Ayuda sarriana para los niños que viven en las calles de África

Uxía Carrera Fernández
UXÍA CARRERA SARRIA / LA VOZ

COOPERANTES

Miembros de Hospitaleros Sin Fronteras en Mbou, Senegal, con los niños talibés con los que colaboran
Miembros de Hospitaleros Sin Fronteras en Mbou, Senegal, con los niños talibés con los que colaboran

Dos albergueros fundaron la ONG Hospitaleros Sin Fronteras tras ver las condiciones en las que vivían

09 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Marta Cortiñas y Jose Mejías, gerentes del albergue A Pedra en Sarria, llevan diez años viajando a África, un continente del que se enamoraron y que les cambió la vida. Fue un vínculo recíproco, ya que una vez vieron las condiciones de vida de los niños talibés, los abandonados por sus padres, se aventuraron a ofrecerles toda la ayuda que tenían en sus manos. Diez años después, la solidaridad ya es a gran escala, a través de la ONG Hospitaleros Sin Fronteras, fundada en Sarria en el 2015. En la localidad lucense cuenta con 15 miembros, pero ya tiene socios y entidades asociadas por toda España. Lo que empezó como una recogida de lo que tenían a mano, ahora evolucionó hasta la entrega de 800 kilos de ropa a centenares de niños en Senegal.

«Me impactó ver a tantísimos niños mendigando por la calle», destaca Jose. Los talibés son pequeños abandonados por sus familias ante la imposibilidad de mantenerlos. En Senegal, donde actúa Hospitaleros Sin Fronteras, la mayor parte de los pequeños se encuentran en la zona costera y provienen del interior. Su familia los entrega a un marabú, un maestro del corán. Un solo profe se encarga de una gran cantidad de niños que duermen en casas en construcción y que viven en condiciones insalubres. De la mañana a la noche, se pasan el día mendigando con botes de plástico. Cuando Jose y Marta vieron la problemática en primera persona, decidieron dedicar la hucha de las propinas de su albergue a recolectar dinero para comprar material para los niños africanos. Cada año, llevaban medicamentos, comida y ropa ellos dos solos, con lo que los peregrinos iban dejando en la hucha. Hasta ahora, la mayor parte de la financiación de la ONG sigue siendo de los caminantes a su paso por Sarria o por las otras localidades colaboradoras. En el 2015, uno de los miembros actuales de la ONG, insistió en dar el paso para formalizarla.

«Hay que vivirlo»

Para entender una situación tan precaria, hay que vivirla. Por eso cada año, a los dos albergueros se fueron sumando más y más personas, tanto peregrinos como vecinos de Sarria. «Cuando alguien va por primera vez, Jose siempre los lleva al mercado de pescadores de Mbour. Esa mezcla de olores y el tumulto de gente no se puede explicar. Eso es África», cuenta Miguel. Aunque lo que todos resaltan de la experiencia es la hospitalidad de los niños. Muestra de ello es un carrito hecho con latas que un joven le regaló a Jose, era el único juguete que tenía. «Tienen necesidades pero se apoyan entre ellos . Son muy agradecidos», explica. Entablar relación con los talibés no es sencillo, pertenecen a «daaras» que pueden ser violentas y cuyos marabús no permiten el contacto con extranjeros. Jose cuenta que, por su propia cuenta, conoció a muchos y tan solo dos estuvieron dispuestos a colaborar. «Tenemos a Mohamed que tiene una mentalidad muy abierta y a partir de él conocimos a otro. Es muy complicado que te dejen enseñarle a los niños algo diferente al Corán». Hospitaleros Sin Fronteras cuenta con varios voluntarios en los poblados que dan clase de español y francés dos veces a la semana. Es la condición ofrecida a los marabús a cambio de darles alimento.

Abajo, Eva Pombo, una de las integrantes de la ONG con uno de los voluntarios que da clase, a la derecha
Abajo, Eva Pombo, una de las integrantes de la ONG con uno de los voluntarios que da clase, a la derecha

Alimento en el confinamiento

La asociación ha sido fundamental para los niños de Mbour durante este año. A pesar de que el coronavirus no ha tenido una incidencia muy alta en África, las restricciones han sido duras. Llevan confinados desde marzo y con toque de queda, por lo que la gran mayoría de locales permanecen cerrados y casi no hay movimiento. «Si no fuera por el dinero que les ofrecemos lo habrían tenido muy complicado», afirma uno de los miembros de la entidad, Miguel Ángel. Cualquier aportación es muy valiosa. «Con 200 euros al mes unas 80 personas tienen una comida caliente al día».

Reparto de alimentos de Hospitaleros Sin Fronteras
Reparto de alimentos de Hospitaleros Sin Fronteras

Actualmente, la ONG está trabajando en la construcción una casa de acogida en el poblado de Malicounda. El objetivo es que sea un centro multifuncional con comedor donde puedan impartir agricultura o carpintería. «Es increíble que desde un pueblo como Sarria tengamos esta cobertura», dice, orgulloso, Miguel Ángel.