol sala. «Aunque haya clubes que no sepan desenvolverse bien en muchas cosas, tiran de dinero», dice Joni. Y todos son conscientes de que «hay equipos en Primera española a los que no te irías porque jugando allí no te da para vivir».

Juegan en diferentes categorías -desde Nené, en Primera, hasta la Segunda B- y solo Óscar ha permanecido desde que hizo las maletas en el mismo equipo en el que disputará su tercera temporada. Los cambios han sido al surgir oportunidades mejores, pero los cuatro se sienten afortunados. «Te dan un piso, no tienes que pagar ningún gasto, puedes vivir tranquilo haciendo algo que te gusta. No tiene comparación con España», señala Joni. En el caso de Morgade, además, estrena a niños en su club pensando en un futuro como técnico que también a sus compañeros les atrae.

Mientras Óscar y Nené comenzaron a jugar al fútbol sala de niños -«eu desde anano, cando daba os primeiros pasos xa xogaba, son un enfermo disto», confiesa Amoedo-, Mario y Jonny llegaron desde el fútbol. Hoy todos están convencidos de que el fútbol sala es lo suyo y por eso no han tenido problema en poner tierra de por medio. No sin pena porque el fútbol sala vigués no salga a flote. «Hay base para hacer algo bonito en Vigo, pero hay que apostar», apuntan.

La mayoría de sus excompañeros están en otros clubes y en el Bembrive veteranos como Pitu o Chelito han tenido que volver a jugar. «É digno de eloxio. Se a nós con 40 anos nos din de botar unha man, seguro que tamén iamos. O gusanillo, por moitos anos que telas, valo ter sempre», expone Nené. Pero de momento a ellos aún les queda tiempo por delante al máximo nivel. La vuelta a casa, de momento, solo por vacaciones.

«É dos deportes con máis licencias en Vigo, pero non se aposta por el»

Nené, Óscar, Jony y Mario se conocieron en el Bembrive de fútbol sala. Con ese equipo consiguieron logros con los que nadie contaba y que pensaron que les iban a llevar a conseguir el apoyo que siempre les había faltado. «Ata enchemos as Travesas contra o Barcelona, houbo posibilidades de ascender, pero por unhas razóns ou por outras, non se deu», lamenta.

Saben y agradecen que en el club había voluntad, directivos que ponían de su parte e incluso un presidente que «se levantaba a las cinco o a las seis de la mañana para preparar los bocadillos», pero llegó un momento en que no era suficiente. «Al principio tienes la alegría de la novedad, de conseguir cosas y que salga bien aunque requiera mucho esfuerzo. Pero luego te acomodas, la rutina no viene bien. Viajas, entrenas, cada vez peor porque hay menos gente. Y todo sin ningún estímulo ni recompensa», plantea Mario. Y Nené le refrenda: «Gústache xogar cos colegas, pero acabas necesitando algo máis».

Eso que se necesita, apunta Óscar no es otra cosa que «apoyo económico para poder crecer» como dicen haber crecido ellos a coste de irse fuera. «Intentar lo intentaron, pero no hubo manera», recuerda Joni. Y Mario cree que con la experiencia del Celta de fútbol sala «cogieron miedo».

Nené constata que «o fútbol sala é un dos deportes con máis licencias en Vigo, pero nin tendo a un campión como Pola que se criou nesta cidade, se aposta por el. Así non se pode facer nada», concluye.

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